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Lun, Sep

Y no es coña | Carlos Gil

Parece que ha pasado un siglo, pero en apenas cinco semanas y media, he tenido la ocasión de sumergirme en el proceso final de creación de una obra mía, "Flores ácidas", cuyo estreno absoluto se produjo el 5 de agosto en la sala Azucena Carmona del Teatro Real de Córdoba (Argentina) y que sigue durante todos los viernes y sábados de este mes de agosto allí, asistir entre medias al estreno de "El puerto de los cristales rotos" de Patricia Suárez y Mario Ernesto Sánchez en el Festival Internacional de Teatro Hispano de Miami, participar de manera activa en Experimenta 16, el Festival Internacional de teatro de grupo que organiza El Rayo Misterioso en Rosario, y escribir esta homilía desde Buenos Aires donde ayer domingo vi una curiosa y conmovedora obra "Todas las cosas del mundo" de Diego Manso, dirigida de manera espléndida por Ruben Szuchmacher en el Teatro Payro con un magnífico reparto y tener para hoy lunes 15 cita con Paco y Eusebio de La Zaranda por un lado y con Fernando Bernués por otro, porque están con obra en la magnífica cartelera bonaerense.

Muchas cosas han sucedido en estas semanas. De esas que van dejando huella. Inmerso, como siempre, en un mundo teatral absorbente, participativo, exigente. Descubriendo otras maneras de producir, recordando lo que significa la independencia en el terreno teatral, o sea el hacerlo todo a pulmón, sin ayudas de ningún tipo, pero con una entrega y una solvencia profesional por encima de cualquier contingencia. Ver otras realidades, otras tonalidades, otros enfoques de la propia profesión.

En Rosario, de nuevo un encuentro con hacedores de revistas especializadas y con críticos, me coloca ante la posibilidad real de situar el auténtico valor de lo que uno hace, en comparación con lo que en un territorio tan fértil teatralmente como es Argentina hacen desde lo institucional o académico, desde las vinculaciones con gremios o grupos o desde la más solitaria independencia. Y todos tendemos a pensar que lo de los otros es mejor, y no siempre es así. La situación de las artes escénicas en el Estado español en comparación con Europa es penosa, pero si la compramos con Iberoamérica podemos detectar alguna diferencia positiva a nuestro favor.

No hablo de calidades, ni de propuestas artísticas, sino de estructuras y entramados de ayudas que apoyen esos desarrollos. Las diferencias entre lo institucional o estatal, lo comercial y lo independiente se produce en Argentina con brechas más grandes. Los argentinos tienen a favor una tejido social de apoyo, públicos a los que le interesa realmente el teatro. Ayer mismo un domingo de un largo puente aquí también, la sala donde vi la obra de Diego Manso estaba prácticamente llena y lo que más me alienta, con públicos de diferentes generaciones, desde jóvenes parejas, hasta ancianos. Y eso es un hecho que he vivido también en Córdoba y en Rosario. En el Estado español y en la parte de Europa que frecuento, parece que los públicos son mayoritariamente de 35 años para arriba, muy para arriba.-

Mañana martes dejo Argentina, vuelvo a mi casa, vuelvo a mi rutina. Con ganas de volver, pero con una carga nostálgica por lo que dejo atrás que me tiene convulso. Todo ha sido muy rápido, muy intenso, se estrenó la obra, se hizo en Experimenta, volvió a su placenta, donde nació, se llena la sala con públicos diversos, hay retorno inmediato porque los espectadores hablan, felicitan, abrazan. Hay desmontajes en vivo y en caliente, uno siente el pálpito de lo hecho al instante. No puedo hoy hacer otra cosa que recordar estos momentos, de agradecer a todas las compañeras del Grupo Damas con las que hicimos la obra, al Teatro Real por permitirnos el lujo de ensayar en la misma sala donde estrenamos, a Experimenta por apostar al programarla, a quienes la aplaudieron, a los que nos regalaron sus críticas con amor y sabiduría. En Rosario coincidí con Etelvino Vázquez, vi su Yerma, disfrute de su sabiduría.

Me siento un poco sonado, descubriendo palcas invisibles donde debería poner, aquí el día tal de agosto de 2016 tomé unas empanadas con fulanito. Aquí soñé un montaje con zutanita. Teatro que teatra, que ata, que alimenta, que une, que supera dificultades. Lo demás es melancolía. Aumenta hasta el infinito mi compromiso con las artes escénicas y todos sus moradores activos y pasivos.