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Vie, Sep

Y no es coña | Carlos Gil

Tengo en mis manos una revista cultural editada en la Córdoba de Argentina, 'Desterradxs', que lleva en portada nada menos que al creador teatral local Jorge Villegas uno de esos dramaturgos, directores y docentes a los que hay seguir la pista por la profundidad de sus trabajos y sus pensamientos sobre el noble oficio de hacer teatro. Y también por la visión crítica que tiene sobre la gestión cultural en términos globales y en términos políticos especialmente.

Estamos precisamente aquí, en esta Córdoba, porque mañana se inaugura el Girart, 4º Mercado de las Artes Escénicas y de la Música de Argentina, donde se van a reunir gestores, promotores, directores de festivales, productores, artistas y analistas externos como es mi caso, con el fin de crear contactos, provocar actuaciones, giras, es decir organizar todo eso que se convierte en el tejido productivo y de sostenibilidad de lo creado previamente.

Por eso, en la revista mencionado, al leer un extenso artículo a modo de informe, 'La inversión en cultura en las Mercociudades' no puede uno sino aprender de los detalles, de las interpretaciones que se deben hacer en los números que aparecen en los presupuestos oficiales de las instituciones que se dedican a la cultura y a las artes escénicas. Las Mercociudades son algunas de las capitales o poblaciones relevantes de los países que forman esa unidad económica del Mercosur. Pero lo que queremos resaltar no es su singularidad, sino la disparidad y lo que podemos comparar con las realidades de nuestras ciudades, gobiernos o ayuntamientos, precisamente en estos momentos en donde se están produciendo cambios en la dirección política y que deben partir de hechos, estadísticas y referencias para fijar objetivos.

Como es bien sabido una de las pocas referencias que hacen mención al gasto recomendable de los estados, comunidades o ayuntamientos en general sobre el gasto en Cultura es que sea como mínimo del 1 por ciento del presupuesto general. Uno por ciento, repito, es lo que creen desde la Unesco que se puede empezar a considerar como una inversión que contribuye al bienestar cultural de los ciudadanos. Vamos a los datos concretos de varias ciudades a partir de un cuestionario de 24 preguntas abiertas realizado entre abril y agosto de 2014 vía e-mail enviadas a las Áreas de Cultura de los gobiernos locales que pertenecen a la Unidad Temática de Cultura de Mercociudades .

Sâo Paulo destina el 0,92 por ciento, que viene a representar un gasto de 18 dólares por habitante y año, mientras Buenos Aires destina un 1,95 por ciento y eso significa 50,00 dólares por habitantes y se da el dato de una ciudad llamada Canelones que destina el 5,5 por ciento, 363 dólares por ciudadano. Pero el promedio de las ciudades estudiadas queda en 1,50% y 18,00 dólares por habitante.

Cuando se miran con mayor detenimiento los datos se da uno cuenta que en Canelones y Rosario que figura con un 3,5 % de porcentaje de sus presupuestos municipales, resulta que engloban otros conceptos, porque son concejalías con Deportes y Zoológicos (sic), en la primera y Educación en la segunda. La casuística es amplia, pero donde más nos sorprenden los resultados es cuando se delimita de estas cantidades el porcentaje destinado a personal y el que va a la realización de programas proyectos y actividades, cuya media es del 66% para el mantenimiento funcionarial y el 34 % destinado a la actividad propiamente dicha.

Y con datos tan espectaculares como que en Córdoba sobrepasa el 70 por ciento en personal y que en Sâo Paulo se invierte la relación y con solo el 21,6 a este capítulo, el 78,4 va directamente a los programas. Y es en este balance donde creemos que se deben buscar los equilibrios además de incrementar los porcentajes globales. Sabemos de alguna unidad de producción del INAEM cuyo porcentaje para el escenario, es decir para cumplir con sus fines, para su relación con el resto de la ciudadanía no llega ni al 20% mientras el 80% es personal y mantenimiento.

Sería interesante conocer estudios similares en el Estado español para saber en qué momento nos encontramos porque como dicen estas ciudades americanas "el desarrollo cultural es un derecho humano fundamental que implica el fomento de prácticas culturales y la libre circulación y acceso a bienes y servicios culturales". ¿Se aplica en alguna de las instituciones de algún lugar ese mínimo uno por ciento señalado por la Unesco? Tengo dudas, me gustaría conocer datos fehacientes recientes. Las declaraciones políticas se sustentan en los presupuestos.