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Dom, Feb

Maravillosa ensoñación

Existe ciertos tópicos que arrastran al teatro infantil hacia la ñoñez cuando no a la vulgaridad. Parece ser que los benditos programadores de espacios públicos se apuntan a todo lo trillado para dar a “su público” espectáculos de tiro directo que hablan a los niños y niñas en modo cómic o estilo circense e, incluso con juegos de participación para establecer un punto de complicidad.

Teorías aparte, alguno de esos espectáculos funciona porque, entre otras cuestiones, no permiten pensar, entretienen y divierten y “hemos pasado un buen rato”, dicen las madres y los padres al finalizar la función. Después de comer unas palomitas, salimos como entramos, que no hemos pensado en nada, sino ja, ja, ja… Todo sea dicho con mi máximo respeto hacia todo tipo de proyecto escénico que no pretendo menospreciar.

Por eso, cuando descubrimos un espectáculo exquisito como “La vida de los salmones” de Itziar Pascual presentado por la compañía extremeña Karlik danza teatro, el personal –programadores y distribuidores dentro de la Muestra Ibérica de Artes Escénicas MAE Extremadura Escena– se queda descolocado. ¿Y dónde encajo un espectáculo como este dentro de mi programación habitual?

Claro, hay que reconocer que en un mercado que se mueve dentro del “menú diario”, o a lo sumo de una carta con veinte primeros y veinte segundos a elegir, y…; pues cuando nos encontramos con un restaurante de categoría delicatesen, pensamos que no lo vamos a saber digerir, lo rechazamos sin más.

La propuesta de Karlik danza teatro, dirigida por Cristina Silveira, está dentro de lo bello, tanto visual como sonoro, y dentro de lo poético que tiene un contenido significativo de alto calado político y social. Sí, también para teatro infantil. Esta es una propuesta arriesgada para públicos con un paladar cultivado que no se conforma con zampar lo que le echen de comer; es para un público sensible, capaz de apreciar las imágenes proyectadas, la plasticidad de la danza, la canción dulce y la palabra potente, llena de intención en perfecta armonía y conjunción. Estamos hablando de un montaje de diez sobre diez.

Después de leer el texto de Itziar Pascual, Premio SGAE Teatro Infantil, y una vez visto el montaje de Karlik no me imagino ese texto dentro de una estética naturalista que alcanzaría la ñoñería y la intranscendencia. La compañía afincada en La Nave del Duende del Casar de Cáceres transcurre en este espectáculo por el lirismo en un trabajo hermoso para los sentidos, y por un tratamiento litúrgico del texto en cuanto al lenguaje expositivo. Es una maravillosa pieza de ensoñación.

Una madre intenta dormir a su hija, y para eso se vale de contar historias y de cantarle nanas. Vamos, como debería de ser normal en una familia culta que huye de los video juegos o de la televisión o de la imposición autoritaria “¡a dormir porque lo he dicho yo!”

El espectáculo plantea el rito de hacer teatro en estado puro con las acciones de una danza delicadamente expresiva que juega con la expresión corporal acompañando a la palabra con un significado profundo que incita a reflexionar; la música dialoga con las imágenes proyectadas junto a una estudiadísima iluminación que se funden para crear una magia que permite soñar, que hace clic y dispara la imaginación. 

Aparte de la madre y la hija, una bailarina está presente en todo momento dando vida a los sentimientos y emociones de la niña; a veces coinciden los tres personajes. Y el trabajo escénico se completa con una serie de preciosas ilustraciones pictóricas –trazos y colores dinámicos– que se proyectan bien sobre una pared del fondo, en la semioscuridad bien sobre el decorado de dos paredes blancas que evocan una estancia y sobre el suelo también blanco de la habitación. Un somier con un colchón y una cubierta blanca completan una escenografía limpia, esquemática y neta. En el exterior interviene la bailarina con una pelota grande y blanca. Sobre el espacio cuelgan seis globos que se iluminan en cada transición.

Y es que, la obra está fraccionada en siete escenas y un epílogo; son siete escenas que se corresponden con los días de la semana o siete ensoñaciones del Universo: la escena cero habla de “la habitación de los juegos”, le siguen las ensoñaciones de la Luna, Las sombras, / Marte, La Guerra, / Mercurio, El viaje, / Júpiter, El entreverado, / Venus, Los afectos, / Saturno, La cosecha. El epílogo habla de “mucho tiempo después”.

Es decir, Itziar Pascual ha compuesto un poema que bebe de García Lorca y de Miguel Hernández con un contenido humanista y social. No solo narra las relaciones de una madre que cuida de su hija; en el epílogo, la hija cuida de la madre con la metáfora de la “salmona” en un viaje de ida y vuelta. Entre medias se narran situaciones de miedos, de fronteras políticas, de hambre, de un mar tormentoso que hay que cruzar, de personas que ganan dinero con cada niña que abaten de un tiro desde la ventana, de guerra, de amor…

La propuesta de Karlik danza teatro transita por la belleza expositiva y la perfección técnica tanto de la danza como de la expresión musical unida a la palabra, y la perfección en la utilización de los medios técnicos. Nada queda al azar, hay un esmero exquisito en todos los aspectos que hace del espectáculo un encuentro de excelencia, solo para personas que sepan apreciar la Cultura y el Arte con mayúsculas, para espectadores que obvien los tópicos y lo vulgar.

Por supuesto, en “La vida de los salmones” el público es mero espectador de una especie de exposición museística animada; solo participa con el pensamiento, con la transposición de ideas, con el buen gusto, con el pensamiento, con la imaginación. Gran trabajo de Karlik que merece un largo recorrido, arriesgado sí, pero gratificante que educa no solo en valores éticos y políticos, sino que toca la fibra de la belleza plástica por la sensibilidad.

Manuel Sesma Sanz

Espectáculo: La vida de los salmones - Autora: Itziar Pascual - Intérpretes: Cristina Pérez Bermejo, Chloé Bird y Elena Rocha - Espacio escénico, vestuario e ilustraciones: Susana de Uña. Espacio sonoro y música original: Álvaro Rodríguez Barroso -  Musicalización de las nanas: Chloé Bird y Álvaro Rodríguez Barroso - Diseño de iluminación: David Pérez Hernando - Video-creación y animación: Mara Núñez Berrocoso -  Coreografía y dirección: Cristina D. Silveira. Compañía: Karlik danza teatro. Sala La Nave del Duende de Casar de Cáceres. Muestra Ibérica de Artes Escénicas MAE Extremadura Escena.