Escritorios y escenarios | Manuela Vera

Nuevo Teatro Fronterizo, gracias por todo

Aún recuerdo cuando una corsetería en el barrio Lavapiés estaba empezando a convertirse en la sede del Nuevo Teatro Fronterizo. La primera vez que estuve allí, el local ni siquiera estaba separado en diferentes espacios, no había letrero, ni oficina, ni sala grande, ni pequeña. Y recuerdo a José y a Ana muy atareados recibiendo los materiales de construcción con los cuales remodelarían. Atareados e ilusionados. Era tanta la ilusión que se contagiaba. 

Al poco tiempo, y una vez finiquitada la nueva distribución espacial, La Corse se volvió uno de mis hogares, la empecé a frecuentar distintos días a la semana porque nuestro proyecto “Manodeobra Teatro” se hizo aliado del NTF y, en conjunto, empezamos a divulgar el teatro latinoamericano. Estábamos impulsados por una amistad cómplice que hoy trasciende el espacio y el tiempo, pero también por uno de los famosos “mantras” de José, aquel que estaba repitiendo cuando despertó de un sueño inquietante que acontecía en el mar y que dice algo así “hay que obligar a lo posible a que ocurra”. Y así lo hizo, pues construyó un espacio de investigación, creación y formación teatral a sus setenta y punta de años en una zona que, para ese entonces, se podía considerar un tanto marginal.  

Luego vinieron más proyectos, los talleres, las celebraciones, las charlas, los ensayos, las lecturas dramáticas, el colaboratorio, en fin, los estímulos, las provocaciones no paraban. Durante al menos cinco años fui testigo de cómo La Corse se fue transformando en un puerto por el que iban pasando seres humanos trabajadores y sensibles, amantes del teatro, que se detenían por algún rato a curiosear, aprender, investigar y crear sin ningún tapujo. Pocos podían evitar su poder de atracción. Después regresé a mi país.

Y a la Corse llegaban todos, sin exclusiones de raza, género o estrato social. Llegaban maestros del arte escénico y los que hasta ahora estaban empezando. Llegaba el académico, el actor famoso, el vecino del barrio, el despistado y llegábamos los extranjeros. Muchas personas fueron y vinieron, pero también hubo algunos que siempre permanecieron allí, el NTF prontamente se convirtió en una comunidad. Una comunidad que hoy está en duelo. 

Lamento profundamente el fin de este proyecto, es una noticia difícil de digerir. Con su ausencia perdemos todos, pierde la cultura, pierde el teatro, pierden las nuevas generaciones, aquellas que escucharán hablar del Nuevo Teatro Fronterizo como si fuera un mito o una leyenda. No obstante, estoy segura de que su legado trascenderá porque todos los que pasamos por ahí llevamos su genética y su alma en nuestro interior. Y yo gradezco profundamente el haber sido parte de esa comunidad entrañable que hoy rememoro con cariño y admiración. 

Gracias al Nuevo Teatro Fronterizo, gracias por alimentarnos, por hacernos crecer, gracias por todo.  

Sábado 23 de julio del 2022

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