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Lun, Dic

Y no es coña | Carlos Gil

Se ha celebrado en Bilbao ACT el Festival Internacional de Nuevos Creadores que nos da la oportunidad de presenciar las obras de los recién egresados, licenciados, masterizados o aturdidos por sus estudios recientemente acabados. Una ocasión magnífica para comprender que la formación, en el nivel institucional que se quiera, en asuntos de las Artes Escénicas, pero especialmente en las materias básicas y fundamentales, es decir la actuación, la dirección, la coreografía o la dramaturgia, debe sufrir un cambio para que tenga alguna relación lo que se incluye en los estudios oficiales, oficialistas, oficializados, y lo que posteriormente el mercado por un lado, y la pulsión de las novedades y tendencias más rompedoras por otra requieren.

Un amigo que fue director de la Real Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid, resumía su desazón con una apreciación demoledora: “estamos formando actores para trabajar en los parques temáticos españoles en Japón”. Dolorosa metonimia que trasluce una parte del problema: ¿qué oportunidades de trabajo tienen los licenciados? Sin meternos, de momento, con las materias curriculares, el grado de excelencia de los docentes, o lo adecuado a la realidad cultural existente, lo cierto es que la falta de una organización conjunta que tuviera en cuenta desde todos lo niveles, la necesidad de crear compañías para dar alguna salida eficaz a estas inversiones de futuro que hace la sociedad agrava la situación. Las pocas opciones que tienen muchos de nuestros jóvenes estudiantes son las series de televisión, los trabajitos coyunturales en parques temáticos o animaciones o el servicio de copas en garitos nocturnos los fines de semana.

Claro, es obvio, existen otras muchas posibilidades como es crear compañías o grupos que se busquen la vida, participar en pequeñas compañías sin una proyección clara pero con trabajos de investigación de mayor interés, apuntarse a cualquier aventura que les mantenga en forma, pero resulta que en los años de estudio, la relación con sus compañeros, la denominada profesionalización entendida como un asunto puramente contractual y monetario, va lanzando unos mensajes que se convierten en idearios, y podrán salir con mayor o menor técnica para utilizar la voz, con un cuerpo preparado para cualquier estímulo, una primaria idea de la historia del teatro o de la danza, pero parece que no se les da pistas sobre otras salidas artísticas, organizativas, más que de las predominantes, las que han logrado a base de mucho esfuerzo proporcionar una idea del teatro bastante atrasada en relación con lo que realmente se hace en las partes del mundo donde las Artes Escénicas no son un lujo social sino una necesidad cultural, y en donde los dineros públicos se utilizan para formar actores, bailarines, directores, escenógrafos, capaces de conocer la historia del teatro universal pero a los que se les han dado herramientas suficientes para plasmar el teatro, la danza, que hoy se hace, con los lenguajes y las formas estéticas que van abriéndose camino entre los nuevos públicos.

En ACT, hemos detectado que aquellos que han volado poco después de sus estudios, proponen obras, coreografías, performances que beben en impulsos estéticos no precisamente académicos e incluso los trabajos presentados en este Festival como de fin de curso de las escuelas participaban de esta misma idea renovadora. Obviamente, la preparación básica es imprescindible, pero conocer en el proceso formativo la nuevas tendencias, lo que se hace en el mundo actualmente, es fundamental, especialmente para que no se cree esa distancia tan abismal entre lo oficial, lo clasicorro, lo obvio, lo que viene del siglo XIX y principios del XX, y se adentre de una vez por todas en lo que requiere actualmente la escena, y, sobre todo, lo que pude ser el futuro, lo que está por descubrirse. El deber de las escuelas es colocarse en esta tesitura, a no ser que se quieran ir repitiendo frustraciones, transmitir espíritu de mediocridad, conceptos obsoletos, una ida funcionarial del arte de interpretar. Se necesita cambiar los convencionales planes de estudio, oxigenar los encefalogramas planos de muchas nóminas de docentes en las grandes instituciones de enseñanza reglada, y plantearse un futuro activo, transmitiendo ideas de un teatro de urgencia, con estructuras mucho más ligeras y operativas lo que vendría a convertirse en una asunción de lo nuevo, pero aprovechándose de lo actualmente momificado. Alertamos con esperanza de lo que está sucediendo, de lo que se presiente. Hay energía, ideas, fuerza, gusto, capacidad, formación bien asimilada, incluso talento. Llegan los nuevos pidiendo paso.