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Dom, Jul

Mirada de Zebra | Borja Ruiz

Hace pocos días tuve la oportunidad de ser testigo del trabajo textual y coral de Esperanza Abad con los actores de la compañía andaluza Atalaya, que se encuentran ultimando su próximo espectáculo. Una ocasión inigualable para ver el anverso de todo espectáculo bien hecho, que no es otro que el arduo y concienzudo trabajo. En este tipo de antesalas creativas es donde afloran las paradojas del oficio: lo difícil que es que parezca fácil, todo lo que hay que trabajar para que al espectador no le cueste trabajo ver el espectáculo o el artificio necesario para que la escena resulte natural. Fue una experiencia inusual, como alimentarse de los olores de una comida mientras se cocina, sin saborear el resultado final en el plato.

Escribo pues con esta experiencia aún caliente en mis dedos, mientras las palabras de Esperanza Abad, maestra con mayúsculas, juegan a columpiarse en mi cerebro: “apoyad bien la voz”, “buscad pausas que os ayuden a dar sentido a la frase”, “no perdáis el tempo-ritmo”, “cambios de un cuarto de tono al final de la frase”, “cuidado, tratando de enfatizar todo, no se enfatiza nada”... Pero entre todas ellas hay una frase que se me ha quedado mirando fijamente: “Me dicen que escriba un libro sobre la voz, pero lo que sé está escrito en quienes han trabajado conmigo”. Era una sentencia que apostillaba toda una conversación sobre lo difícil que es transmitir algo práctico y vivo, como el trabajo vocal, a través de palabras que yacen escritas. “El libro `Hacia un teatro pobre´ de Grotowski mal interpretado puede causar estragos en la voz”, fue su ejemplo de cierre.

Hablando ahora sobre todo esto, el resorte de la memoria me planta la imagen de un profesor de farmacología que tuve en la universidad, el mejor profesor que recuerdo. Aquel maestro ya entrado en años, lejos del tópico académico que llama al bostezo, hacía de sus clases apasionantes relatos no ya sobre farmacología, sino sobre la historia, la muerte y la vida. Era un orador magnífico, de esos que te mantienen la atención en el punto de cocción adecuado, capaces de hacer interesante hasta el recitado de un listín telefónico. Su discurso, que parecía haberlo ensayado con algún gran director escénico, estaba plagado de giros, de clímax, de suspense. Jugaba con todas las intensidades del habla, con las entonaciones y las intenciones, haciendo bailar los mensajes de lo subliminal a lo explícito, hasta que al final nos clavaba una conclusión que guardábamos con regocijo.

El profesor, a quien nunca le dije que me había enseñado tanta farmacología como teatro, nos invitaba a reflexionar activamente sobre la materia a estudio, a no convertir el aprendizaje, siguiendo la inercia del modelo universitario, en un proceso sin alma donde sólo se vierte información en el cerebro. Decía, muy posado él, que el conocimiento no consiste en compilar información, sino en establecer relaciones entre diferentes informaciones; que el conocimiento se escapa entre los huecos que dejan unos datos sueltos, pero que, en cambio, unos datos relacionados entre sí conforman una red que lo captura. La inteligencia no está en tener una base de datos, sino en saber interpretarla. Con cierta aura de brujo, ponía el ejemplo de Internet, entonces incipiente, para advertirnos con la cortesía de la vieja escuela: “Ustedes creen que ahí podrá estar todo el saber, pero si no filtran, asocian, asimilan y hacen suyo aquello que encuentran, no obtendrán más que un saber vacío”. No sobra decir que el tiempo le ha dado la razón.

Miro a los libros de técnica teatral que me rodean, y vistos ahí en la quietud de la balda, me parecen fosas de datos ordenados, como pequeños cementerios de información estructurada. Muchos de ellos guardan consejos y metáforas apasionantes, pero sólo aquellos que se han traducido en experiencia fruto de una indagación personal, pueden considerarse verdaderas fuentes de saber. El resto, a la espera de convertirse en vivencia tangible, no son sino un conocimiento baldío (de inútil y de balda).

Dice Eugenio Barba, con su habitual tino, que Decroux es un maestro que vive escondido en el cuerpo de sus alumnos. En efecto, alguien que ha estudiado profundamente Mimo Corporal lleva consigo un sello tan reconocible en su manera de moverse y de accionar que, a veces, parece que es el propio Decroux quien aún respira bajo su piel. El verdadero legado del maestro francés reside, pues, en quienes trabajaron directamente con él, más que en su famoso libro ´Palabras sobre el mimo´ que, aunque estimulante, no alcanza a revelar la dimensión práctica y ética de su teatro. Un libro puede infundir ciertas ideas, pero un maestro es quien, además de inculcar un ideario, te conduce a llevarlo a cabo.

En teatro, como en todas las áreas de conocimiento que tienen una vertiente práctica, el aprendizaje se hereda en experiencias y no en escritos. El saber puede que no ocupe lugar, pero necesita el tiempo suficiente para que se haga cuerpo.

 

 

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NOVEDADES EDITORIALES

Los cinco continentes del Teratro

Querido lector, quisiera contarte aquí cómo nació la idea de este libro porque el origen, como sabes, es al mismo tiempo, el inicio y el fundamento. A fines del siglo pasado, estábamos sorprendidos de que nuestro libro El arte secreto del actor. Diccionario de antropología teatral –publicado por primera vez en 1983– continuara siendo editado y traducido en diferentes idiomas. Probablemente resultó eficaz su fórmula simple en la que textos e imágenes tienen la misma importancia, y uno constantemente remite al otro; las ilustraciones se volvían protagonistas para sostener un nuevo campo de estudios, la antropología teatral ideada por Eugenio. Si como estudioso del teatro yo había colaborado con la antropología teatral, ahora le pedía a Eugenio su participación en la vertiente de la Historia, con un libro que imaginábamos como un complemento del precedente. Aun teniendo que decidir toda la organización del libro, me respondió que era una buena idea y me propuso que los argumentos giraran en torno a las técnicas, nunca lo suficientemente estudiadas, de los actores.
Precio : Próximamente

Puntos de vista

Es un privilegio el poder dar a conocer el trabajo que desde finales de los años 60 Suzanne Osten ha desarrollado tanto en Suecia como en el resto del mundo, a través de presentaciones, giras, conferencias y workshops. El alcance de la obra de Suzanne se se debiera condensar en unas pocas palabras toda su obra hablaría de: riesgo, compromiso, comunicación, lucha y una inalterable apuesta por los olvidados dentro de los olvidados: los niños. Y junto a ellos los jóvenes. Es a ellos a los que Suzanne ha dedicado una enorme parte de su actividad creadora.
Precio : Próximamente

Poética del drama moderno

El objeto de esta obra es el de definir el nuevo paradigma de la forma dramática que aparece hacia 1880 y que continúa hasta hoy en las dramaturgias contemporáneas. Se tiende así un puente entre las primeras obras de la modernidad en el teatro como las de Ibsen, Strindberg o Chejov, y las más recientes, ya se trate de las obras de Heiner Müller, Bernard-Marie Koltès o Jon Fosse. Jean-Pierre Sarrazac desvela la dimensión rapsódica del drama moderna: una forma abierta, profundamente heterogénea, en la que los modos dramático, épico y lírico, e incluso argumentativo (el diálogo filosófico que contamina al diálogo dramático), no dejan de ensamblarse o de solaparse. Lejos de compartir las ideas de “decadencia” (Luckàcs), de obsolescencia (Lehmann) o de la muerte del drama (Adorno), Poética del drama moderno dibuja contornos, siempre en movimiento, de una forma la más libre posible, pero que no es la ausencia de forma.
Precio : Próximamente

La zanja

¿En qué momento compartimos el viaje que nos hizo ser tan iguales? ¿Cómo reprocharnos y atraernos tanto? La respuesta está en el tiempo pasado, en nuestros ancestros, en el recuerdo común que permaneció oculto. Porque en definitiva, hemos heredado las acciones de unos hombres sobre otros y las influencias sobre el colectivo. La Zanja refleja el encuentro entre dos mundos, ese ciclo infinito que se repetirá una y otra vez. Es un trabajo exhaustivo de creación, surgido de la documentación de las crónicas de la época y nuestros viajes al Perú actual.
Precio : 10€

Pasarela Senegal

En enero de 2007 el diseñador Antonio Miró presentó en la Pasarela de Barcelona un desfile no exento de polémica con ocho inmigrantes sin papeles y una escenografía con una patera y cajas. De tal acontecimiento le surge la idea de la obra a López Llera, quien, a raíz del suceso siente la necesidad de reflexionar sobre el papel del artista en la sociedad del espectáculo2, sobre la validez y efectividad de las denuncias sociales a través del arte y sobre el sentido de su propia escritura. La pieza constituye una magnífica denuncia dramática de la banalización de la cultura y del espectáculo.
Precio : 10€

Hacia una poética del arte como vehículo de Jerzy Grotowski

La reinvención de Pere Sais ondea en el título de la obra: Hacia una poética del arte como vehículo. Grotowski, como se sabe, imaginaba que la “cadena” de las performing arts podía mantenerse tensa entre dos extremos: el arte como presentación por una parte y el arte como vehículo en el extremo opuesto. Al hablar de poética del arte como vehículo se realiza un salto epistemológico.
Precio : 24€