Sidebar

22
Dom, Sep

Mirada de Zebra | Borja Ruiz
Acabada tu etapa de formación, con tantas ideas, ilusiones y miedos acumulados detrás de ti, llega el momento de buscar un espacio donde verter lo aprendido. Y pronto tendrás que tomar una decisión importante: si deseas acceder al circuito amateur o profesional. Tal opción no es sólo una cuestión de compromiso y calidad. No es extraño ver propuestas amateur que demuestran un compromiso y una calidad que algunas profesionales no tienen. La decisión se relaciona más bien con el status material en el que deseas vivir. La rama profesional, salvo excepciones, aboca a una forma de vida por debajo del umbral de la comodidad económica. O dicho de otro modo: el teatro profesional es uno de los caminos más largos para colmar cualquier expectativa de riqueza material. Dedicándote en exclusiva a la escena podrás obtener un gran rédito canjeable en valores humanos, pero no esperes la solvencia monetaria que ofrecen otros oficios social y económicamente mejor remunerados. El llamado estado del bienestar es un estado que suena lejano en la profesión de la escena. Sin embargo, en el ámbito amateur la situación es diferente. Siendo la fuente de ingresos otra, podrás saciar tu proyección artística –eso sí, con menos tiempo y recursos– sin renunciar a ese bienvivir tan en boga que se mide sólo en términos materiales.

 

Te he expuesto dos opciones extremas, pero entre lo amateur y lo profesional hay también posibilidades intermedias que pueden darte una buena salida. Aquí habrás de poner en juego tu astucia para hallar un equilibrio entre el arte y el sustento. Aprender a hacer malabares con el tiempo y el dinero será entonces parte de tu rutina. No creo que haya ecuaciones matemáticas para resolver estas situaciones, la solución depende de las circunstancias y del instinto de cada uno.

 

Si guiado por ese temperamento que mezcla valentía e imprudencia, optas por la vía profesional, tienes que hacer otra elección fundamental: trabajar por libre o dentro de una compañía de teatro que defiende unos determinados valores éticos y estéticos. El hecho de trabajar por tu cuenta y riesgo, te obligará a abarcar todo el abanico del oficio actoral que va del teatro a lo audiovisual. Aquí probablemente la clave es no encasillarse y guardar el potencial para que no se te cierre ninguna puerta. En teatro prepárate para participar en espectáculos para adultos o para público familiar, de calle o de interior, y también para proyectos con criterios artísticos más flácidos como animaciones y otros servicios escénicos para eventos puntuales. Los trabajos en televisión y en cine generalmente permiten inyecciones económicas más consistentes y puntualmente son benditos salvavidas. Teleseries, películas y spots publicitarios pueden alimentar eficazmente tu imagen y tu bolsillo. Ahora bien, hay una norma no escrita que casi siempre juega en contra: el interés artístico pocas veces va acorde con el interés económico. Cuando lo uno es atractivo, lo otro no lo es, y viceversa. Si ambos intereses coinciden, es una excepción a celebrar. Por tanto para ser actor sin números rojos en la cuenta, debes preparar el estómago para tragar trabajos que no tienen ningún gusto artístico.

 

En caso de elegir integrarte en una compañía de teatro o crear una nueva, te darás cuenta de que el compromiso y la ideología que nutren la propuesta son tanto o más importantes que la estética que defiende. Esto es, la solidez y la proyección futura del trabajo colectivo dependen más del "cómo" se hace que del "qué" se hace. Desde una perspectiva más pragmática, una de las grandes dificultades es la financiación. Obtener una ayuda económica, bien en forma de subvención, bien en forma de coproducción es siempre difícil, y más aún cuando se empieza. Lo más aconsejable es por tanto comenzar con proyectos más pequeños y humildes que puedan ser auto-sufragados para evolucionar paulatinamente a proyectos más ambiciosos que tengan la posibilidad de ser respaldados por ayudas externas. En cualquier caso, sea cual sea el tamaño o la fuente financiera de la propuesta, el fundamento de un colectivo está en su manera de acometer el hecho artístico. Mima el proceso por encima de cualquier otra cosa.

 

El otro gran escollo está en la distribución de los espectáculos. Quienes programan, con valiosas excepciones, se mostrarán conservadores y huidizos ante las nuevas propuestas. Enfrentarte al permanente rechazo de tus proyectos, frecuentemente esgrimiendo razones sustentadas en prejuicios, y donde hay criterios más determinantes que el artístico, es una de las maneras más eficaces de minar tu resistencia e ilusión. A pesar de las dificultades, guarda la esperanza de que la calidad y el rigor, tarde o temprano, pueden abrirte hueco.

 

Como ves, la formación y la profesionalización en el arte escénico es un laberinto lleno de trampillas y falsas puertas, con múltiples itinerarios posibles y muy pocas salidas de éxito. Nadie sensato te aconsejaría que perdieses el tiempo en el empeño. Y sin embargo, algo tendrá este arte para que ante tanto impedimento algunos sigamos obstinados en vivir y disfrutar con ello. Algo tendrá. Algo.