Críticas de espectáculos

SOS en un mundo donde gobiernan los océanos/Teatro El Zurdo

Kafka se lanza al mar

La imagen habitual que nos viene a la mente de la sensación de soledad es un hombre rodeado de la nada en un desierto. Pero, ¿quién ha visto realmente esa imagen alguna vez? Una pecera de bola con solo un pez, ésa es la imagen poética que emplea Teatro El Zurdo en «SOS en un mundo donde gobiernan los océanos» para simbolizar la soledad.

Las personas deambulamos alrededor de la pecera a más o menos distancia, a veces agitamos la superficie del agua para inquietar al pez, pero no hacemos más por él, si acaso, nos acercamos a mirarlo y quizá él nos vea una enorme nariz; después, nos alejamos y allí queda él, sólo él, solo. Es el caso de Grozdan Aleksandrov Drozdan «Tozo» que toca todos los días su acordeón en la plaza de Ópera de Madrid.

Primero surgió la Pangea que se fragmentó en continentes. Después, los hombres se lanzaron al mar en busca de sí mismos o de su libertad. Desde entonces, los océanos gobiernan un mundo donde el ser humano está a mereced de las corrientes. En «SOS en un mundo donde gobiernan los océanos», un texto de Luis Crespo, Xosé Muíños y Félix Estaire con la colaboración de José Ramón Fernández, se narra la epopeya de Tozo, un músico búlgaro al que las corrientes del mar le trajeron hasta esta orilla.

Sin embargo, la resaca de la playa le vapulea una y otra vez. Encuentra a un amigo, Miguel, que intenta echarle una mano para conseguir una ayuda que le permita sobrevivir. El teléfono con cita previa: «si es para consulta pulse la tecla…, si es para ayuda con hijos pulse…, si es para ayuda de…» Un lío con el contestador. Ya en la oficina, una y mil preguntas, algunas de difícil respuesta a pesar de la amabilidad del empleado que tiene que completar el formulario que le marca el ordenador. Tozo, desesperado, «si no me ayudar, yo morir».

Kafka está en Tozo, y también en la joven soltera que quiere adoptar una criatura para lo cual ha de sufrir la humillación de unas preguntas crueles y capciosas. – «¿Tiene algún familiar, padre, madre, hermanos, tíos…?» –»No, tengo amigos». –»Mi ordenador solo entiende de casillas y no tiene la casilla de tener amigos». Kafka está en el cura de la parroquia que, por una parte argumenta como institución, y por otra se siente un obrero de la Iglesia; no puede atender el comedor social de la gente necesitada porque le exigen pagar el IBI por el salón donde atiende a los pobres. Sus discursos y su mente caen en contradicción.

Los autores de «SOS en un mundo…» han escrito un hermoso texto poético, lleno de significados y ramificaciones, pero a la vez, es un texto duro, con razonamientos y personajes tomados de la mísera realidad. El texto descubre una sociedad urbana imperfecta en cuanto grupo social. Tozo vivía bien con el sistema comunista búlgaro, tenía lo suficiente para vivir –tenía coche, casa, un huerto, trabajo–, pero no podía salir del país; aquí, con el capitalismo, tiene libertad pero no puede cubrir sus necesidades básicas. Y, en otro sentido, el texto descubre a unos seres de carne y hueso, con sus debilidades, sus contradicciones, sus dudas, con sus anhelos de cariño, con sus ganas de agradar a los demás, describe a unos individuos cargados de humanidad.

Desde el punto de vista escénico, Luis Crespo ha realizado un montaje épico y poético muy inteligente acorde con el texto. Alternan las escenas narrativas con las escenificaciones sin rupturas aparentes pero saltando de personajes y situaciones con absoluta fluidez. En este sentido, la puesta en escena juega un tanto al despiste con el espectador. Salta del naturalismo a lirismo más sutil, de la parodia a la tragedia, de la descripción a la magia, de la aspereza dramática de un interrogatorio desgarrador a la distensión de un juego parateatral.

Luis Crespo ha contado para este proyecto de Teatro El Zurdo con un elenco que aporta contrastes tanto en la voz como en la introspección sicológica de los personajes. Hay un sencillo pero excelente trabajo corporal para, a manera de danza, describir poéticas acuáticas, festivas y entrópicas o de desorganización.

Las músicas, los sonidos, al igual que las proyecciones tomadas en vivo, conforman un complemento emocional que matizan el universo kafkiano lleno de inseguridades, contradicciones, desasosiegos y laberintos de nuestra sociedad.

«SOS en un mundo donde gobiernan los océanos» aporta una necesaria reflexión seria, profunda y atractiva acerca de la soledad del ser humano que nadando a contracorriente, encuentra obstáculos absurdos, mil trampas que esquivar, infinidad de contrariedades –propias y ajenas– que superar. Teatro El Zurdo, nuevamente, pone ante el espectador un trabajo que remueve nuestras conciencias con un estilo ágil, entretenido y perspicaz.

«Cada vez que vea un músico tocando en la calle un acordeón me acordaré de ti, Tozo (…) Ya sé que no se puede vaciar el mar pero te prometo que no dejaré de intentarlo».

Al finalizar la función del segundo día el espíritu de Kafka seguía allí porque, inopinadamente, la pecera cayó al suelo y se rompió.

Manuel Sesma Sanz

Espectáculo: SOS en un mundo donde gobiernan los océanos. Autores: Luis Crespo, Xosé Muíños y Félix Estaire. Reparto: Grozdan Aleksandrov Drozdan «Tozo», Daniel Martos, Fernando Otero, Ángela Páez y Rafael Rojas. Músicos: Nando Lago y Matteo Carrus. Escenografía y vestuario: Mónica Boromello. Iluminación: Víctor Cadenas. Movimiento: Markos Marín. Dirección: Luis Crespo. Compañía Teatro El Zurdo. Sala Triángulo de Madrid, sábados y domingos hasta el 29 de julio.

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