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Angélica Liddell
“Algunas obras me surgen de una
intensa necesidad interior de
confesar una experiencia personal”
Este encuentro con Angélica Liddell se produce en nuestra redacción de Bilbao, en la Librería Yorick, a los pocos días de que esta mujer de teatro haya sido galardonada con el Premio Valle Inclán que patrocina la revista El Cultural del periódico El Mundo, dotado con cincuenta mil euros, por su obra ‘El año de Ricardo’, que se presentó en el Teatro Valle Inclán del Centro Dramático Nacional en la plaza de Lavapiés de Madrid, obra que ha sido editada por Artezblai en un volumen titulado. ‘Trilogía. Actos de resistencia contra la muerte’. Estaba en Bilbao para actuar en la sala La Fundición con su obra ‘Boxeo para células y planetas’, y a pocos días de que aparezca en la misma colección, ‘Belgrado. Canta lengua el misterio del cuerpo glorioso’ la obra que fue accésit del Premio Lope de Vega de 2007. Con todo esto se quiere dejar constancia de un ambiente concreto que fue impregnando la entrevista.
¿Cómo empezó todo?
Yo no sé por que razón, nunca sabe uno sobre los orígenes de las cosas, nunca es capaz de tenerlos claro, pero la verdad es que a mi me gustaba mucho dialogar con Dios. Yo estudiaba en colegios de monjas y mantenía unos diálogos con Dios a diario y por las noches hablaba con Dios, me hacía entrevistas y yo le contestaba. Además tenía un evidente deseo por los milagros, para que me ocurrieran cosas fantásticas y metía manzanas en el agua bendita para ver qué sucedía, si pasaban cosas extraordinarias. Pero esos diálogos con Dios tuvieron después sus frutos porque mi primera manera de expresarme fue cuando tenía quince años y escribía unas obras que eran unos melodramas de ciento y pico páginas y me empecé a expresar mediante diálogos, y parece que aquellos diálogos místicos tuvieron mucho que ver, porque era la forma en la que yo me sentía más cómoda. O sea el teatro surge de mí a través de la palabra.
¿Es en pleno colegio donde empiezas a montar obras teatrales?
Bueno uno reniega de todo lo que hizo, pero yo decido hacer compañía cuando acabo mis estudios en la Resad (Real Escuela Superior de Arte Dramático), que me pareció algo detestable.
Ya, ¿pero cómo decides ir a la Resad? Me imagino que no sales de las monjas y te apuntas a la Resad, ¿no?
Claro, hay una vocación. Yo soy vocacional como las monjas. Yo soy de las de vocación de toda la vida. Llego a Madrid muy joven, con diecisiete años, cuando el boom de los grupos en los centros culturales y busco un grupo para hacer teatro, en compañías aficionadas y acabo matriculándome en la Resad. Aparte sigo estudiando mi carrera de sicología, porque entonces no estaba tan bien visto estudiar teatro, éramos cuatro chalados, sin tantas ambiciones como ahora. Y entré en la Resad cuando la escuela estaba en el Teatro Real, donde convivíamos allí todos, bailarines, músicos, en un edifico que amenazaba ruina. Después ya nos desplazamos a la plaza de Ramales.
¿Cómo recuerdas esos años de estudios?
En la Resad empecé a odiar el teatro, me ha parecido siempre una reserva de la mediocridad. Aniquiló del plan de estudios a la gente que estaba haciendo lo mejor, lo más nuevo, a gente como Rodrigo García o Carlos Marquerie, por poner unos ejemplos, los que hacían propuestas más innovadoras. Los sacaron de un plumazo, y no los han incluido todavía como referentes y muchos de los alumnos todavía no se han enterado ni los conocen.
Pero ¿existían o existen otras referencias más asimiladas?
Los estudiantes ni los conocían ni eran referencias artísticas. Y te encuentras con una mediocridad absoluta y unas imitaciones de lo que debe ser el teatro. Así de crudo, lo que debe ser. Yo estudié con Jorge Eines, y aquello acabó como el rosario de la aurora. Tuve otros profesores, pero tampoco acabaron por interesarme. Pero bueno, lo que pasa es que yo detesto el teatro. Y ahí se incluye la Resad y se incluyen muchas cosas. Mira, deberían pagarnos a gente como yo para que hablásemos mal de la Resad. La gente vive en la autocomplacencia y en el autobombo.
¿Tienes alguna relación actual con la Resad?
Yo la Resad la conozco por la gente que ha estado allí, y siguen esa línea. Eso es un corralito. La plataforma perfecta para los trepas. Están más preocupados por las estrategias que por la propia obra. Son los depredadores. Gente que salen de allí con aires depredadores. Y no quisiera que se entendiera como nada personal, pero resulta que tengo una facilidad especial para ver las podredumbres de las cosas, es una especie de tara.
¿Terminaste los estudios de la Resad?
Suspendí interpretación. Volví en setiembre, y lo dejé, pero continuaba estudiando sicología que sí la acabé.
¿Por qué alguien opta por una vía no convencional?
Yo me empezaba a dar cuenta de que si tú no montabas tu propia compañía era imposible existir como dramaturga. Dependes de unos textos que deben ponerse en las manos de unos directores que no te gustan. Y es un intento de sobrevivir a un sistema que sabes que no te va a apoyar. Hicimos un grupo y siempre me planteé la creación escénica como un hecho que incluía la autoría total, pero no como una pretensión, sino como una manera de entender la creación. No es que quisiera acaparar todo, sino que desde el principio, de manera natural, fue saliendo así. Eran cosas que iban pasando, que mientras iba escribiendo el texto, aparecía el vestido y el vestido modificaba el texto, y así sucesivamente.
¿Quién, qué, te hace buscar en otras formas expresivas, en otros lenguajes? ¿Dónde te inspiras, cuándo te salta esa chispa? Resumiendo, ¿quién te influyó más?
Siempre he sentido una gran atracción por la plástica y las artes con A mayúscula. Más que por la cultura, por las artes. Entonces, está este gusto por creadores singulares de todas las épocas, como mi admiración por el renacimiento italiano, o que siempre he visitado los museos, de siempre, disfrutando siempre, desde pequeña, con Veláz que o con Goya y eso ha sido un punto de referencia fundamental para optar por esas cosas que no estaban incluidas en la expresión dramática en la escuela donde el arte estaba excluido, a excepción de las clases de Lurdes Ortiz. Y ahora creo que fue ella la persona de la que más aprendí, la que más influyó en mi posterior desarrollo, la que más fortaleza, más instrucción me dio para seguir mi propio camino.
Actriz, directora y dramaturga, ¿cómo vives los diferentes procesos?
Es un único proceso. Y además desde siempre ha sido así. Una cosa va transformando la otra y cuando he intentado saltarme ese proceso de alguna manera, lo he notado. Si he encargado un vestuario, ha habido una especie de vacío con el que no he trabajado a gusto. Es el mismo proceso, como el pintor frente al lienzo. Voy haciendo todo al mismo tiempo, va interactuando una cosa con la otra.
Pero tú también escribes textos de autora, como dramaturga exclusivamente.
Sí es cierto, hay veces que escribo sin pensar en la puesta en escena, pero después si la pongo en pie, se transforma.
Cuando colocas la palabra fin a un texto, si después lo pones tú misma en escena, ¿te respetas o sigues escribiéndolo en los ensayos?
Yo soy capaz de destrozarlo, y diría que lo mejor sería destruirlo. Y no por corrección, que esa es una de mis obsesiones. Estaría siempre corrigiendo los textos, siempre. Es horrible no saber cuándo la has acabado. Pero tomas una obra que la has acabado como escritor, y como yo dejo mucho espacio para el error, todo es susceptible de modificarse y modificar a las otras cosas. Es hermoso que las cosas se destruyan. Es una enfermedad creativa, estar siempre infectado. Crear y destruir para volver a crear.
Alfonso Sastre me contó que a él las obras le venían teniendo “una ocurrencia” sobre algo cotidiano, una noticia, un concepto, al que él le veía otro desarrollo que el habitual, ¿cuál es tu punto de arranque para escribir un texto?
Hay muchas maneras de arrancar. Una obra arranca de una foto, otras surgen de una intensa necesidad interior de confesar una experiencia personal. No como catarsis, porque yo no creo que exista la sanación, sino como una manera de utilizarme como basura. Algo que cada vez me sucede más, que me utilizo como si fuera una basura con la que puedo yo trabajar. Yo diría que casi nunca surge de una anécdota, ni de una situación vivida. Belgrado, surge porque no me di cuenta de la guerra de los Balcanes, de hacerla pasar por mi memoria o comprensión y me negaba a que eso quedara fuera de una especie de memoria especial, y la quise hacer pasar por el pensamiento, por mi experiencia individual, y surge de aspectos más filosóficos.
¿Por qué utilizando un lenguaje muy directo, en ocasiones populista, siempre introduces referencias cultistas, filosóficas, musicales, de los clásicos del pensamiento?
Porque me gusta trabajar con ese tipo de contradicciones, siempre me ha interesado el conflicto clásico de la escena; yo lo traslado a una batalla entre objetos, entre conceptos, entre lenguajes. Me interesan esas tensiones entre la palabra soez y lo filosófico, eso corresponde al concepto más aristotélico y antiguo, establecer no solamente tensiones respecto al argumento sino en todo momento y en y con todos los elementos, y me interesa trabajar en esas contradicciones. Nunca evito contradecirme.
Has mencionado a Aristóteles y hay ahora corrientes que están muy en desacuerdo con sus teorías.
Bueno hay referencias clásicas que se utilizan respecto a tu manera de ver las cosas, lo que importa es como lo asimilas. Asumo la parte de tradición y de vanguardia que me corresponde. Yo me considero en muchos aspectos, una antigua.
¿Reconoces en tus obras una línea identitaria, una manera de estructurar, unos temas, un uso del lenguaje, unas obsesiones, algo que sea característico de tu escritura?
Pues el odio. La ira. No sé, cuando uno tiene ganas de morirse tantas veces es que no tiene ganas de estar en ningún sitio, es que ves solamente la parte podrida y nefasta de las cosas y eso no es nada agradable y hay que trabajar con la angustia que te provoca todo esto, ¿nihilismo? Para Schopenhauer, la desdicha humana es la norma. Si lo admites, entonces todo se tiene que ver con una mirada pesimista del mundo.
Pesimista, pero la vida son muchas más cosas
Sí, cada uno tiene una búsqueda individual de la felicidad, y tienes que hacerla compatible con una visión del mundo que es irrevocable, que es una visión oscura, pero también es verdad que la vida se compone de momentos más o menos. Intentaremos ser felices en la medida de que uno no puede ser feliz
¿Has visto alguno de tus textos representado por otros?
Sí.
¿Y qué? ¿Maldijiste a quien lo puso en pie o a quien lo escribió?
A los dos. He visto solamente uno, Blancanieves (Y como se pudrió... Blancanieves) en Chile. En Francia vi una lectura dramatizada. Y en Chile lo que pasó es que lo que hablábamos antes de la diferencia de lo que es escribir un texto dramático como texto o en el caso de Blancanieves que lo escribo para ponerlo en escena al mismo tiempo. Cuando lo veo se me queda insuficiente en el momento que alguien lo usa, que la puesta en escena lo completa con imágenes y acciones, y al verlo, lo veo desprotegido, y además lo habían entendido erróneamente porque habían hecho una comedia con los niños de la guerra y eso no lo entendí.
Por cierto, sea cual sea el punto de referencia, lo que parece bastante claro es que en los premios siempre encuentras buen reconocimiento en los jurados, ¿crees que escribes textos muy premiables o es que hay jurados con una clara sensibilidad hacia tu manera de escribir?
Juan Mayorga dice que soy una dramaturga poco premiable. Yo estoy muy sorprendida. Desde luego no escribo cosas fáciles, pero sí que han tenido buenos resultados en los premios. Ya sabes que hay mucha tendencia a crear grupos, generaciones, etcétera, ¿Tú te sientes caminar paralelamente con otros autores o directores?
¿Que si me siento dentro de una generación? A la fuerza, hay un generación y estamos metidos con las mismas influencias; pero a la fuerza. Yo prefiero ir a mi aire. No me considero dentro de ningún grupo. Son los demás los que se encargan de asociarnos. Son lenguajes muy distintos que están circulando a la vez. Son los demás los que necesitan hacer esas agrupaciones.
¿Es cierto que no conoces personalmente a Rodrigo García?
Es totalmente cierto.
¿Y decías que querías tener un hijo suyo?
Claro, era para acabar ya con tantas veces que te preguntan sobre el asunto, y ya vale. Yo admiro mucho a Rodrigo, pero no lo conozco personalmente y espero que algún día nos conozcamos.
Tengo la impresión de que a pesar de todas las televisiones, de todos los triunfitos, existen buena cantidad de actores, actrices, bailarines, dramaturgos, directoras bastante más preparadas, mejor formadas, que los que os precedieron, pero que el ruido y el sistema productivo no os ha dejado desarrollaros ni visualizaros, ¿qué opinas al respecto?
No sé si he entendido lo que preguntas o lo que dices.
Pues que hay más gente preparada en muchas disciplinas a la vez.
Yo sigo viendo que la gente sigue siendo absolutamente banal. Están mucho mejor preparados, pero, ¿para qué? ¿Para hacer esos cortometrajes espantosos? Estoy viendo que la preparación no los conduce a un lugar más interesante.
Me parece que estás en el momento más peligroso de tu vida. Te lo cuento. Acabas de estrenar con todos los honores en el Centro Dramático Nacional, y para colmo has recibido el Premio Valle Inclán, ya sabes que estos éxitos no se perdonan fácilmente, ¿verdad?
Seguramente ahora tengo que pasar por el descabezamiento. Pero bueno. a Atra Bilis, mi compañía, la han tratado bien y la han tratado mal. Siempre. Y supongo que hasta que no nos vean en la mierda de nuevo no pararán. Supongo que habrá mucha gente que querrá devolvernos a la nada.
¿Crees que puedes mantenerte con más fuerza ante todo lo que te pueda venir desde fuera?
Soy muy desconfiada. Nunca sabes qué están preparando para ti. Me dan mucho miedo, aunque luego te das cuenta de que también es destructiva la marginalidad. A mi me duele, que uno, por estar en el Centro Dramático Nacional sea entregarse. Me parece una reducción del pensamiento, porque si tu sigues haciendo tu obra, tus creaciones, sin doblegarte artísticamente no entregas nada. Al contrario. Aquí no hay naturalidad. Lo normal es que se trabaje en condiciones y lo anormal es que no se haga. Y aquí se entiende al revés. Aquí lo normal es estar sin las condiciones mínimas. No lo acabo de entender. Una de las características de la profesión es ese gusto por la humillación, como una estrategia perversa para aparecer como alternativo, como si eso fuera lo mejor. Y no, lo normal es trabajar en condiciones y hacer tu trabajo en las condiciones óptimas.
No sé, quizás sea una pregunta más idiota de lo normal, pero ¿crees que ha influido algo el que seas mujer en este momento de paridades, igualdades y otras cuotas para que sobresalgas de manera tan clara?
No. Sabes lo que pasa, que cuando llevas quince años trabajando, tampoco sales como una seta, es que hay todo un trabajo por detrás. No creo que haya sido azaroso, simplemente que llevas una trayectoria.
Yo te comprendo, pero ¿crees que mucha de la gente que asistía a la cena donde te dieron el Premio Valle-Inclán sabía quién eras y qué habías hecho?
No, seguramente que no, y nunca lo sabrán ni se interesarán. Algún día escribiré un monólogo del circo aquél, de la fauna aquella. Mira, en aquellos momentos tienes que hacer compatible varias cosas: el desprecio por algunas de aquellas gentes y decir, no, me lo merezco y además tiene una dotación de cincuenta mil euros que me los fundiré cuando pueda. ¿Y por qué no me lo puedo merecer yo y los demás sí? ¿Por que yo tengo que dar explicaciones sobre un premio del que los demás no tienen que darlas? ¿Por qué tengo que dar explicaciones constantemente porque estreno en el Centro Dramático, porque gano un premio o dos, porque me publican mis textos o porque he salido de la puta mierda alternativa? ¿Por qué tengo que dar explicaciones de cosas que no son un éxito porque en el teatro no hay normalmente éxitos, casi siempre son fracasos. ¿Por qué alguien que accede a ciertas cosas tiene que dar explicaciones y otros no las dan nunca? Hay gente que necesitamos estar justificando lo que hacemos. Pues se acabó. No me da la gana dar más explicaciones, ¿Por qué debemos estar siempre infravalorados, en la marginalidad? ¿Porque es lo que ellos han decidido? En Francia llegas a lo escenarios por el trabajo y porque lo valoran y lo reconocen. Aquí no, aquí hay que dar explicaciones por ganar el premio o por lo otro, como si estuviéramos robando.
Cuando te entregaron el Premio Valle Inclán escuché decir que si fueras coherente tendrías que romper el cheque.
Eso es lo que les hubiese gustado que hubiera hecho. Lo importante es coger este cheque, que es por El año de Ricardo. No, ¿Por qué no puedo ser feliz por recoger un premio al que yo no me he presentado?
¿Cambió algo en el proceso creativo al tener, supuestamente, todas las condiciones económicas, espaciales y artísticas para hacer tu obra en el CDN?
Sí, cambió, porque no las tuvimos. Efectivamente fuimos, fueron los actores que menos cobraron de todos los que han pasado por el Centro Dramático. Para conseguir que me rellenaran el panel de flores nos cortaban la calefacción. Fue una lucha con el presupuesto. De hecho hay un personaje en la obra (Perro muerto en tintorería. Los fuertes) que surge a causa de las infinitas discusiones con el equipo de producción. No se nos daba la confianza. Se compraban las cosas en los chinos, como nosotros. Mira, ni siquiera tengo las cajas para embalar la escenografía.
Pero, ¿estás satisfecha?
Para mi estos asuntos son la toma de la Bastilla, es ir poniendo guillotinas por ahí. Entrar en aquella cena del Premio Valle Inclán, es restaurar el derecho de muchos que no teníamos de estar en ciertos lugares públicos o recoger los reconocimientos. Vamos a tomar las bastillas. No hay que reclamar sólo el pan; hay que reclamar también el pastel.
¿Existe en Madrid el clima adecuado para que se haga un teatro de nuestros días, de vanguardia o como quieras llamarle o es el bastión del teatro comercial más rancio?
Ni siquiera es el teatro comercial que es malo. Lo que es rancio es el teatro supuestamente no comercial. La programación de Madrid a mí me parece toda igual, Ni siquiera se hace buen teatro comercial. Eso es como... Bueno me da pena llamar teatro a lo que hacen en ciertas salas. No veo la excepción por ningún sitio. Se intenta complacer a lo general, sea montando un Ibsen o un vodevil cualquiera.
¿Vas al teatro?
Poco muy poco. Y no tengo amigos, ni relaciones dentro del teatro, no me relaciono en el ambiente teatral, y por lo tanto, tampoco puedo decir mucho más.
¿Cómo te ha tratado la crítica a lo largo de estos años?
Depende. Desde hace unos años no las leo. Es verdad que me dicen ésta ha sido buena, la otra ha sido mala. Algunos se han ensañado. Hay gente que conoce mis trabajos desde el principio y eso es de agradecer, hayan hecho buenas o malas críticas, no como otros que sin ver los espectáculos se atreven a opinar.
¿Dónde encuentras los públicos más entregados, más comprensivos, más cómplices con tus propuestas?
Depende mucho de la pieza. Con los peces (Y los peces salieron a combatir contra las hombres), una obra que trataba la parte monstruosa de España, en Andalucía fue muy duro, porque eso de salir con la bandera de España hacer una mirada crítica no fue bien recibida. Pero bueno, tampoco hemos salido mucho. Bueno en Colombia fue muy bonito, espectacular.
¿Habéis actuado frente a públicos que no entiendan totalmente el idioma?
En Portugal lo hicimos subtitulado. Pero no, no hemos tenido la experiencia suficiente para poder tener una idea hecha.
¿Cómo ves la situación actual del teatro en Europa? Suponiendo que exista Europa, que exista algún común denominador en sus escenarios. Bueno, vamos a hacer el juego completo, cómo ves el teatro en España, en Europa, y en el mundo, y me refiero a cuestiones artísticas, tendencias, no a cuestiones de producción, subvención o distribución.
La verdad es que cada vez puedo opinar menos, porque ya te he dicho que cada vez voy menos al teatro.
Bueno y si quieres, puedes decirnos tu opinión sobre el sistema productivo, las redes, los compartimientos estancos, las supuestas mafias o grupos de presión, etcétera.
Paso, me cansan estas cosas.
Antes decíamos Teatro y todos nos entendíamos, ¿cómo debemos llamar a lo que se hace ahora sobre los escenarios y que sus propios autores no quieren definirlo?
Que el valor de una obra sea una mixtura o una mezcla de disciplinas no da valor, pero el teatro ha estado asociado a unas fórmulas tan..., me causa repelús utilizar la palabra teatro, me asusta.
¿Y cuál usas?
A mi me gusta llamarle arte, que suena a muy pretencioso, y no lo es. Es algo que viene de lejos, y yo lo siento así. A mí, teatro me da arcadas, lo utilizo, pero no me gusta mucho y cada vez menos.
Son más de quince años de camino, ¿has llegado a algún lugar que tenías previsto o imaginado?
Las cosas iban tan mal, tan mal, tan mal, tan mal; hemos estado tantas veces a punto de cerrar la casa, de acabar con la compañía, de pensar que era la última cosa que hacíamos, que no podía imaginar en tener una cierta estabilidad con el trabajo que tal vez empiece a partir de ahora. Las cosas iban realmente y sinceramente muy mal, y hay gente que lo está pasando muy mal, gente con mucha de-sesperación, a punto de dejarlo todo, porque no funcionan bien las cosas.
¿Cómo andamos de fuerzas para seguir con el mismo ímpetu?
Bien. Antes de meterme con otra producción que no sé con quién, ni cómo será, quiero dejar que pase un año y hacer funciones con los espectáculos que tenemos
¿Ya has pensado que harás a partir de los cincuenta?
Es eso, claro, hay que decidirse ya, pegarse un tiro o no pegárselo. Bueno, venga, a los cincuenta el Nobel. Ahora vamos a buscar esa meta.
¿Se puede cambiar el mundo desde el escenario?
En absoluto. En absoluto.
Y cambiar un poquito a algún espectador o espectadores.
Lo más que puedes hacer es generarles un conflicto para que cuestionen su manera de entender las cosas.
¿Piensas en un espectador tipo, o tu creas arte y quién lo vea que lo vea?
Que lo vea quien lo vea. Sabes que creas un público adicto, gente que te sigue siempre. Pero nunca sabes quién va a entrar por la puerta de un teatro. Ahora en Lavapiés para ver lo del CDN han entrado hasta punkis, chavales jóvenes que yo veía desde la ventana, y yo gritaba ¡que vienen los punkis! A veces los espectadores te sorprenden, te rompen las previsiones. Son imprevisibles.
¿Y por qué iban punkis?
Vete tú a saber. O las gentes con abrigo de visón. Y va y les gusta y te rompen los esquemas.
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