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05
Mié, Ago

Y no es coña | Carlos Gil

Escribo desde una tonta felicidad: llevo durmiendo cuatro noches seguidas en mi cama, desayuno con los olores de mi entorno, me siento en una mesa rodeado de montones de papeles y asuntos a resolver, escucho las mentiras y las atrocidades de los resultados electorales de algunos estados alemanes que salen de mis transistores de cabecera, miro al futuro con la ilusión de un idiota cansado que ya ha perdido toda esperanza de resolver ningún jeroglífico vital, agarrado a una frase simple: solamente hay dos días que no importan nada, ayer y mañana.

Desde este optimismo agónico, repaso las dos últimas semanas, conviviendo en Beja, en el Alentejo portugués, viendo teatro comprometido en un festival modesto, pero importante, que se hace en localidades que no sobrepasan los veinte mil habitantes. O en Donostia, donde la convivencia se amplía, la actividad ha sido frenética, y donde de nuevo vemos que existe una vía programática que acoge las tendencias más arriesgadas como una manera de describir el compromiso desde la gestión, que es tan importante de señalar, porque existe en la gran oferta de producción todo tipo de trabajos, espectáculos, y elegir bien, es un manifiesto. Y en dFERIA se eligió bien, por proteger y difundir el teatro vasco y por apostar por obras de gran vuelo artístico, de gran conexión con la realidad.

En términos generales, tras tantos años de haber tenido la suerte de estar en tantos lugares de la producción, la creación como actor, director o dramaturgo, la distribución, la exhibición o la crítica teatral, uno ha visto muchas cosas. La inmensa mayoría, normales, algunas muy buenas, y algunas dudosas de su entidad ética. Yo mantengo que ha existido, y probablemente exista, con un perfil bajo, corruptelas en el mundo teatral. De difícil sustentación en una demanda o denuncia, pero que todos intuimos, sabemos, callamos, no le damos importancia, no queremos complícanos la vida.

Estoy hablando de asuntos de comisiones, regalos, preferencias, conjunciones, sociedades pantalla y un largo etcétera. Pero lo que más duele, lo que más me revienta es la falta de ética, la impostura, la obscenidad de maltratar el trabajo de alguien en aras de una supuesta mayor comercialidad. No digo lo que puede sentir un autor con un mal montaje, esa es la dialéctica de la producción, el que el teatro es un trabajo colectivo, con capas que se superponen, no, hablo de cosas de suplantación, de aprovechamiento descarado del trabajo de otros.

Y eso sucedió en dFERIA con un espectáculo que yo vi en el día de su estreno mundial en Madrid, que cuando alguien me preguntaba sobre el mismo contestaba siempre diciendo que era un trabajo para públicos familiares, divertido, con buen ritmo, agradable, etcétera. Pero resulta que en plena confección del catálogo de dFERIA se me advierte de que hay que sacar de los créditos los nombres de los dos creadores, quienes hicieron el guión y la puesta en escena y dirección. Esas cosas no suceden porque sí, obviamente.

Y sucedió porque por cuestiones indefendibles, metió la mano un conocido actor y director de un trío cómico muy exitoso, y lo que iba a ser una cosa de mutuo acuerdo, de darle quizás alguna pátina más ligera, se ha convertido como se vio en el Teatro Victoria Eugenia, en otra obra, en algo infumable, muy transportable, es decir que podrán hacer, se supone, muchos bolos con menos problemas infraestructurales, pero dejando con el culo al aire a los actuantes, todos con un apellido glorioso de una familia de payasos televisivos, quienes han consentido y han sido cómplices de este abuso.

La obra que se estrenó tenía sentido, había una idea, un montaje, la que ahora hacen son esketchs, gags, uno detrás de otro, sin ninguna gracia. Parece imposible que con tanto talento, tanta experiencia ahí metida, se haya llegado a esta usurpación del trabajo de otros, y se haya hecho para peor, para mucho peor. Los detalles internos no los conozco, veo los resultados, hablo de lo que he visto, de lo que he sido testigo, y siento vergüenza.

Es un caso que esperemos sea aislado. Lo he vivido de cerca, lo he contado en su versión conciliadora, porque entre otras cosas esta desagradable decisión ha roto una amistad de más de una década.