Sud Aca Opina | Patricio Sancha

Pánico a la vejez

Tengo pánico a la vejez, Tengo pánico de que en mi futuro pueda olvidar mi pasado. Está lleno de frases para el bronce del tipo “quien no sabe de su pasado, malamente podrá imaginar su futuro” o “quien no sabe de dónde viene, tampoco sabrá donde va” o “quien no aprende de los errores de su pasado, está condenado a repetirlos” o “avanzar sin mirar atrás es la mejor receta para fracasar” o…
Nuestra existencia no es instantánea, sino que, así como nuestro cuerpo se desarrolla gracias a los nutrientes que la maquinaria físico química contenedora de nuestro ser físico material va procesando para transformarlos en músculos, huesos y tejidos varios, nuestro ser inmaterial, se va nutriendo de las experiencias vividas para ser lo que llega a ser en un momento determinado. Es por esto que la memoria, consciente, inconsciente, muscular u otra, es fundamental para definirnos como personas en un momento dado. Es por esto que tengo pánico del día en que comience a perder la memoria de todas mis vivencias pasadas, porque simplemente dejaré de ser quien soy, para transformarme en un ser carente de pasado, y por lo tanto, carente de un presente y por sobre todo, sin un futuro.
No afirmo esto desde la cómoda posición de un observador ajeno a la acción, sino de quien está viendo, y por sobre todo viviendo, el proceso de pérdida de memoria de un ser muy cercano.
Esa persona enérgica, de carácter decidido, hablar fuerte y poseedor de un reír capaz de contagiar alegría gratuita incluso a los de la galería, se ha ido apagando gradualmente.
Joven como para la expectativa de vida contemporánea, pero con un deterioro cerebral abismante. Alzheimer, demencia senil ¿Qué importa? El resultado es o sería el mismo; una pérdida de esos recuerdos que la definían como persona.
Dejó de conocer a sus seres queridos y su hija, la que tiene a cargo su cuidado, se transformó para ella en su mamá, la otra hija, esa con la que nunca pudo congeniar, es una absoluta desconocida y yo, he tenido que asumir el papel del doctor, para que no se quiere tomar los remedios que mantienen controlada su agresividad frente a lo que seguramente considera como un pago injusto para toda una vida de sacrificios.
Ella ya no es ella y se ha transformado en un bebé de 75 años, absolutamente dependiente de quienes alguna vez cuido y que ahora la cuidan a ella.
No es mi madre ni algún familiar de cuando yo era niño, por lo que puedo reflexionar al respecto desde mi relativa distancia. Sin embargo, para mi esposa, la que alguna vez fue su hija transformada ahora en madre de su madre, la carga emocional es devastadora y los daños colaterales son inevitable.
No tengo pánico a esa vejez que deteriorará inevitablemente mi cuerpo, llenándolo de arrugas, grasa en exceso, canas, reflejos más lentos y disminución de mis prestaciones musculares, sino a una vejez donde se pierden los recuerdos.
Creo que la única manera de minimizar e idealmente eliminar este pánico, es la de esforzarse en construir recuerdos de manera continua. No importa si estos se refieren a una gran aventura de caminata durante horas bajo la lluvia para llegar a un paisaje virgen de espectacular belleza o simplemente haber podido concretar una nueva receta de cocina.
Hacer para recordar y sin duda el pánico a la vejez desaparecerá.

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