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16
Lun, Dic

La tercera escena | Carlos Taberneiro

Hace al menos tres años, Escenamateur (la Confederación que aglutina a una amplia mayoría del tejido asociativo teatral amateur español) solicitó al Consejo Estatal de las Artes Escénicas y de la Música (órgano dependiente del Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música -INAEM-), la creación de un grupo de trabajo para debatir sobre la situación actual y perspectivas de futuro del teatro amateur en el territorio español. 

 

Esa petición dio finalmente como resultado la creación, dentro del citado Consejo, del “Grupo de Trabajo de Análisis del Teatro Amateur en España”.  Entre los objetivos marcados por el INAEM para dicho grupo de trabajo figura realizar un “Diagnóstico en España de la situación del teatro amateur”, y “Realizar un documento de alto nivel de definición y concreción con propuestas generales sobre cuestiones relevantes como: ayudas a la producción, viabilidad, visión e impacto social en las Artes Escénicas, etc. El objetivo fundamental es plantear opciones de mejora del sistema de cara al futuro del teatro amateur en España”. Esperemos que entre las “opciones de mejora” se recoja un ejercicio de autocrítica del INAEM, que conduzca al necesario respeto y acercamiento de esta entidad hacia el teatro amateur.

Pero, ¿a quiénes ha encomendado el INAEM este trabajo tan deseado y necesario? A la primera reunión, que se celebró el 16 de julio de 2019, acudieron representantes de cinco entidades miembros del Consejo estatal: la Red Española de Teatros, Auditorios, Circuitos y Festivales de Titularidad Pública –que coordinó la mesa-, la Asociación de Teatro para la Infancia y Juventud (ASITEJ), la Federación Española de Asociaciones de Empresas de Teatro y Danza (FAETEDA), la Asociación Española de Directores de Coro (AEDCORO) y de la Confederación Nacional de Teatro Amateur (Escenamateur). No sabemos si el INAEM ha designado a otros miembros que quizás no han acudido a esta primera reunión.

Quienes van a realizar el mencionado diagnóstico y a proponer las opciones de mejora del sistema de cara al futuro del teatro amateur son: ASITEJ, que se presenta en su página web como “una alianza global de teatro profesional para la infancia y la juventud”; FAETEDA, que deja claro en sus siglas que es una federación de “Asociaciones de Empresas” y es bien conocida en el ámbito profesional;  AEDCORO, que tiene entre sus fines “asesorar a los directores de coro asociados en su actividad profesional” y  “Velar por que la dirección de las agrupaciones corales españolas sea asumida por profesionales formados específicamente en esta especialidad”; “La Red”, que aunque se presenta como red de Teatros, Auditorios, Circuitos y Festivales de Titularidad Pública tiene entre sus proyectos colaboraciones muy estrechas con el sector profesional (como “Mercartes”, El Mercado de las Artes Escénicas); y finalmente Escenamateur, que es la única entidad de las cinco, que defiende, o debería defender, específica e inequívocamente al teatro amateur.

Todos y cada uno de los fines de estas entidades son loables y defendibles y no hay nada que decir en contra. Pero en este grupo de trabajo, propiciado por el INAEM, dependiente del Ministerio de Cultura y Deporte, para tratar sobre la situación actual del teatro amateur y realizar propuestas de futuro de este sector, debería haber mucha más presencia de representantes o expertos en el sector amateur. La composición de este grupo, así como la composición del Consejo Estatal de las Artes Escénicas, son indicativos inequívocos del valor que da, nuestro máximo órgano de representación pública (INAEM), a las artes escénicas amateurs, tanto en este grupo de trabajo que va a tratar sobre su problemática, como en los debates del propio Consejo Estatal. 

Parece evidente, por lo tanto, que esta oportunidad de poner sobre la mesa la problemática específica del teatro amateur debería ser bien aprovechada tanto por Escenamateur como por el INAEM, a menos que este último solo conciba el grupo de trabajo como una aplicación más de lo que reza aquella máxima atribuida a Napoleón… “si quieres que algo no funcione, crea una comisión”. Una comisión podría tener al menos una esperanza de continuidad en el tiempo, pero este grupo de trabajo, y vistos los mimbres con la que se ha constituido, mucho me temo que no solo tendrá el tiempo limitado, sino que esté condenada de antemano a la inoperancia cuando no al fracaso. 

La opción no profesional de las artes escénicas debería tener una representación más amplia en el grupo de trabajo. Para desmontar los juicios previos que deforman la realidad del teatro aficionado, amateur o no profesional serían necesarios más puntos de vista. No olvidemos que -como dijo Einstein- “es más fácil desintegrar el átomo que un prejuicio”. El INAEM aún está a tiempo de corregir esta desigualdad y de reparar su histórica marginación de la opción amateur de las artes escénicas. Al sentarse, en solitario, a la mesa de este grupo de trabajo que tanto le ha costado conseguir reunir, Escenamateur debe ser consciente de la enorme responsabilidad que adquiere ante el teatro amateur español. No en vano es el único representante del teatro amateur en el Consejo Estatal de las Artes Escénicas y de la Música. Escenamateur deberá suplir con buen hacer e incluso con imaginación, y sobre todo con transparencia, la falta de más representantes de la opción amateur. Debe ser consecuente con los principios y fines recogidos en sus Estatutos y además portavoz de la totalidad de los grupos de teatro amateur del estado español. Debe enfrentar las reuniones con planteamientos firmes y claros, y con un argumentario ampliamente consensuado al menos con sus representados. También sería muy útil para el futuro del teatro amateur que Escenamateur hiciera públicos los contenidos de los debates, las actas de las reuniones y las propuestas de acuerdo antes de que sean definitivamente ratificados. Esto permitiría que aquellos a los que representan en el Consejo Estatal, pertenezcan o no a Escenamateur, puedan conocer los puntos de vista de los participantes en esta mesa de trabajo. 

De momento, la única organización que hizo público un informe sobre el Grupo de Trabajo de Análisis del Teatro Amateur en España, del Consejo Estatal de las Artes Escénicas y de la Música, ha sido la FAETEDA. Un buen ejemplo de trasparencia, en este caso, que sin duda se agradece. Recomiendo la lectura de este breve informe, a quien desee hacerse una composición de lugar y entender mejor el porqué de este artículo.

No se puede saber si realmente Escenamateur se expresó en los términos reflejados en el informe, dado que no ha emitido información pública al respecto, o si el resumen de su intervención es una interpretación libre de la FAETEDA. Yo, a la vista de ciertas afirmaciones, me inclino más por la segunda opción.

Paso a comentar algunas afirmaciones atribuidas a Escenamateur. De algunas de ellas se podría concluir que se acepta establecer un marco limitativo para el teatro amateur, lo que sería sin duda un error y una discriminación. Porque “promover el teatro aficionado desde un punto de vista comunitario y educacional”, dejando de lado otros “puntos de vista” o enfoques del teatro amateur que también reivindican su espacio propio, sería limitarlo. Asimismo, aceptar, al menos teóricamente, un “marco bajo cual debe enmarcarse el teatro aficionado” o definir mejor las “características que deben tener estos grupos”, apoyándose en un estudio de Jaume Colomer, también sería limitarlo. Del mismo modo, sustituir los Certámenes por Muestras, a sabiendas de que no es competencia de los propios grupos, equivaldría igualmente a limitarlo. Y, por último, tratar de “controlar” la composición de los grupos de teatro amateur ante una hipotética infiltración de algunos de estos por profesionales… sería un error que limitaría la capacidad de acción de los propios grupos amateur. Pero quizás deba ampliar y desarrollar estas afirmaciones.

El término “teatro comunitario”, aplicado al teatro, fue acuñado en América latina y de forma especial en Argentina, y se refiere a una forma de entender el teatro que se debe respetar por la filosofía que encierra. La investigadora Marcela Bidegaín lo define muy bien: “El teatro comunitario surge como una necesidad de un grupo de personas de una determinada región, barrio o población de reunirse, agruparse y comunicarse a través del teatro. El teatro comunitario es de y para la comunidad; no se concibe como un pasatiempo, un lugar de ocio o esparcimiento ni como un espacio terapéutico, sino como una forma de producción, un espacio para la voluntad de hacer o de construir”. Recomiendo su clarificador artículo ¿Qué es el teatro comunitario?. Por otro lado, el término “educacional” -comúnmente usado también en América latina- tiene, del mismo modo, su perfil propio vinculado al ámbito educativo ya que se refiere al teatro impartido por profesionales –como no podía ser de otro modo- en los centros “educacionales” –educativos- o al realizado por los estudiantes de distintos niveles educativos. Promocionar el teatro amateur solamente “desde un punto de vista comunitario y educacional”, sería limitarlo. 

Además, si leemos el “Estudio sobre la situación de las artes escénicas en España” de Jaume Colomer –destacado profesional de la consultoría especializado en planificación y gestión de sistemas culturales y Director del BISSAP-, podemos encontrar que se acusa a los amateur de intrusismo porque “sustituyen a los profesionales con tarifas más económicas” y que además identifica el teatro amateur, junto con el comunitario y el educativo, como prácticas sociales y no económicas. Craso error. El marco en el que se mueve mayoritariamente el teatro amateur está claro… es el de las asociaciones sin fines lucrativos que es la fórmula elegida por aquellos que desean acogerse a un formato jurídico que les permita operar en el tercer sector de la economía. Y estas son, guste o no, prácticas sociales, pero también económicas. La Ley, reguladora del Derecho de Asociación, en su artículo 12.2 lo reconoce de forma palmaria. Sobre la acusación de competencia desleal o intrusismo, implícita en ciertas afirmaciones de este estudio, ya me he extendido en un artículo anterior que podéis leer en ARTEZBLAI.

Por otro lado, es aconsejable tener mucho tacto al hablar de la relación de los profesionales con el teatro amateur, habida cuenta de que muchos profesionales, sin formar parte de los grupos, prestan servicios para, o colaboran con, el teatro amateur. Deberían ser los propios grupos los que decidan, cumpliendo rigurosamente con la normativa legal vigente que les ampara, el grado de relación de su asociación, sin fines lucrativos, con el mundo profesional. “Expulsar” a los colaboradores profesionales de los grupos amateur es limitar a los grupos en aquello que les permite el marco legal en el que se mueven.  Un pequeño ejemplo… un programador de un reconocido certamen de teatro amateur declaró públicamente que, si detectaba que un grupo incluía en sus “filas” a algún actor con titulación superior de arte dramático, eliminaba al grupo de la participación en el certamen entendiendo que tenía componentes profesionales. Si asumiéramos ese criterio –la titulación- para decretar que los grupos son o no amateur, muchos de ellos deberían renunciar a tener actores o directores formados, o a miembros de su asociacion –algunos con cargos ejecutivos- competentes. Y lo que es peor estaríamos, restringiendo los derechos que la  Ley Orgánica 1-2002 de 22 de marzo reguladora del Derecho de Asociación (BOE núm. 73, de 26/03/2002) otorga a las asociaciones sin fines lucrativos.

Una reflexión especial se merece lo expresado por FAETEDA, otro de los componentes del grupo de trabajo. En este caso se supone que la transcripción de su intervención es fiel a lo expresado, dado que fueron ellos mismos los que elaboraron el mencionado informe. Parecen manifestar dudas sobre lo que es el teatro amateur o el teatro profesional, y por eso proponen “precisar que se considera teatro amateur y que es teatro profesional”. Por otro lado, manifiestan que hay que “concretar bien los límites de sus marcos de actuación y regular de una forma mucho más objetiva las condiciones de funcionamiento de estos grupos a nivel jurídico y legal”.

En un artículo anterior en ARTEZBLAI avancé una posible definición –sin duda mejorable- de lo que es TEATRO AMATEUR. “Es el arte de la escena, realizado por agrupaciones teatrales que no persiguen con su actividad fines lucrativos, y compuestas mayoritariamente por personas que practican esta actividad sin hacer de ella su medio de vida”. 

Muchos grupos de teatro amateur tienen su origen en un grupo de personas, unidos por la amistad, la pertenencia a un ámbito común o por una comunión de intereses, que decide organizarse de forma independiente (como asociaciones sin fines lucrativos, si desean operar en el marco económico) para hacer teatro y presentar al público su creación artística. Los componentes de estos grupos podrán provenir del ámbito “educacional” -estudiantes-, de un barrio, colectivo social o población concreta –como en el teatro “comunitario”-, del ámbito laboral, de colectivos de personas con necesidades de inclusión, etc. Y esas personas organizadas como grupo, pueden asumir un mayor o menor nivel de voluntad integradora, inclusiva o de implicación en el ámbito territorial o social en el que desarrollen su actividad. El grupo, sea este homogéneo o heterogéneo, será el que decida cómo enfocar su creación, su ejecución y el público al que irá destinado su producto… el espectáculo. 

Muchos de estos grupos, conscientes de que el teatro es una valiosa herramienta de creación y de transformación social, y para no limitar el alcance de su mensaje y la expresión de su creatividad, aspiran a operar en los mismos ámbitos de competencia que el profesional… el espacio común de las artes escénicas. Con una única limitación, el destino que se dan a sus “beneficios”. Unos beneficios que pueden y deben perseguir en aras de una gestión más eficaz. La Ley Orgánica 1/2002, de 22 de marzo, reguladora del Derecho de Asociación, en su artículo 12.2 lo indica claramente… “Los beneficios obtenidos por las asociaciones, derivados del ejercicio de actividades económicas, incluidas las prestaciones de servicios, deberán destinarse, exclusivamente, al cumplimiento de sus fines, sin que quepa en ningún caso su reparto entre los asociados ni entre sus cónyuges o personas que convivan con aquéllos con análoga relación de afectividad, ni entre sus parientes, ni su cesión gratuita a personas físicas o jurídicas con interés lucrativo”. Esta particularidad marca y condiciona notablemente las características, capacidades y desarrollo de estos grupos.

Asimismo sería deseable que el derecho a la producción y creación artística, consagrado y protegido por la Constitución Española en su artículo 20 (punto 1.c), fuera complementado, al menos en el caso de las iniciativas y espacios de titularidad pública o privada sin fines lucrativos, con el derecho a la distribución y acceso a los espacios de difusión o exposición pública. 

Los grupos amateur, protegidos por este marco legal (que debería conocer y, sobre todo, respetar y defender el Ministerio de Cultura y Deporte y su organismo dependiente, el INAEM) y en tanto este no sea modificado, deberían poder operar sin cortapisas ni limitaciones impuestas por terceros. Solo ellos, deberían ser los que decidan el ámbito hacia el que deseen enfocar su actividad, el modo que elijan de considerar su trabajo escénico y la tipología de los espacios en los que deseen presentar sus producciones. El público, como destinatario de esas representaciones, es el que finalmente debe avalar con su presencia, o sancionar con su ausencia, la calidad de teatro amateur o profesional, y el franquee o no el acceso de estos a los espacios de representación. 

Los adversarios siempre intentarán expulsar del sistema al competidor. Pero el mejor escenario posible, para las artes escénicas, se dará cuando, tanto los profesionales como los amateur, se reconozcan mutuamente como compañeros de viaje en su periplo creativo, bajo el techo común de las Artes escénicas. Y el INAEM debería ser, también en esta mesa de trabajo, el valedor neutral de dicha convivencia y no correa de transmisión de una de las partes.

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