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Sáb, Oct

Sud Aca Opina

Ningún fanatismo podría existir si no fuese adecuadamente alimentado por un grupo de poder con ansias de más y más poder por el solo hecho de satisfacer su ego enfermizo.

¿Quién es el culpable de un asesinato? ¿El Sicario o quien le paga al Sicario?

¿Si a un hombre desesperado sobreviviendo apenas una miserable vida plagada de frustraciones sin logros, donde no puede perder más de lo que ha venido perdiendo desde el momento de su nacimiento se le convence de que poniéndose un chaleco explosivo, al accionar el detonador estará asegurando su entrada al paraíso eterno, es culpable o una víctima más?

Si la discusión se lleva desde un punto de vista meramente sentimental, será evidente que quien se inmola por su creencia, aunque sea en nombre de sus ideales, es un asesino pero si tenemos la frialdad de analizar los hechos desde un punto de vista más sociológico y fundándonos en estudios psicológicos; ¿Qué alternativa tenía?

Dejando de lado las patologías mentales, me atrevería a afirmar que sin duda los fanatismos responden a modelos de patologías sociales hábilmente manejados por quienes jamás se ensuciarán las manos.

La mejor forma de unir a un pueblo dividido es buscando un enemigo externo contra quien luchar, así como también la mejor forma de hacer negocios.

En años de la cortina de hierro y el muro de Berlín, mientras para los norteamericanos el enemigo eran los rusos, para los rusos el enemigo eran los norteamericanos.

¿Y para el resto del mundo? Eso dependía de los acuerdos comerciales con uno u otro, o la órbita soviética o el auto denominado mundo libre. ¿Libre de qué?

Sin enemigo vigente hubo que renovar; hoy el blanco de la condena son los países musulmanes.

No comulgo con ningún credo tradicional pero está claro que su dios no puede ser mejor que el mío. Mi dios relámpago es mejor que su dios volcán.

¡Que mayúscula estupidez!

No tanto; si logro convencer a un grupo de desesperados que el relámpago es todo poderoso y que les ofrece una eternidad de luz, se pondrán de mi lado, me ayudarán a demoler el volcán con la maquinaria tanto como los suministros para hacerlo que yo mismo venderé a precios de oportunidad. Oportunidad de vender caro. De paso aprovecho para negociar cómo y con que proteger al volcán para prolongar el negocio.

¿Cuál fanatismo? Solo idealistas.

Dudo que las sagradas escrituras, base de religiones, esté establecido como mandamiento ineludible esto de aniquilar al no creyente.

¿Cómo un dios de amor puede ordenar el odio?

Y lo peor de todo es que los interlocutores entre el complejo lenguaje de la divinidad y el básico entendimiento de sus fieles, no son más que hombres con intereses basados en el egoísmo. Por supuesto existen curas, rabinos, imanes,... capaces de influir positivamente en el desarrollo humano basando su discurso en el valor supremo del amor tanto por el prójimo como por si mismo pero lamentablemente suelen tener un poder menor frente al discurso populista de quienes promueven la destrucción de millones para edificar sus imperios de unos pocos. Es, ha sido y seguramente seguirá siendo así pero estamos tan preocupados de imponer nuestro relámpago destruyendo al volcán que nos hemos olvidado del amor.

Quizás la solución sea la de adorar a la diosa tierra, por ahí se ve una veta interesante.

Vendo abejas asesinas devoradoras de transgénicos. Se reciben órdenes de compra por interno.

Artez - La revista de las Artes Escénicas


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