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08
Dom, Dic

Velaí! Voici! | Afonso Becerra

A estas alturas ya sabemos que la mirada no se produce en los ojos, sino en el cerebro. Y también somos conscientes de que cada quien tiene la cabeza como la tiene. Así que hay tantas miradas como cabezas y ninguna coincide exactamente en lo mismo.

 

El teatro, desde su propia etimología, tiene que ver con la mirada. Jaume Melendres nos hablaba, en sus clases de teoría dramática, del teatro como una especie de máquina óptica.

Podríamos concebir la dramaturgia, en ese trabajo con la acción para darle forma, igual que la metalurgia trabaja el metal para darle forma y componer con él, como un trabajar la composición de las acciones escénicas de cara a manipular o dar forma a esa máquina óptica.

Estamos comenzando el curso académico 2019/2020. Entro en las aulas de dramaturgia con el nuevo alumnado de la especialidad de Dirección escénica y dramaturgia, en la ESAD de Galicia. Me preocupa la desinformación general del alumnado en materia de artes escénicas. Les digo que es necesario ir adquiriendo una cultura teatral, para aprender. Para eso hay que ir a los teatros.

Estamos en Vigo, se acerca el fin de semana del 20, 21 y 22 de septiembre y en la ciudad olívica, la más poblada de Galicia, el único teatro con programación este penúltimo fin de semana de septiembre es la Sala Ártika.

Estaba programada la pieza titulada ¡Ay! ¡Ya! de Macarena Recuerda Shepherd. Yo ya había visto algún trabajo de Macarena, en el desaparecido festival ALT de Vigo y en el Teatro Ensalle, y sabía que se trataba de una propuesta interesante, sobre todo para este nuevo alumnado, que viene con unas ideas muy restringidas de lo que es la dramaturgia.

Pues bien, les recomiendo que vayan a ver el espectáculo. A la semana siguiente les pregunto qué tal y me dicen que les gustó, pero uno de los alumnos, me dice que no entiende que ese espectáculo tenga algo que ver con la dramaturgia.

O sea, si el espectáculo no habla, o si no se habla en el espectáculo, ¿ya no tiene dramaturgia?

Si el espectáculo no representa una historia con unos personajes que podamos reconocer, entonces ese espectáculo ¿ya no tiene una dramaturgia?

Velahí una de las limitaciones, en el concepto de teatro, que alguna gente padece. Una vez más, la mirada. Miran el teatro desde un modelo mimético, que representa historias, y no se dan cuenta que esa es solo una de las opciones posibles en el arte del teatro.

¡Ay! ¡Ya! de Macarena Recuerda Shepherd es un buen ejemplo de un teatro, próximo a la performance, en el cual la dramaturgia trabaja con acciones escénicas, principalmente corporales y visuales, en la utilización del vestuario y de las posiciones del cuerpo, para jugar con nuestra mirada. Las dos actrices de esta pieza, Macarena e Iduree Azkue, transitan por una partitura de acciones que es, literalmente, una máquina óptica. Pero, en este caso, la máquina óptica no está puesta al servicio de la representación de una historia, sino que adquiere su propia coherencia en la recurrencia a figuras relacionadas con la alteración de la fisonomía real de las actrices.

La dramaturgia, como señalaba al comienzo, es el trabajo con las acciones para darles forma y un sentido, aunque no tengan un significado. El significado es un constructo muy ligado a la palabra, al logos, a nuestra capacidad intelectiva para definir y para encontrar respuestas a los porqués. El significado tiene una estructura tendente a la lógica (véase la semántica estructural de Greimas). Sin embargo, el sentido es algo más amplio e incluso, si se quiere, polisémico. El sentido tiene relación con una dirección, con un camino, con un impulso hacia algún lugar, aunque no sepamos bien cuál es ese lugar, o a dónde nos va a llevar ese camino. La dramaturgia trabaja las acciones para componer una pieza que tenga algún sentido.

Ahí es donde el alumno, en vez de trabajar él, me pide que trabaje yo, cuando me dice: ¿Pero, entonces, cuál era el sentido de la dramaturgia de ¡Ay! ¡Ya!?

Y claro, la cuestión es que el sentido en las dramaturgias posdramáticas (aquellas que no emplean el modelo dramático mimético representacional), es algo que es cooperativo y no directamente impuesto desde una escenificación. El sentido, como la mirada, depende de la cabeza y del cuerpo (que el cerebro es tan cuerpo como cualquier otra parte del mismo) de cada espectadora, de cada espectador. Aunque, evidentemente, la dramaturgia conduzca el sentido dentro de un abanico de posibilidades y una cierta orientación.

Para mi cabeza  y mi cuerpo, en ¡Ay! ¡Ya!, de Macarena Recuerda Shepherd, el sentido tiene que ver con la alegría de aceptar que nuestra mirada, muchas veces, se engaña y ve lo que no hay, y otras veces, confunde apariencia con realidad.El título es un palíndromo. Un juego en el que el propio “¡Ay”, leído en dirección contraria nos da el “¡Ya!”. La interjección de la sorpresa, que se convierte en el adverbio enfático equivalente a ahora mismo, inmediatamente.

Como en un truco de magia, o en un número de ilusionismo, el “¡AY!” mayúsculo, se convierte en un “¡YA!” también mayúsculo. Y eso que han podido experimentar las actrices cuando preparaban sus acciones compositivas, para generar imágenes que las ciñen a las dos en una, o las desdoblan y cada una parece como si fuese dos. Eso que han podido experimentar, del “¡Ay, que casi está!”, al “¡Ya! ¡Ya lo tengo!”, también nos lo hacen experimentar a nosotras/os.

¡Ay! ¡Ya! es una delicia de espectáculo de la Cía. Macarena Recuerda Shepherd (País Vasco), actuada por la propia Macarena e por Iduree Azkue, presentada, como ya he anotado, en la Sala Ártika de Vigo los días 20, 21 y 22 de septiembre de 2019.

El juego de composición con los cuerpos y el vestuario, chaquetas con capucha y pantalones rojos de chándal, y unas mallas blancas en las que van enfundadas, son los elementos principales, también algunas sillas, una mesa, algún globo.

La combinación de los cuerpos y el juego con los colores del vestuario, les sirve para crear efectos ópticos fascinantes. Por ejemplo, alargar las dimensiones del cuerpo humano o empequeñecerlo, crear personajes surreales que parecen figuras de una instalación plástica o esculturas de un museo de arte contemporáneo.

Y lo más estupendo de todo es la actitud de las actrices, su estar en escena, manteniendo el tiempo necesario las posiciones en las que se crea el efecto ilusionista, mirándonos directamente con complicidad y gracia. Haciendo evolucionar la imagen hasta formas insospechadas o situaciones muy divertidas. Así como las secuencias de transición o preparación de las figuras, en una ágil ejecución laboral, sin ostentaciones ni ruidos, dentro de una economía y una limpieza de movimientos que permite una contemplación muy agradable y fácil.

También resulta muy curiosa la relación ambigua, muy sutil, que se puede generar en algunos momentos, entre las dos mujeres, según las posturas de los cuerpos y las figuras a las que dan lugar. Ese fluctuar casi por el circo, unas veces, y en otras ir hacia la instalación plástica de un museo, o acercarse al teatro físico, o  al género de la performance.

¡Ay! ¡Ya! es un ejercicio de gimnasia divertida para nuestras miradas. Una risa y una contemplación que nos sacan de los lugares habituales y nos conectan con otros extra-cotidianos. ¡Y cómo se agradece poder salir, de vez en cando, de esos lugares habituales! ¡Y cómo se agradece que el engaño de la mirada sea para disfrute y no para complicarnos la vida!