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Jue, Feb

Foro fugaz | Enrique Atonal

 

El tema de la Inteligencia Artificial no es nuevo en el teatro. Es más en esta época de Series de TV, de saturación video en Internet, de imagen en dos dimensiones a ultranza, de futuro hoy, recordemos que el teatro aportó la primera y muy imitada epopeya de ciencia ficción sobre la IA: La obra R.U.R. del checo Karel Capek. 

Capek es un héroe del teatro, de la democracia, de la anticipación social-científica. Una de las tantas víctimas de los nazis y, lo que es peor, de los comunistas estalinianos que los substituyeron en Praga. En R.U.R (obra de anticipación por excelencia) inventa la palabra robot, que en realidad le sugirió su hermano José, para nombrar a los inventos humanoides (IA) de una fábrica. Robot, la sombra de Frankenstein que nos inquieta, heredero de los autómatas de figura humana del siglo XVIII, y hasta una sombra de magia y prestidigitación en la Cabeza Encantada de la segunda parte del Quijote.

Pero vayamos por partes, los nazis no pudieron detenerlo con su Gestapo, porque falleció antes de que se lo llevaran preso, en 1938. Capek vivía apartado, fuera de Praga, y falleció de un edema pulmonar pocos días antes de su arresto. Los comunistas tampoco apreciaron su gusto por la libertad y sus críticas al totalitarismo. Prohibieron sus libros en la Checoslovaquia ocupada de la postguerra, porque juzgaron que eran publicaciones burguesas y contrarias a la dictadura (del proletariado). Su vida y obra estuvo dedicada a defender los valores de la libertad y la democracia.

Pero regresemos a R.U.R (Robots Universales Rossum) la obra de anticipación que puso en circulación el concepto de ‘robot’. La obra cuenta la construcción de robots, que resultan ser más fuertes e inteligentes que el hombre, y que terminan por exterminar a sus creadores. Para ser como los hombres hay que aprender a dominar y a matar, lo dice claramente uno de los personajes, jefe de la revuelta antihumana en la obra.

R.U.R. obra visionaria y delirante (publicada en 1922), su argumento se va acomodando poco a poco a la situación actual. Uno de los personajes dice estás proféticas palabras: Sueñan con sus dividendos, y sus dividendos son el fin de la humanidad… La humanidad se pierde, los robots (inteligencia artificial) destruyen todo sin piedad, pero con todo su inteligencia pierden la forma de reproducirse y propagarse. Quedan sentenciados a desaparecer, por su propia ambición. Y aquí y ahora la Inteligencia Artificial comienza a sitiarnos, paranoica visión de un pobre cronista.

A pesar de su pesimismo Capek encuentra una salida: el amor. La capacidad de amar convierte a los robots en seres con verdad. Y yo creo que el teatro y su mecanismo de búsqueda de la verdad, es asimismo una puerta de salvación de esta amenaza de deshumanización que nos llega desde la Inteligencia Artificial, y desde otros frentes no menos amenazantes. Porque finalmente el teatro es un instrumento de conocimiento hacia otras realidades. La obra R.U.R. de Karel Copek es una muestra.

 

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