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Mié, Jul

Mirada de Zebra | Borja Ruiz

La actual situación de crisis, además de una gran incertidumbre y desolación cuyo fin parece indefinidamente prorrogable, nos deja la terrible certeza de que aquellas personas que ostentan el Poder con mayúsculas son capaces de condenar a millones de personas a la pobreza mientras se enriquecen de forma insaciable. Dependemos pues de esas personas anónimas, sin nombre y sin escrúpulos, salidas de alguna universidad de prestigio con un inmaculado currículo, que nadie ha votado para que estén donde están, y que son capaces de manejar los hilos del mundo desde su sillón de cuero gobierne quien gobierne. Sólo después de varios años, tal vez cuando la situación sea irreversible, cuando estos tipejos disfruten de su jubilación en alguna isla paradisíaca, allí donde nuestra rabia no pueda llegar para cortarles de cuajo un descanso que no merecen, tal vez sólo entonces sepamos sus nombres y apellidos, y podremos mentar sus muertos en un acto de desahogo estéril.

Y es que el tiempo tal vez no deje las cosas en su sitio como se dice, pero al menos sí les pone nombre, para que, como consuelo menor, podamos explicar sin abstracciones el por qué de las calamidades que suceden. Pienso en todo esto y me acuerdo de los inicios de la Guerra del Golfo Pérsico, allá por 1991. Como recordarán, Estados Unidos, respaldado por Naciones Unidas, atacó Irak en respuesta a la invasión de este país a Kuwait. Lo que tal vez no recuerden -de hecho yo no lo supe hasta años después- es que uno de los elementos cruciales para que Estados Unidos diera el paso definitivo hacia la guerra fue la supuesta crueldad con la que Irak se estaba ensañando con el pueblo de Kuwait. Como ejemplo totémico de ello se acusó al ejercitó iraquí de entrar en un hospital y sacar a 312 bebés de sus incubadoras, dejándolos morir a la intemperie. Tiempo después, con los cadáveres de uno y otro bando ya fríos y bien contados, se supo que aquello de las incubadoras fue un montaje perfectamente organizado. La cosa tiene su miga, y a ella le intentaremos dar un pellizquito en la columna de hoy.

La situación meses antes de la guerra no era diáfana para que Estados Unidos acometiese la invasión de Irak. El pueblo americano, con la sombra de Vietnam siempre encima cada vez que suenan cornetas de guerra, no apoyaba el ataque militar. Numerosas encuestas y manifestaciones lo constataban para el desconcierto del gobierno de Bush padre. Con el objetivo de revertir el sentir de la opinión publica, desde algún departamento gubernamental y gracias a una prestigiosa compañía publicitaria se elaboró una exitosa estrategia de propaganda. A falta de argumentos políticos o sociales que encubriesen los verdaderos intereses económicos, era necesario tocar la fibra sensible del ciudadano de a pie. Había que inventarse un hecho con suficiente enganche emocional que copase los medios de comunicación mundiales para aplacar el movimiento en contra de la guerra. Y ese fue, precisamente, el cuento de las incubadoras.

Para dar verosimilitud y dimensión a la argucia, la agencia publicitaria organizó una especie de congreso sobre derechos humanos con el auspicio de republicanos y demócratas. Y en medio de ese encuentro de cartón contra las injusticias, en un preparadísimo clima de seriedad, apareció una chica kuwaití de 15 años, de aspecto angelical, conteniendo a duras penas las lágrimas y los sollozos, pero cuidando que su emoción no constriñese las palabras que salían de su boca. Según decía, ella misma había sido testigo presencial del terrible acto de los soldados iraquíes, que con arma en mano habían entrado en un hospital para sacar indiscriminadamente a los bebés de las incubadoras. A partir de entonces, una vez los medios de comunicación dieron buena cuenta del testimonio plañidero de Nayirah -así es como se llamaba- para Estados Unidos todo fue más fácil. Las encuestas dieron un vuelco, lo que antes era "no" pasó a ser "sí", las manifestaciones se redujeron y la opinión pública en su conjunto ya no ponía trabas a la invasión. Atacar Irak era cuestión de justicia universal.

Como se supo después, la tal Nayirah no era un testigo casual ni fortuito, sino la hija del embajador kuwaití en los Estados Unidos. Evidentemente había sido escrupulosamente entrenada para interpretar con verosimilitud extrema aquel falso testimonio. Y claro, llegados a este punto, ante la sospecha de que el caso de Nayirah no es una excepción, uno se pregunta: ¿Quién se dedica a entrenar la interpretación de las personas que deben mentir por cuestiones de estado? ¿Dónde han estudiado estos entrenadores? ¿Qué directrices siguen? ¿Siguen a Stanislavski? ¿A Meisner? ¿A Strasberg? ¿A Adler? ¿Conocen a Lecoq? ¿Han desarrollado tal vez una forma de entrenamiento que utiliza los últimos avances en ciencia y tecnología? ¿O siguen renovadas nociones del psicoanálisis? Tal vez algún día sabremos la respuesta. Esperemos que para entonces no nos hallamos aniquilado los unos a los otros y quede alguien para contarlo.

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NOVEDADES EDITORIALES

Los cinco continentes del Teratro

Querido lector, quisiera contarte aquí cómo nació la idea de este libro porque el origen, como sabes, es al mismo tiempo, el inicio y el fundamento. A fines del siglo pasado, estábamos sorprendidos de que nuestro libro El arte secreto del actor. Diccionario de antropología teatral –publicado por primera vez en 1983– continuara siendo editado y traducido en diferentes idiomas. Probablemente resultó eficaz su fórmula simple en la que textos e imágenes tienen la misma importancia, y uno constantemente remite al otro; las ilustraciones se volvían protagonistas para sostener un nuevo campo de estudios, la antropología teatral ideada por Eugenio. Si como estudioso del teatro yo había colaborado con la antropología teatral, ahora le pedía a Eugenio su participación en la vertiente de la Historia, con un libro que imaginábamos como un complemento del precedente. Aun teniendo que decidir toda la organización del libro, me respondió que era una buena idea y me propuso que los argumentos giraran en torno a las técnicas, nunca lo suficientemente estudiadas, de los actores.
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Puntos de vista

Es un privilegio el poder dar a conocer el trabajo que desde finales de los años 60 Suzanne Osten ha desarrollado tanto en Suecia como en el resto del mundo, a través de presentaciones, giras, conferencias y workshops. El alcance de la obra de Suzanne se se debiera condensar en unas pocas palabras toda su obra hablaría de: riesgo, compromiso, comunicación, lucha y una inalterable apuesta por los olvidados dentro de los olvidados: los niños. Y junto a ellos los jóvenes. Es a ellos a los que Suzanne ha dedicado una enorme parte de su actividad creadora.
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Poética del drama moderno

El objeto de esta obra es el de definir el nuevo paradigma de la forma dramática que aparece hacia 1880 y que continúa hasta hoy en las dramaturgias contemporáneas. Se tiende así un puente entre las primeras obras de la modernidad en el teatro como las de Ibsen, Strindberg o Chejov, y las más recientes, ya se trate de las obras de Heiner Müller, Bernard-Marie Koltès o Jon Fosse. Jean-Pierre Sarrazac desvela la dimensión rapsódica del drama moderna: una forma abierta, profundamente heterogénea, en la que los modos dramático, épico y lírico, e incluso argumentativo (el diálogo filosófico que contamina al diálogo dramático), no dejan de ensamblarse o de solaparse. Lejos de compartir las ideas de “decadencia” (Luckàcs), de obsolescencia (Lehmann) o de la muerte del drama (Adorno), Poética del drama moderno dibuja contornos, siempre en movimiento, de una forma la más libre posible, pero que no es la ausencia de forma.
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La zanja

¿En qué momento compartimos el viaje que nos hizo ser tan iguales? ¿Cómo reprocharnos y atraernos tanto? La respuesta está en el tiempo pasado, en nuestros ancestros, en el recuerdo común que permaneció oculto. Porque en definitiva, hemos heredado las acciones de unos hombres sobre otros y las influencias sobre el colectivo. La Zanja refleja el encuentro entre dos mundos, ese ciclo infinito que se repetirá una y otra vez. Es un trabajo exhaustivo de creación, surgido de la documentación de las crónicas de la época y nuestros viajes al Perú actual.
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Pasarela Senegal

En enero de 2007 el diseñador Antonio Miró presentó en la Pasarela de Barcelona un desfile no exento de polémica con ocho inmigrantes sin papeles y una escenografía con una patera y cajas. De tal acontecimiento le surge la idea de la obra a López Llera, quien, a raíz del suceso siente la necesidad de reflexionar sobre el papel del artista en la sociedad del espectáculo2, sobre la validez y efectividad de las denuncias sociales a través del arte y sobre el sentido de su propia escritura. La pieza constituye una magnífica denuncia dramática de la banalización de la cultura y del espectáculo.
Precio : 10€

Hacia una poética del arte como vehículo de Jerzy Grotowski

La reinvención de Pere Sais ondea en el título de la obra: Hacia una poética del arte como vehículo. Grotowski, como se sabe, imaginaba que la “cadena” de las performing arts podía mantenerse tensa entre dos extremos: el arte como presentación por una parte y el arte como vehículo en el extremo opuesto. Al hablar de poética del arte como vehículo se realiza un salto epistemológico.
Precio : 24€