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Mar, Nov

Sangrado semanal | Juana Lor

Agosto. Pueblo de veraneo. Plaza secundaria. 12 de la mañana. Mercadillo. Puestos y más puestos de metal y plástico donde venden bragas, calcetines, (Señora, ¡los calcetines que compra Rajoy!) cientos de vestidos, bolsos, panceta, queso y chorizo. También se ofrecen protectores para teléfonos móviles, delantales, zapatos y chancletas, verduras, lechugas, melocotones, perfumes y cremas de marca, bolsos y gafas de sol de colores. Hay cientos de personas en esta plaza. Niños, niñas, padres y madres, parejas, abuelas, jóvenes. Todos en el mercadillo un sábado de agosto de sol de un año cualquiera de nuestro señor.

Mismo mes. Mismo pueblo de veraneo. Misma plaza secundaria. 6 horas más tarde. Talleres de artesanía. Ni el Tato. Bueno...si, 20 personas arremolinadas en torno a las 4 mesas que ofrecen la posibilidad de trabajar la madera, la arcilla blanca, la piedra o la tela. Frente a mi, tengo ahora una flor tallada en madera de castaño, que es una de las mejores maderas para tallar. ¿Por qué? Porque es una madera dúctil que no es demasiado dura. Así, cuando se trabaja en ella para darle forma, no hay mucho riesgo de llevarse por delante medio bloque de madera, cuando sólo se quiere retirar un trocito.

Viendo al aprendiz trabajar la madera, registro la importancia de observar la dirección de las vetas para ir en contra de ellas. Sólo así se pueden ir levantando finas capas de material para ir ganándole espacio al material con seguridad y limpieza, para hacer surgir lo que vendrá, es decir, la flor, sin haber dañado o perdido importante material por el camino. Esto último puede suceder. En pleno proceso, puedes llevarte un buen trozo de material por delante por haber desoído a las vetas o haber aplicado excesiva fuerza con la gubia. Y, cuando esto sucede, el bloque de madera parece gemir como una herida abierta. Entonces, no queda otra que rebajar toda la zona adyacente, con cuidado, para que, después, no se note. Y para eso, hace falta más tiempo.

Esta vez es madera. Pero, ¿qué ocurre cuando se trabaja con material humano? ¿Qué pasa cuando el bloque a esculpir es una persona real de carne y hueso? Esto sucede en muchos campos del saber humano y de la cultura, muy especialmente en las artes escénicas. Es esta una rama del saber humano en el que personas esculpen a otras personas. ¿Qué hacer ante alguien puro que quiere aprender, que quiere ser formado?

El maestro artesano que trabaja con personas a las que da forma tiene un gran tesoro entre sus manos. Y por ello, una gran responsabilidad también. He oído de centros teatrales que sólo escogen un tipo de madera humana para trabajar. Madera de castaño humana: Jóvenes y delgados. Eso es lo que buscan y lo único que se atreven a modelar. Si te pasas de años o de kilos, no tienes nada que hacer. Así es fácil, ¿no creen? Es como el fotógrafo que únicamente fotografía gente bella para trabajar...

Hace tiempo, en otro pueblo y otro verano conocí a un maestro alfarero. Rafa se llama el susodicho. Después de modelar torpemente un pequeño jarrón de barro, le pregunté: Rafa: ¿qué es más importante en esto de la alfarería: la calidad de la materia prima o la experiencia de quien la modela? Y Rafa, con su palillo entre los dientes, sin mirarme ni dudar, me contestó: Olvídate del barro, lo importante son las manos. Sé que esta anécdota ya la he contado. Pero la repito porque anidó fuerte en mi corazón. Trabajar con personas es delicado. Aprender a modelarlas también.