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Lun, May

Y no es coña | Carlos Gil

De nuevo Almería. De nuevo sus Jornadas de Teatro del Siglo de Oro. Treinta y una edición, superando vientos, marejadas, tormentas, a punto del naufragio, pero aquí estamos, asistiendo a otras sesiones de su recuperado ciclo de conferencias sobre el teatro que anuncia su convocatoria. Otra ocasión de ver, saludar y sobre todo escuchar las comunicaciones de nuestros más queridos frikis, los filólogos teatristas, capaces de saberse fragmentos de decenas o cientos de obras del teatro áureo, de conocer vidas y milagros de los autores más reconocidos y los más ignorados, de explicar con amenidad las circunstancias de la organización teatral de la época pero con una profundidad en sus apreciaciones filológicas que nos reconfortan.

Es decir, vamos a Almería a aprender, a escuchar los avances en las investigaciones, y algo muy importante, mucho, a debatir, discutir sobre el valor del teatro clásico español en nuestros días. O dicho de otra forma, de las maneras en las que se puede afrontar ese teatro hoy en día. De muchos es conocida mi postura en la que reclamo un punto de vista. Ni una revisión, ni una "traición" a los mensajes transmitidos por esas obras, sino a que se hagan adoptando una mirada crítica, porque transmitir sin más, aquella ideología tan retrógrada, tan machista, violenta y fundamentalista en lo religioso puede ser aceptar sin más sus proclamas. No hay manera de llegar a acuerdos, porque se trata de conversaciones informales, pero por lo menos se debate, se escucha, se rebate, especialmente en el terreno estrictamente teatral, y eso se agradece.

Es decir, el equipo de dirección y gestión de estas Jornadas se ha ido renovando. La crisis ha intervenido, pero la constancia, la sensatez, el saber de un grupo de amantes del teatro en general, pero específicamente del teatro clásico español, y en concreto de estas jornadas, han conseguido la continuidad. Las instituciones locales, regionales, estatales han sostenido de manera irregular estas jornadas. Las entidades de ahorro han huido a otros negocios. Pero estamos ante una realidad excepcional, un oasis en un desierto cultural y teatral, una cita para volver a considerar el valor actual del teatro clásico, el del siglo de oro, en su relación con los nuevos públicos. La asistencia de estudiantes a la parte académica, el nivel de las comunicaciones, esa sensación de familia que desde sus cátedras o departamentos por todo el mundo van manteniendo un alto nivel de estudio y de investigación sobre esa realidad, desde lo que fue, a lo que se ha conservado y lo que es y debe o puede ser en el futuro.

Mantendremos nuestra postura crítica ante una manera museística y plana de poner estos textos en escena. Seguiremos proclamando nuestra idea de que se debe actuar de manera libre con estos textos. Pedro Víllora dio una conferencia sobre su experiencia como adaptador o versionador de textos clásicos, con el que coincidimos al noventa por ciento en cuanto a lo fundamental de sus posiciones técnicas y teatrales pero tenemos dudas sobre la posibilidad de reconducir el mensaje final. En estas jornadas hemos visto dos maneras a las que juzgamos desde lo teatral y con el soporte de nuestra idea general: una excelente, La estrella de Sevilla de Lope de Vega con versión y dirección de Alfonso Zurro, excelente propuesta actual presentada por la compañía Teatro Clásico de Sevilla; y otra infame, insultante, "Coloquios de perros", de Cervantes en producción de Joglars y la Compañía Nacional de Teatro Clásico con dramaturgia de Albert Boadella y dirección de Ramon Fontseré, desmerecedora del autor de origen y de la historia tanto de la compañía institucional como de Joglars.

Estas primaveras almerienses, desde hace unos cuantos años son mi conexión más intensiva con el mundo del clásico español. Me viene muy bien. Por la amabilidad de los quipos de dirección, porque me ayuda a realizar un esfuerzo de acercamiento y reflexión sobre este teatro del que venimos inexorablemente y de paso volver a pensar sobre su virtualidad actual. Casi nada. Muchas gracias a todos.