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Jue, May

negro & negro | Norka Chiapusso

El Estado de Alarma en España me recuerda a las fiestas de mi barrio cuando teníamos dieciocho años. Eran todo un ejercicio de buenismo. Durante todo el año, en el barrio había roces, piques, desavenencias, y tiranteces como mínimo. Cuando llegaban las fiestas, el barrio se convertía en un paraíso alcohólico transitorio de buenismo generalizado. Todo el mundo se invitaba, todos se abrazaban, se besaban, o nos besábamos y nos abrazábamos sin parar.  Eran ejercicios de acercamiento al otro que terminaban en el mismo momento que terminaban las fiestas.

 

El Estado de Alarma nos ha convertido en unos seres sensibles y sentimentales, que de repente, valoramos a todos los trabajadores sin distinción ninguna. Algunos de ellos convertidos en héroes por su vocación y determinación y por la inestimable ayuda de la incompetencia gubernamental que los ha puesto en grave riesgo por la falta de previsión en los equipos y en los materiales necesarios para encarar su labor con seguridad. Han fallado en lo más fácil. Porque la Covid19 es complicado pero prever una estrategia con tiempo y prever la adquisición de bienes materiales para los profesionales que están directamente en contacto con el virus, perdonen pero es básico. Conociendo el problema desde enero y con el antecedente de China.

Mientras, el pueblo llano a tragar y a la ruina. Y a terminar pagando el desastre generado. Porque donde no fallan es en montar unas campañas mediáticas impresionantes, de ideología única, con generales todos los días en televisión, todavía sin obispo. Con recortes en la movilidad, en las competencias de las autonomías, con un 155 encubierto y generalizado. Con recortes en el derecho al trabajo. Con recortes en las libertades individuales. Sánchez con su gobierno seudopodemita no se ha cortado un pelo en acaparar todo el poder. Lo primero que ha hecho es contratar una pila de “expertos”. ¿Para qué?  Para recortar y confinar, sí. ¿Han planificado la actuación a seguir? No.  ¿La improvisación está siendo la pauta empleada día a día? Sí. ¿Se han dejado llevar por el interés general? No. ¿Se están poniendo morados a poner multas? Sí.  ¿Tienen capacidad de gestión? No. ¿Han puesto dinero para paliar el caos económico? Ya veremos, ¿Ofrecen datos fiables y comparables? No. ¿Tienen credibilidad en el exterior? Ninguna.

¿Qué quedará después del coronavirus? Quedarán infinitas tragedias personales y quedarán infinidad de actos sublimes de solidaridad y compromisos con los demás. Quedará una nueva forma de relacionarse y de funcionar. Quedará una vida más individualista y más virtual porque hemos entrado de lleno y a toda velocidad en un funcionamiento “on line”. Quedará una Europa debilitada y a dos velocidades. Una Europa insolidaria e incapaz de tomar decisiones por el bien general, con ciudadanos de primera y de segunda. Quedará una ruina importante. Ya veremos dónde están los doscientos mil millones de euros en garantías del gobierno. Ya veremos cuántos ERTEs no son admitidos a trámite. Ya veremos quién acaba pagando la ruina de la pandemia más la incompetencia de algunos. Ya veremos el apoyo que hacen al final en el sector cultural y artístico. A la vez que anuncien en la televisión las medidas para reactivar la Cultura saquearán las cuentas forales y municipales como si desde ahí no se sujetara al sector. Ya veréis como en lugar de buscar fondos extras para inyectar solvencia y sostenibilidad en el mundo artístico, se dedicarán a contarnos el déficit, la falta de ingresos y a expoliar lo que quede de los presupuestos de este mismo año. No van a esperar ni al siguiente. Ya verán quien paga esta mierda. Mientras, ¡sigamos aplaudiendo e intentemos no mirar hacia la derecha! Porque ahí hace todavía mucho más frío. ¿No será nuestra clase política más peligrosa que cualquier virus?