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Dom, Jul

Mirada de Zebra | Borja Ruiz

Quienes somos hijos del cemento lo desconocemos, pero cuentan que para estimular el andar de un burro hay que ponerle una sabrosa zanahoria delante de su hocico. El animal, tratando de alcanzar la delicatessen que cuelga del palo y conseguir así aplacar el aullido de sus papilas gustativas, avanzará hacia la hortaliza, que misteriosamente para él a cada paso seguirá igual de lejos.

En cuestión de motivaciones los humanos no somos muy diferentes de los animales, ni siquiera de los burros. Es más, si nos lo proponemos podemos ser más burros que los mismos burros. Cada acto nuestro, para que surja de la pasión, el instinto y el afán de superación, necesita de una motivación específica lo suficientemente atractiva que lo alimente, de una zanahoria particularmente suculenta que pueda espolearnos. De lo contrario la tendencia, tan natural como dañina, es dar vueltas a la misma rueda del aburrimiento y la apatía.

La relación con las motivaciones es más compleja de lo que parece. Bien sabemos, como los burros, que si la zanahoria es inalcanzable, si es la imagen de una utopía que sólo podemos admirar, el viaje no merecerá la pena. Igual resultado obtendremos si, en cambio, logramos zamparnos el manjar en el primer paso. Saciado el deseo, la marcha sin meta pierde el sentido. Saber gestionar la distancia entre las motivaciones que nos atraen y las propias capacidades no siempre es fácil. Y sin embargo, es algo fundamental si se quiere desarrollar una carrera o un proyecto, sea individual o colectivo.

Equilibrar la motivación con las habilidades emergentes de las personas es una tarea especialmente delicada en la pedagogía, particularmente en la pedagogía del arte. Quien enseña debe encontrar en quien aprende aquello que movilizará su entusiasmo y capacidad de resistencia, sabiendo que, si bien hay estímulos universales por los que todo el mundo suspira, el secreto está en que cada alumno encuentre su secreta e intransferible razón para avanzar por sí mismo. Un maestro verdadero sabe encontrar la zanahoria idónea para cada hocico. Y no sólo eso. También encuentra la manera de regular la distancia entre los objetivos y lo que el alumno es capaz de hacer. Un maestro es quien te pone la zanahoria cada vez más lejos haciéndote creer que es alcanzable, obligando a que en el intento multipliques los esfuerzos y exprimas las destrezas, y sólo te dejará que le hinques el diente cuando en el camino hayas llegado al punto más lejano posible. Poco después te seducirá con una zanahoria más apetitosa que la anterior. Dicen que el camino se hace al andar, pero aquí el camino se hace olfateando.

Este seguimiento estrecho y personalizado de quien aprende, al menos en el arte, sólo puede darse de forma completa en la relación humana y directa entre maestro y alumno. Lamentablemente el sistema educativo que heredamos nos maleduca en este sentido: la enseñanza más que flexible e individualizada, es hermética y selectiva. Las instituciones pedagógicas, como resultado de un exceso de demanda y una escasez de recursos, plantean la materia a estudio no como una motivación o un estímulo, sino más bien como una aduana que dejará en la cuneta a un buen número de alumnos, a veces de forma justificada y otras de forma arbitraria. Así, por el camino se pierden personas que ya estaban perdidas en un principio, pero también aquellos talentos inusuales que se salen del molde general. Y son precisamente estos últimos quienes frecuentemente habrán de renovar las disciplinas artísticas. Otro efecto colateral habitual en este tipo de estructuras es que los alumnos más dotados que van pasando los filtros, con el tiempo caen en la inercia, la rutina embota sus instintos contentándose con cumplir el expediente y acaban con sus potencialidades a medio desarrollar.

Por eso frente a propuestas educativas grandilocuentes anunciadas a bombo y platillo (que nadie pone en duda que son imprescindibles), se hacen igualmente necesarios proyectos más íntimos y humildes que surgen en la periferia, aquellos que promueven, desde la profesionalidad, el rigor y la ilusión, pequeñas escuelas de teatro, compañías con vocación formativa o profesionales con inquietudes especiales. Es allí, más que en cualquier jungla académica, donde mejor se cuida el vínculo maestro-alumno y donde, en consecuencia, puede surgir el hechizo de un verdadero aprendizaje.

 

 

 

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NOVEDADES EDITORIALES

Los cinco continentes del Teratro

Querido lector, quisiera contarte aquí cómo nació la idea de este libro porque el origen, como sabes, es al mismo tiempo, el inicio y el fundamento. A fines del siglo pasado, estábamos sorprendidos de que nuestro libro El arte secreto del actor. Diccionario de antropología teatral –publicado por primera vez en 1983– continuara siendo editado y traducido en diferentes idiomas. Probablemente resultó eficaz su fórmula simple en la que textos e imágenes tienen la misma importancia, y uno constantemente remite al otro; las ilustraciones se volvían protagonistas para sostener un nuevo campo de estudios, la antropología teatral ideada por Eugenio. Si como estudioso del teatro yo había colaborado con la antropología teatral, ahora le pedía a Eugenio su participación en la vertiente de la Historia, con un libro que imaginábamos como un complemento del precedente. Aun teniendo que decidir toda la organización del libro, me respondió que era una buena idea y me propuso que los argumentos giraran en torno a las técnicas, nunca lo suficientemente estudiadas, de los actores.
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Puntos de vista

Es un privilegio el poder dar a conocer el trabajo que desde finales de los años 60 Suzanne Osten ha desarrollado tanto en Suecia como en el resto del mundo, a través de presentaciones, giras, conferencias y workshops. El alcance de la obra de Suzanne se se debiera condensar en unas pocas palabras toda su obra hablaría de: riesgo, compromiso, comunicación, lucha y una inalterable apuesta por los olvidados dentro de los olvidados: los niños. Y junto a ellos los jóvenes. Es a ellos a los que Suzanne ha dedicado una enorme parte de su actividad creadora.
Precio : Próximamente

Poética del drama moderno

El objeto de esta obra es el de definir el nuevo paradigma de la forma dramática que aparece hacia 1880 y que continúa hasta hoy en las dramaturgias contemporáneas. Se tiende así un puente entre las primeras obras de la modernidad en el teatro como las de Ibsen, Strindberg o Chejov, y las más recientes, ya se trate de las obras de Heiner Müller, Bernard-Marie Koltès o Jon Fosse. Jean-Pierre Sarrazac desvela la dimensión rapsódica del drama moderna: una forma abierta, profundamente heterogénea, en la que los modos dramático, épico y lírico, e incluso argumentativo (el diálogo filosófico que contamina al diálogo dramático), no dejan de ensamblarse o de solaparse. Lejos de compartir las ideas de “decadencia” (Luckàcs), de obsolescencia (Lehmann) o de la muerte del drama (Adorno), Poética del drama moderno dibuja contornos, siempre en movimiento, de una forma la más libre posible, pero que no es la ausencia de forma.
Precio : Próximamente

La zanja

¿En qué momento compartimos el viaje que nos hizo ser tan iguales? ¿Cómo reprocharnos y atraernos tanto? La respuesta está en el tiempo pasado, en nuestros ancestros, en el recuerdo común que permaneció oculto. Porque en definitiva, hemos heredado las acciones de unos hombres sobre otros y las influencias sobre el colectivo. La Zanja refleja el encuentro entre dos mundos, ese ciclo infinito que se repetirá una y otra vez. Es un trabajo exhaustivo de creación, surgido de la documentación de las crónicas de la época y nuestros viajes al Perú actual.
Precio : 10€

Pasarela Senegal

En enero de 2007 el diseñador Antonio Miró presentó en la Pasarela de Barcelona un desfile no exento de polémica con ocho inmigrantes sin papeles y una escenografía con una patera y cajas. De tal acontecimiento le surge la idea de la obra a López Llera, quien, a raíz del suceso siente la necesidad de reflexionar sobre el papel del artista en la sociedad del espectáculo2, sobre la validez y efectividad de las denuncias sociales a través del arte y sobre el sentido de su propia escritura. La pieza constituye una magnífica denuncia dramática de la banalización de la cultura y del espectáculo.
Precio : 10€

Hacia una poética del arte como vehículo de Jerzy Grotowski

La reinvención de Pere Sais ondea en el título de la obra: Hacia una poética del arte como vehículo. Grotowski, como se sabe, imaginaba que la “cadena” de las performing arts podía mantenerse tensa entre dos extremos: el arte como presentación por una parte y el arte como vehículo en el extremo opuesto. Al hablar de poética del arte como vehículo se realiza un salto epistemológico.
Precio : 24€