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Mié, May

Sud Aca Opina | Patricio Sancha

En mi trabajo como arquitecto me toca utilizar programas computacionales para grafica con los cuales dibujo planos que luego pasarán de la pantalla al papel y de ahí a ser materializados en obra construida. En uno de ellos en especial, cuando se está ejecutando un comando, si uno lo configura así, el cursor es seguido por una etiqueta grafica que aporta información sobre la acción que se esté ejecutando, lo cual es bastante útil por cuanto es una afirmación de que se está haciendo lo que se piensa.

En la vida los seres humanos también tenemos unas especies de etiquetas de comportamiento que les indican a otros cual es nuestra postura ante una situación determinada.

Aspecto, forma de pararse, vestimenta, gestos, velocidad de movimientos, tonos, ritmos, lenguaje,...

Dentro de ese utópico mundo de la honestidad, fácilmente podríamos hacernos una idea cabal del posible comportamiento de alguien si fuésemos capaces de descifrar esas etiquetas.

Pero la utopía no es más que eso, una utopía, por cuanto, quien más quien menos, hemos aprendido a manejar esas etiquetas para mandar mensajes equívocos respecto a nosotros mismos dependiendo de la situación en que nos encontramos y los resultados esperados.

A sabiendas de que el dicho popular pregona eso de que la mujer del César no solo tiene que serlo sino parecerlo, el mejor ladrón es aquel que no lo parece ni en vestimenta ni en actitud ni en nada que le haga sospechar a la posible víctima de sus intenciones.

No somos los mismos en familia o cuando nos presentamos a una entrevista de trabajo o cuando estamos en plan de conquista o de vacaciones...

Los profesionales del manejo de estas etiquetas sin duda son los actores profesionales. Por supuesto no todos, solo los buenos ya que en la comunicación con el público deben echar mano a cuanto recurso esté a su disposición.

Por lo general la buena actuación es una compleja mezcla de alternativas que al ser bien conjugadas aseguran un estruendoso aplauso de pie como retribución a la entrega.

De estas etiquetas, existen algunas de manejo relativamente fácil como es el vestuario, el manejo de la voz y la postura física incluso en momentos de silencio pero existen otras menos evidentes aunque quizás más potentes que las obvias; son las reacciones instintivas tales como mirada esquiva, la dilatación de las pupilas, la sudoración, la modulación,...

Los buenos, buenos actores llegan incluso a manejar en cierta medida estas señales.

Ya que están de cierta manera en el campo del accionar instintivo biológico, su lectura está en el mismo campo por lo que es muy difícil describirlas o cuantificarlas.

¿Cuantas veces no hemos salido de alguna representación escénica y no sabemos verbalizar el por qué nos ha llegado tan íntimamente?

Quizás porque los actores dejaron de representar un personaje, logrando ser el personaje y manejar esas etiquetas que reafirman su actuar sin ser prestadas sino asumidas.

Lograron meterse en el personaje y la trama.

Alguna vez escuché la frase "era tan mal actor que cuando lloraba, lloraba de verdad".

Solo a través de la honestidad se pueden transmitir los sentimientos y la veracidad no se debería poner en duda ya que al hacerlo se está poniendo en duda el buen oficio del actor.

El buen actor no es aquel que sabe meterse en un personaje, sino aquel capaz de salirse de un personaje para no cargar con la trama perpetuidad.

Aquel actor que en una reunión social converse como declamando poesía es definitivamente un pésimo actor incapaz de desprenderse de sus etiquetas en escena.