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Mié, Oct

Sangrado semanal | Juana Lor

Llevamos una semana trabajando el Don Juan Tenorio de Zorrilla a fondo. Lo tenemos incrustado en las mentes e intentamos llevarlo a los cuerpos, estamos estudiándolo para la Escena, aprendiendo a interpretar el verso. En esto, el actor que se sienta a mi lado durante las sesiones de trabajo me dice: Este Don Juan, la verdad, que era un impresentable con patas. No tengo más remedio que asentir y recordar el libreto de mano que acompañaba el Don Juan Tenorio que dirigió hace ya un año Blanca Portillo, en el que la actriz manifestaba la intención de romper con los halagos y la admiración que se profesa a este mito hispánico para presentar al tipo por lo que es: un monstruo que por donde quiera que fue, la razón atropelló, la virtud escarneció, la justicia burló y a las mujeres vendió.

Hace ya algún tiempo, Carlos Gil, columnista también de esta sección de Opinión de Artezblai publicó una columna que levantó ciertas ampollas al plantear la conveniencia o no de seguir representando ciertos textos clásicos, a pesar de o debido a los contenidos que ensalzaban. La solución no creo yo que consista en dejar de contar ciertas historias en Escena. Creo, más bien que los personajes que tejen esas historias se van poniendo solitos en evidencia, a medida que la sociedad avanza (sí, creo que en ciertos temas, a pesar de todo, se avanza). Es decir, que la Escena es espejo de realidades y que, a pesar de la innegable existencia de algunos temas universales, la manera que tenemos de juzgar éticamente ciertas actitudes y comportamientos, varía con el paso del tiempo.

¿Puede producirse un cambio de paradigma en el inconsciente colectivo de un Pueblo, de una sociedad, haciendo que un mito otrora admirado se convierta en motivo de desprecio, en aquello que una persona no debe ser? Rotundamente sí. Hace unos días, se pudo ver en televisión un reportaje sobre el admirado y querido Félix Rodríguez de la Fuente. En aquel documental contaron cómo logró Félix cambiar un paradigma que estaba firmemente asentado en el acervo cultural peninsular: el odio al lobo como enemigo. Gracias a su trabajo, el cazador de lobos pasó de salvador a verdugo.

En el interior del Tenorio de Zorrilla también se produce una metabolé que explica, quizás, por qué es este Tenorio la obra más representada en Spain: Don Juan pasa de ser el seductor para ser el seducido, una suerte de cazador cazado que hace que sintamos, por unos instantes, hasta simpatía por él. Y aun así, esa pequeña muestra de acercamiento al personaje no nos desvía de lo que sentimos con claridad: un profundo rechazo hacia una actitud criminal que hasta hace bien poco ha sido motivo de ensalzamiento y ejemplo de admirada hombría tanto por parte de los hombres como de las mujeres también. Por eso la razón de este título, Execrable Don Juan, un Don Juan que merece ser condenado o criticado con severidad por su actitud. Una última curiosidad tengo también respecto a la elección de este título. Intuyo que por mucho cambio que se esté dando en el inconsciente colectivo en torno a lo que es ser hombre, muchos y muchas sentirán el cortocircuito de la cruzada de cables cerebral, al ver estas tres palabras juntas y de la mano: execrable Don Juan.