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Lun, May

Y no es coña | Carlos Gil

Hace unas décadas que se aseguraba que los porteros de fútbol eran guipuzcoanos, porque se formaban en los campeonatos menores en la playa. Y todavía no tenemos claro si mamá contestó con suficientemente claridad de dónde eran los cantores. En las últimas semanas, hemos tenido la oportunidad de hablar bastante sobre la actual autoría teatral, tanto por aquellas obras que alcanzan el escenario como por las que ganan premios. Este fin de semana hemos asistido a los actos para conocer el resultado de la trigésima séptima edición del Premi Born que organiza el Cercle Artístic de Ciutadella de Menorca, y ha vuelto a ser un tema recurrente.

Esta edición lo ha ganado una obra escrita en origen en gallego, traducida por el propio autor, Raúl Dans, al castellano. Llevaba el Premi Born unos años en los que eran autores catalanes quienes se hacían con el galardón. Incluso con obras presentadas en castellano. Se debe recordar que este premio, organizado por una entidad civil nacida en 1881, además de tener una dotación económica que lo convertían en el de mayor cuantía, desde hace unas ediciones se edita la obra ganadora en los cuatro idiomas oficiales del Estado español. Se pueden presentar obras escritas en castellano o catalán. Un ejemplo cultural. Lo mismo que es un ejemplo la disciplina con la que se funciona. Los jurados eligen la ganadora a ciegas. Y conocen el nombre del autor o autora, en el mismo momento que lo conoce la prensa. Un detalle de transparencia de la que doy fe.

El jurado es cambiante. Algunos miembros se mantiene durante algunas ediciones, pero se van renovando. Pero uno se pregunta, si la inmensa mayoría del jurado pertenece a diferentes estamentos del teatro catalán, ¿no se está inconscientemente primando una manera de escribir teatro? Perdonen la pregunta, pero estamos en un lunes gris.

Se me olvidaba señalar que el sistema de este premio es que existen unos lectores que de las ciento treinta obras presentadas, hacen una selección que son las que se leen los jurados. También elaboran unas fichas que pueden consultar los jurados y solicitar la lectura de alguna de las no seleccionadas por los lectores. Es un sistema como cualquier otro, pero se señala, para entender la complejidad de un premio, tan transparente como el que señalamos.

Pero si contemplamos el histórico de este premio, como el de muchos otros premios, sí podemos detectar escuelas, o talleres, o influencias. Parece lógico que un premio como el Born, en donde están obras en catalán, se note la magnífica huella de la Sala Beckett y su Obrador. Lo mismo que si se refiere uno al teatro en castellano, se note en los últimos años los que han pasado por la Resad, como que existe otra pléyade de autores que han pasado por los talleres de Fermín Cabal, y la caligrafía escénica de José Sanchis Sinisterra se nota en un número elevado de autores españoles y latinoamericanos.

Podemos encontrar muchas huellas, seguir estos trayectos, pero al final deberemos coincidir en que no se pueden establecer teorías, ni máximas. Este año de 2012, el Marqués de Bradomín y el Born, han sido ganados por dos autores gallegos. ¿Alguna concomitancia entre ellos, responden a un impulso general o a la casualidad? Yo diría que solamente hay una constante año tras año, y es que el jienense Tomás Afán gana como mínimo un premio, como el que hace un semana ganó en Extremadura. El resto es un buen tema de tertulia de sobremesa.