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Mié, Jul

Y no es coña | Carlos Gil

Esa maquinaria de escondernos y revelarnos la realidad y los archivos de la memoria instrumental que es Facebook me despierta con un recuerdo amargo, la muerte hace un año de Pepe Henríquez. Parece que hace un siglo. Parece que fue ayer cuando nos encontrábamos en los teatros recomendándonos obras y libros o en el súper recomendándonos ofertas. En un año nos hemos cansado de hacer obituarios, de darnos cuenta de que somos seres vivos que acabamos un día convertidos en recuerdo, emoción o nostalgia. Releo lo que escribí de Pepe Henríquez y siento un acuerdo tácito entre mi vivencia y mi recuerdo, entre una relación alargada en el tiempo, controvertida en ocasiones por diferencia de criterios y de caracteres que se me quedado grabada en mi biografía emocional como algo fundamental, como una de esas personas de las que ha merecido la pena conocer porque me ha ayudado a ser más consciente de mi compromiso con el teatro y sus hacedores.

En mis viajes iberoamericanos, en mis citas peninsulares, en las inquietudes de varios de los colaboradores de este periódico digital detecto una necesidad de hablar de la crítica, de sus funciones, de sus repercusiones. Está bien que así sea. La crítica sobre artes escénicas se está poblando de muchos oportunistas, se está colonizando el desierto creado por los medios de comunicación clásicos en recesión económica, con demasiados opinadores banales, sin contextualización ni argumentario técnico o filosófico. Son los tiempos, se nos dice que esta espontaneidad es buena, que cualquiera puede opinar sobre un espectáculo, y estoy de acuerdo, lo que hay es que ponderar esas opiniones, darle la relevancia equilibrada, no poner en el mismo plano una ligera opinión anónima e inmediata que una crítica estructurada debidamente, con el aval de un medio que lo soporte y con la firma de alguien de reconocida trayectoria y autoridad adquirida por sus conocimientos y las maneras de expresarlos.

Seguiremos reflexionando sobre el asunto, desde mi actual estatus, de esa contradicción extrema que es mantenerse como crítico en activo, aunque de manera relajada y de una producción baja y a la vez acabar de estrenar una obra escrita y dirigida por mí en Córdoba (Argentina), ponerla en un festival en Rosario, Experimenta 16, para que se desmonte inmediatamente y sea desmenuzada por críticos de larga trayectoria. Quiero decir que esta posibilidad de atravesar ese supuesto espejo y estar a la vez, o simultáneamente, en los dos lados, me coloca en una posición privilegiada. Me ayuda a sentir la responsabilidad globalmente, en una función u otra. Coloco las dos actividades en el mismo valor. Con diferencias obvias, pero afrontando las dos tareas con la misma disposición para explicar a los espectadores que vean mis obras o a los lectores que lean mis críticas los misterios de la vida, en un diálogo entre la escena y los públicos. Para mí es casi lo mismo. Lo más cómodo, por defecto, es la crítica. Lo más excitante, lo que me reconstruye, la creación, la escritura y la dirección. Me falta volver a ese lugar donde se dan todas las epifanías: la actuación. Todo se andará.

Por eso veo en este otoño de mi vida la luz de la voluntad, del deseo, del compromiso de la solidaridad y la complicidad. La necesidad de seguir participando en todo lo que uno pueda, en continuar ganando energías a base de trabajar hoy escribiendo esta homilía, luego completando los trabajos de edición del número 212 correspondiente a setiembre/octubre de la revista ARTEZ, mañana acudiendo a un debate, pasado acabando un texto que me reclaman unos actores y pasado celebrando el estreno de unos amigos. No hay nada más. No hay trucos, ni cartón. Ilusión, convicción, entrega, vocación y la suerte de poder canalizar todo por estos torrentes creativos que regeneran mi compromiso con las artes escénicas, mi sociedad con todas mis fobias y filias bien marcadas, para que nadie se confunda. Huelo a otoño luminoso, perfumado por la experiencia y la ingenuidad. O viceversa.

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NOVEDADES EDITORIALES

Los cinco continentes del Teratro

Querido lector, quisiera contarte aquí cómo nació la idea de este libro porque el origen, como sabes, es al mismo tiempo, el inicio y el fundamento. A fines del siglo pasado, estábamos sorprendidos de que nuestro libro El arte secreto del actor. Diccionario de antropología teatral –publicado por primera vez en 1983– continuara siendo editado y traducido en diferentes idiomas. Probablemente resultó eficaz su fórmula simple en la que textos e imágenes tienen la misma importancia, y uno constantemente remite al otro; las ilustraciones se volvían protagonistas para sostener un nuevo campo de estudios, la antropología teatral ideada por Eugenio. Si como estudioso del teatro yo había colaborado con la antropología teatral, ahora le pedía a Eugenio su participación en la vertiente de la Historia, con un libro que imaginábamos como un complemento del precedente. Aun teniendo que decidir toda la organización del libro, me respondió que era una buena idea y me propuso que los argumentos giraran en torno a las técnicas, nunca lo suficientemente estudiadas, de los actores.
Precio : Próximamente

Puntos de vista

Es un privilegio el poder dar a conocer el trabajo que desde finales de los años 60 Suzanne Osten ha desarrollado tanto en Suecia como en el resto del mundo, a través de presentaciones, giras, conferencias y workshops. El alcance de la obra de Suzanne se se debiera condensar en unas pocas palabras toda su obra hablaría de: riesgo, compromiso, comunicación, lucha y una inalterable apuesta por los olvidados dentro de los olvidados: los niños. Y junto a ellos los jóvenes. Es a ellos a los que Suzanne ha dedicado una enorme parte de su actividad creadora.
Precio : Próximamente

Poética del drama moderno

El objeto de esta obra es el de definir el nuevo paradigma de la forma dramática que aparece hacia 1880 y que continúa hasta hoy en las dramaturgias contemporáneas. Se tiende así un puente entre las primeras obras de la modernidad en el teatro como las de Ibsen, Strindberg o Chejov, y las más recientes, ya se trate de las obras de Heiner Müller, Bernard-Marie Koltès o Jon Fosse. Jean-Pierre Sarrazac desvela la dimensión rapsódica del drama moderna: una forma abierta, profundamente heterogénea, en la que los modos dramático, épico y lírico, e incluso argumentativo (el diálogo filosófico que contamina al diálogo dramático), no dejan de ensamblarse o de solaparse. Lejos de compartir las ideas de “decadencia” (Luckàcs), de obsolescencia (Lehmann) o de la muerte del drama (Adorno), Poética del drama moderno dibuja contornos, siempre en movimiento, de una forma la más libre posible, pero que no es la ausencia de forma.
Precio : Próximamente

La zanja

¿En qué momento compartimos el viaje que nos hizo ser tan iguales? ¿Cómo reprocharnos y atraernos tanto? La respuesta está en el tiempo pasado, en nuestros ancestros, en el recuerdo común que permaneció oculto. Porque en definitiva, hemos heredado las acciones de unos hombres sobre otros y las influencias sobre el colectivo. La Zanja refleja el encuentro entre dos mundos, ese ciclo infinito que se repetirá una y otra vez. Es un trabajo exhaustivo de creación, surgido de la documentación de las crónicas de la época y nuestros viajes al Perú actual.
Precio : 10€

Pasarela Senegal

En enero de 2007 el diseñador Antonio Miró presentó en la Pasarela de Barcelona un desfile no exento de polémica con ocho inmigrantes sin papeles y una escenografía con una patera y cajas. De tal acontecimiento le surge la idea de la obra a López Llera, quien, a raíz del suceso siente la necesidad de reflexionar sobre el papel del artista en la sociedad del espectáculo2, sobre la validez y efectividad de las denuncias sociales a través del arte y sobre el sentido de su propia escritura. La pieza constituye una magnífica denuncia dramática de la banalización de la cultura y del espectáculo.
Precio : 10€

Hacia una poética del arte como vehículo de Jerzy Grotowski

La reinvención de Pere Sais ondea en el título de la obra: Hacia una poética del arte como vehículo. Grotowski, como se sabe, imaginaba que la “cadena” de las performing arts podía mantenerse tensa entre dos extremos: el arte como presentación por una parte y el arte como vehículo en el extremo opuesto. Al hablar de poética del arte como vehículo se realiza un salto epistemológico.
Precio : 24€