Sidebar

21
Jue, Oct

Un cerebro compartido | Miguel Ribagorda

La búsqueda interdisciplinar que permite ampliar las fronteras en el estudio del hecho escénico posiblemente empezó en el congreso de Karpacz en Polonia en septiembre de 1979 donde se trataron Los aspectos científicos del Teatro. Al congreso asistieron investigadores teatrales y de otros campos; Jerzy Grotowski, Eugenio Barba, Henry Laborit y Jean-Marie Pradier entre otros. En las jornadas se buscó una lectura interdisciplinar del teatro desde perspectivas científicas y biológicas y hoy se reconoce como un encuentro fundamental que sentó las bases para el desarrollo posterior de las nuevas teorías teatrales de Occidente.

 

En los años que han transcurrido desde el congreso se ha llegado a un consenso no tácito sobre las áreas de trabajo que pavimentan estos caminos, centradas en la fisiología de las emociones, de la acción y la percepción del espectador. Con toda la documentación disponible a día de hoy, uno puede hacerse una composición de lugar de dónde estamos y hacia dónde nos dirigimos, circunstancia que permite esbozar una clasificación en la que especificar aquellos estudios que están directamente relacionados con la formación del intérprete y los que no lo están bajo esta perspectiva multidisciplinar. 

En el primer grupo, estudios directamente relacionados con la actividad escénica, hay una división principal:

• Estudios sobre el actor, el espectador y la neurofisiología de ambos. Sabiendo que en cualquier actividad física o emocional está presente el sistema nervioso,  se busca entender cómo los cambios en este dan lugar a la cognición mediante sus manifestaciones de percepción (acción) y emoción: atención, memoria, lenguaje, etc. 

• Estudios sobre el actor, el espectador y la biología de ambos. La etología estudia el comportamiento de los animales en sus medios naturales, en situación de libertad o en condiciones de laboratorio, y este concepto trasladado al estudio de los participantes en una comunicación teatral, busca entender sus comportamientos en el medio natural que supone una representación teatral. De igual manera, puede encontrarse documentación sobre las relaciones entre intérpretes y espectadores en el entorno representacional, estudios que caen en el dominio de la ecología.

En el segundo de los grupos encontramos desarrollo académico en:

• Estudios de la búsqueda mutua entre profesionales de la ciencia y el arte escénico desde sus orígenes a comienzos del siglo XX hasta hoy. Estos estudios son necesarios para entender la evolución de sus intereses comunes y sus desarrollos actuales y futuros. 

• Teorías de comunicación aplicadas al hecho teatral. Bajo el supuesto de que los recursos conductuales y cognitivos del intérprete provocan modificaciones del mismo tipo en el espectador (codificadas como reacciones psicofisiológicas), se puede analizar qué tipo de comunicación es la ideal para que el espectador cierre el bucle comunicativo con la escena de manera que haga de este un espectador-intérprete activo y del hecho teatral un espacio singular e irrepetible.

• Filosofía aplicada. Hipótesis cognitivistas y su aplicación al convivio.

• Análisis empíricos de espectáculos basados en la grabación y estudio de valores psicofisiológicos del espectador y el intérprete.

Llamaría la atención de la presencia del espectador en ambos bloques ya que su estudio e incorporación a la ecuación creativa es la gran asignatura pendiente en la historia reciente del teatro occidental. El arte dramático debería ser entendido como una manifestación viva y su comprensión pasa necesariamente por considerar al intérprete y al espectador como organismos vivos en constante relación con el medio que les une (ecología y etología). En el caso del espectador, ese estar vivo tiene la connotación no solo de estar presente sino de participar en la comunicación, algo que hace mediante su percepción. Y es que el espectador es tan importante como el actor para que podamos hablar y estudiar el teatro.