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Sáb, Jul

Y no es coña | Carlos Gil

James Joyce dijo una vez: “la vida es demasiado corta como para leer un libro malo”. Podríamos parafrasearlo y ampliarlo si aplicamos esta idea al teatro, a las obras de teatro, a los espectáculos de artes escénicas, para comprender que hay actividades de riesgo. Por ejemplo: ver cientos de obras anualmente desde hace demasiados años. En diferentes localidades, situaciones, programaciones y festivales a lo largo del ancho mundo. Siendo el más combatiente aficionado, hay momentos en los que se produce una saturación. Ver teatro por obligación es un castigo. Profesionalmente es necesario, pero se acumulan tantas frustraciones que se puede volver una actividad fóbica. 

 

Cuando digo en ocasiones que soy un ex ex-crítico, es porque puedo elegir aquello que critico o dejo de criticar. Mi situación profesional me lo permite. Es decir, estoy más cerca de ser un diletante que de eso que llaman crítico. La distancia entre crítica y crítica publicada puede ser de varias semanas. Comento, opino, digo cosas o cositas, pero lo que se dice hacer una crítica formal, de las que recomiendo cuando doy talleres por ahí, no. Las hago y las publico en el periódico GARA, pero no las traspaso a este diario. En otros momentos lo he hecho y probablemente lo volveré a hacer, pero como estoy pasando una crisis que quizás sea hormonal, y voy a los teatros con ilusión y salgo con una sensación de que mejor estaría haciendo otras cosas, engancho con Joyce, humildemente, y aseguro que siendo como soy un caso imposible, crónico, nunca podré abandonar del todo al Teatro, pienso que no es de extrañar que algunos seres humanos, nuestros conciudadanos, vayan poco al teatro. 

No hay nada peor que una opinión crítica hecha desde la contrariedad, desde el rechazo, el considerar que el teatro es un arte menor, que estamos en momentos de una calidad mejorable y de un sistema agotado y agotador. El amor incondicional al arte escénico es condición necesaria para poder pensar sobre ello desde posturas positivas, críticas, pero que tenga la voluntad reformista, cuando no, lo ideal, revolucionaria. Lo demás es ejercer una rutina, aplicar fórmulas, repetir conceptos, aplaudir por decreto, ocultar lo insoportable. Es decir, lo que con demasiada coincidencia sucede y lo admitimos por falta de referencia o fruto de una desidia intelectual, de una educación basada en la inmediatez y el éxito en abstracto.

Si sigo por esta línea voy a ser ese idiota que en plena fiesta apaga la música y dice que los vecinos se van a molestar y que es mejor irse. Veo una efervescencia electoral a mi alrededor, una fusión entre esperanza y alegría química que me asombra. Es como si hubieran repartido carnés de optimistas a los renegados, polvos de la estulticia a los sabios, dosis de conformismo a los que más agudeza atesoran. Por lo tanto, pertenezco de manera consciente a los perdedores y fracasados, a los resentidos, a los que nunca fueron invitados a la mesa del poder, que no recibe consignas, halagos baratos de los gestores temporales de las instituciones atrofiadas, que no les ríe las gracias a los insulsos popes de la inconsistencia escénica que nos deja absortos de tanta mediocridad convertida en manjar consumista y que son los que marcan en estos momentos el ritmo y el nivel artístico de las producciones en venta.

A quien tantas veces me escucha despotricando, quejándome y reiteradamente me pregunta, “¿qué teatro te gusta a ti?”, contestaré de nuevo, escuetamente, lacónicamente: el bueno. Y así encontramos en lo subjetivo, en lo referencial, en lo que se compara con lo visto, aquello que cada cual cree que le ha ayudado a transformar su mirada al hecho escénico, una línea de argumento que nos emparenta con los heterodoxos a la fuerza, sin quererlo, por simple ósmosis entre lo aprendido, lo hecho, lo visto, lo tangencial, lo excelente y el día a día. Y colocarse en ese lugar tan extravagante solamente produce roces, rechazo. Por eso me contengo tanto en el ejercicio público de la crítica escrita en medios de comunicación generalistas. Y mucho menos en especializados, donde eso es una dejación dolosa con el compromiso de la evolución del sistema teatral general.

Antes de que sea expulsado del templo por los mercaderes y los estómagos agradecidos, confesaré que, desde mi absoluto libertinaje y pensamiento momificado, estoy en proceso de reconciliación: todos somos parte del mismo problema. Otra cosa es que yo quiera seguir en la misma recua. Prefiero la soledad solidaria. El Teatro es bastante más que los productos que nos venden de rebajas.

 

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NOVEDADES EDITORIALES

Los cinco continentes del Teratro

Querido lector, quisiera contarte aquí cómo nació la idea de este libro porque el origen, como sabes, es al mismo tiempo, el inicio y el fundamento. A fines del siglo pasado, estábamos sorprendidos de que nuestro libro El arte secreto del actor. Diccionario de antropología teatral –publicado por primera vez en 1983– continuara siendo editado y traducido en diferentes idiomas. Probablemente resultó eficaz su fórmula simple en la que textos e imágenes tienen la misma importancia, y uno constantemente remite al otro; las ilustraciones se volvían protagonistas para sostener un nuevo campo de estudios, la antropología teatral ideada por Eugenio. Si como estudioso del teatro yo había colaborado con la antropología teatral, ahora le pedía a Eugenio su participación en la vertiente de la Historia, con un libro que imaginábamos como un complemento del precedente. Aun teniendo que decidir toda la organización del libro, me respondió que era una buena idea y me propuso que los argumentos giraran en torno a las técnicas, nunca lo suficientemente estudiadas, de los actores.
Precio : Próximamente

Puntos de vista

Es un privilegio el poder dar a conocer el trabajo que desde finales de los años 60 Suzanne Osten ha desarrollado tanto en Suecia como en el resto del mundo, a través de presentaciones, giras, conferencias y workshops. El alcance de la obra de Suzanne se se debiera condensar en unas pocas palabras toda su obra hablaría de: riesgo, compromiso, comunicación, lucha y una inalterable apuesta por los olvidados dentro de los olvidados: los niños. Y junto a ellos los jóvenes. Es a ellos a los que Suzanne ha dedicado una enorme parte de su actividad creadora.
Precio : Próximamente

Poética del drama moderno

El objeto de esta obra es el de definir el nuevo paradigma de la forma dramática que aparece hacia 1880 y que continúa hasta hoy en las dramaturgias contemporáneas. Se tiende así un puente entre las primeras obras de la modernidad en el teatro como las de Ibsen, Strindberg o Chejov, y las más recientes, ya se trate de las obras de Heiner Müller, Bernard-Marie Koltès o Jon Fosse. Jean-Pierre Sarrazac desvela la dimensión rapsódica del drama moderna: una forma abierta, profundamente heterogénea, en la que los modos dramático, épico y lírico, e incluso argumentativo (el diálogo filosófico que contamina al diálogo dramático), no dejan de ensamblarse o de solaparse. Lejos de compartir las ideas de “decadencia” (Luckàcs), de obsolescencia (Lehmann) o de la muerte del drama (Adorno), Poética del drama moderno dibuja contornos, siempre en movimiento, de una forma la más libre posible, pero que no es la ausencia de forma.
Precio : Próximamente

La zanja

¿En qué momento compartimos el viaje que nos hizo ser tan iguales? ¿Cómo reprocharnos y atraernos tanto? La respuesta está en el tiempo pasado, en nuestros ancestros, en el recuerdo común que permaneció oculto. Porque en definitiva, hemos heredado las acciones de unos hombres sobre otros y las influencias sobre el colectivo. La Zanja refleja el encuentro entre dos mundos, ese ciclo infinito que se repetirá una y otra vez. Es un trabajo exhaustivo de creación, surgido de la documentación de las crónicas de la época y nuestros viajes al Perú actual.
Precio : 10€

Pasarela Senegal

En enero de 2007 el diseñador Antonio Miró presentó en la Pasarela de Barcelona un desfile no exento de polémica con ocho inmigrantes sin papeles y una escenografía con una patera y cajas. De tal acontecimiento le surge la idea de la obra a López Llera, quien, a raíz del suceso siente la necesidad de reflexionar sobre el papel del artista en la sociedad del espectáculo2, sobre la validez y efectividad de las denuncias sociales a través del arte y sobre el sentido de su propia escritura. La pieza constituye una magnífica denuncia dramática de la banalización de la cultura y del espectáculo.
Precio : 10€

Hacia una poética del arte como vehículo de Jerzy Grotowski

La reinvención de Pere Sais ondea en el título de la obra: Hacia una poética del arte como vehículo. Grotowski, como se sabe, imaginaba que la “cadena” de las performing arts podía mantenerse tensa entre dos extremos: el arte como presentación por una parte y el arte como vehículo en el extremo opuesto. Al hablar de poética del arte como vehículo se realiza un salto epistemológico.
Precio : 24€