Foro fugaz | Enrique Atonal

¡Por fin!

Ya, ya, ya se abre el mundo cultural en Francia, ¡ya era tiempo! Por fin podremos ir al teatro, al circo, al ballet, a los museos, a galerías, salir más tarde, ir al restorán… Tiene sus bemoles y limitaciones, pero todo estará abierto a partir de esta semana, prometen las autoridades. 

 

Sin embargo, el daño que ha causado a la creación este confinamiento es muy grande: actores que no actúan, bailarines que no van a la escena, cirqueros que han perdido rutinas y tal vez destreza, películas sin estrenar, exposiciones clausuradas, mucho talento frenado, jóvenes que tardarán más en desarrollar sus capacidades… Y lo que es peor, ¿cuánto público perdido? Porque la tentación de la pantalla, de quedarse en casa, de no invertir en cultura, será muy grande. Se ha perdido la noción del espacio compartido. Hay más: el temor se ha incubado en nuestros cerebros, y el regreso a espacios cerrados puede resultarnos difícil de aceptar; tenemos temor del contacto, pues el virus sigue circulando. 

Cuando los representantes del mundo cultural pidieron al gobierno que se abrieran teatros, cines, museos, la respuesta de las autoridades fue, «pero si reciben subvención», como si el problema fuera únicamente económico. Es extraordinario que se apoye económicamente a los creadores, pero como dicen los textos, «no solo de pan vive el hombre», falta lo esencial, el riesgo, la energía compartida, la palabra proferida, el movimiento, el contacto, el aplauso. Falta el impacto con el que la vida se estimula, la creación que se convierte en un camino, la comunión que une creadores y un público en apariencia estático, pero fuente de energía como una pila que mueve sueños. En estos meses hemos comprobado que crear es confrontar talentos, es acumulación de ideas, horas de trabajo conjunto. 

Insomnio creativo es lo que ha tenido Francia durante este año de confinamiento, porque las raquíticas aperturas solo estimularon la frustración y la pérdida. Yo vi cargar escenografías y pianos para un teatro cercano a mi casa, cuyas obras nunca pudieron realizarse. Los afiches quedaron como reliquias de lo que no fue, invitaciones que no culminaron, ruinas de un tiempo perdido. 

Ahora pidamos que pasado el primer impulso, cuando como niños queramos jugar con todos los juguetes a nuestro alcance, pasado ese momento jubilatorio, sigamos fieles al impulso, regresemos a la ceremonia, vayamos a circos, cines y teatros, avancemos en lo que será la creación de este siglo, porque hemos estado tan llenos de distracciones onanísticas, que puede faltarnos la vena creativa. Lo hemos visto en la historia cuando civilizaciones avanzadas perdieron la inspiración y la creatividad por cambios sociales radicales. 

Porque como se vio en los peores días del encierro, los grupos que usan Internet para difundirse tiene algún sentido, pero su desarrollo es limitado, como limitado es el espacio en el que finalmente se difunden; un rectángulo luminoso, que reemplaza a la realidad, o que es una realidad alterada. Sueño de un sueño que puede terminar en pesadilla, sin posibilidad de despertar, espectáculo en dos dimensiones reducidas. Otro lenguaje.

Esta veda cultural debe inspirarnos varios cambios, por lo menos en Francia, pues hay que tomar en cuenta nuevas tendencias en las programaciones. También debe resolver la reapertura de salas en horarios y con capacidades diversas. Porque si bien el 19 de mayo se da el banderazo de salida para las actividades, las restricciones son múltiples: cantidad de público, toque de queda, teatros ocupados por actores desempleados… 

Por eso, ¡a recuperar el espacio! ¡Proponer nuevos caminos! ¡Inspirar a la inspiración! La verdadera libertad es disciplinada. Por fin, recuperar las relaciones, el estar sentados uno junto a otro, a ver el sudor en la escena, y a reencontrar nuevos caminos de creación gracias a la conjugación de talentos. Ahí estamos, el futuro es nuestro, hemos sobrevivido. 

París, mayo de 2021

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