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Lun, Sep

Sud Aca Opina | Patricio Sancha

Es impresionante el volumen de ese libro. No sé cómo no le cobraron sobre peso al subir al avión o no lo enviaron a la bodega de carga. Ella definitivamente lo luce de manera orgullosa, algo así como para demostrar su nivel cultural absolutamente superior. Por otro lado, queda claro la imposibilidad de ocultarlo; es algo así como un mega libro. En comparación, la Biblia parece un escueto resumen escolar.

3, 2, 1... y lo abre. Para mi sorpresa, las letras son de tamaño normal y no gigantes como yo esperaba, y además, no tiene ilustraciones como para alivianar un poco la lectura. ¿Lo terminará de leer algún día o solo es una demostración de lo que ella pretende ser o quiere que los demás crean? Algo así como las zapatillas carísimas en pies pobres o un teléfono móvil de precio prohibitivo en las manos de quien evidentemente no lo ha obtenido por su esfuerzo. Y no lo abre en las primeras páginas, sino pocas páginas antes del final. O no resistió la duda de saber si el asesino fue el mayordomo o está llevando la actuación al extremo o efectivamente lo está terminando de leer. Solo ella puede saberlo.

Prefiero creerle y pensar que por fin está terminando de leer ese libro con el cual seguramente su imaginación paso largo rato completando los escenarios y personajes enunciados.

Queramos aceptarlo o no, todos vivimos parapetados detrás de objetos con un enorme contenido simbólico para mostrarnos menos débiles de lo que en realidad somos, tratando de convencer y convencernos de una falsa realidad.

Así como en las artes marciales el más poderoso es quien tiene la capacidad de conocer todas las técnicas necesarias tanto de defensa como de ataque, incluso algunas de ellas potencialmente mortales, y al mismo tiempo ser capaz de controlarse para no utilizarlas, en la vida, el poderoso no es quien tenga más bienes materiales o fuerza sino quien sea capaz de vivir simplemente feliz.

Es evidente que tener donde dormir y que comer es enormemente tranquilizador.

Los conflictos internos comienzan cuando el norte material anula la posibilidad de encontrar la felicidad en el contacto con otros y por sobre todo, en el descubrimiento de quien es uno verdaderamente.

Múltiples escuelas filosóficas y grupos religiosos, de la más alta respetabilidad, para atraer adeptos prometen ser una guía para encontrar la verdad interior, pero en el momento en el que comienzan a pedir aportes económicos, es el momento de sospechar. El diezmo, desde mi egoísta punto de vista, es una evidencia de que algo huele mal, eso si es que ya no se ha podrido.

Cada uno de nosotros es un santuario per se en construcción continua, algo así como la sagrada familia de Barcelona en perpetua construcción y los ladrillos con los cuales auto edificarnos, son nuestras vivencias, desde la despectivamente considerada como insignificante hasta la más trascendente, todas en un calce perfecto para ir formándonos gradualmente.

Sinceramente espero que ese libro monstruoso en volumen no haya sido una máscara, sino un nuevo ladrillo indispensable en la edificación sagrada de una vida.