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Dom, Sep

Sud Aca Opina | Patricio Sancha

¿Qué es la vida sino una gran mentira? Una falsa ilusión de lo que creemos que es o podría llegar a ser.

¿Pesimista?

¡No! Realista.

Claro que la palabra mentira, tiene una pésima reputación por, como dirían Lukas y Spielberg, haber estado por siempre ligada al lado obscuro de la fuerza. Suele ser asociada a conceptos negativos tales como traición, venganza, herir, chisme, mala intención...

Pero tratando de reivindicar un poco su rol fundamental en el desarrollo del hombre se podría decir en su defensa, que bien usada es de una gran utilidad benefactora.

Mentira es algo que no es real ¿y que son la fantasía y los sueños sino unas espectaculares mentiras de marca mayor?

Semántica pura, pero esto si es real.

No es la mentira en si lo que la puede hacer dañina, es el trasfondo, los motivos que impulsaron a tejer los argumentos para hacer de lo irreal una nueva realidad.

Quizás de las eternas mentiras con las cuales ha debido convivir desde sus orígenes el hombre, las más grandes son aquellas que tienen que ver con las religiones pues al basarse en planteamientos dogmáticos, que por dogmáticos son irrefutables, no existen verdaderos hechos que las avalen. Que se dice que vieron a alguien que vio cuando se dijo que dijeron, más que un complicado juego de palabras, no se puede tomar como la prueba de la existencia divina. Sin embargo las religiones son necesarias pues son la tabla de salvación para quienes no tienen esperanza y también como una alternativa a seguir cuando se llega a ese punto de inflexión donde se acaban las respuestas para las eternas preguntas del hombre; ¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos? ¿Adónde vamos?

Evitan la angustia de saber que llegado el día de la muerte, simplemente se bajaría el telón del olvido y se dejaría de ser y sentir. No más sufrimientos pero lo peor de todo es que también se acabarían las alegrías.

Como en todo lo que se refiere al que hacer humano no existen ni existirán jamás opiniones de consenso. La religión no es la excepción pues blandiendo la espada de la fe han sido demasiadas las muertes provocadas por hombres que en nombre de su dios, y haciendo una errada interpretación de los preceptos religiosos, han matado a demasiados semejantes.

Sin embargo, el arte, como la mayor expresión del sentimiento humano, se ha visto por siempre, fuertemente nutrido por la fe, produciendo obras de la mayor relevancia.

La maravillosa fantasía es otra mentira pues a todas luces es irreal en el momento en que se plantea. Julio Verne, un gran mentiroso, también puede ser considerado como un adelantado a su tiempo ya que utilizando su fantasía hecha literatura, de cierta manera predijo muchos acontecimientos e invenciones futuras que hace tiempo ya son parte de nuestro presente.

Las mentiras blancas que se dicen para no dañar y las omisiones que de cierto modo también son una mentira silenciosa, ¿Pueden ser consideradas dañinas?

De nuevo una gran pregunta a ser respondida en un rico debate pasadas las 23:00 horas y compartiendo más de una botella de vino.

Insisto, no es la mentira en si la dañina sino los motivos que la impulsaron y por supuesto la envergadura de la misma.

Por otro lado, ¿existe la verdad? Donde existan dos hombres existirán tres verdades diferentes por cuanto no existe esa utópica verdad única sino que es una construcción colectiva de un grupo social que comparte intereses en un momento acotado, dados sus conocimientos y como tal, es absolutamente dinámica.

Incluso la vida como verdad suprema admite cuestionamientos; ¿Cuándo empieza la vida? ¿Cuándo termina la vida? ¿Qué es vida? ¿Se puede crear vida?

A consciencia caigamos en el juego de algunas de esas mentiras que nos permiten vivir de mejor manera porque si no lo hacemos así, papa Noel no nos dejará más regalos en navidad, el conejo no les pagará a nuestros hijos por su primer diente bajo la almohada y del otro lado de la luna ya no seguirán viviendo nuestros sueños.