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08
Dom, Dic

Y no es coña | Carlos Gil

Los científicos denominan "materia oscura" a todo aquello que sabiendo o intuyendo de su existencia, no tienen la certidumbre de qué está hecho o cómo se forma con exactitud. Con el descubrimiento del llamado "bosón de Higgs", hemos entrado en una semana de didáctica científica que nos recuerda la distancia existente entre ciencia y sociedad. Justo en el momento que se estrena una obra de teatro basada en algunos de los textos de Eduard Punset, un gran divulgador televisivo de algunos conceptos de las ciencias aplicadas que nos sitúa en ese territorio en donde lo que tiene ver con las matemáticas, la física o la química, parece pertenecer a una elite que vive en otra frecuencia que el resto de los mortales.

No es infrecuente que algunos autores dramáticos provengan de la rama de al ciencia. Para no abundar en ejemplos, Juan Mayorga, matemático, Jaime Salom, médico, unos de los estudios más cursados por muchos literatos y gentes de teatro, recordemos ahora mismo al desaparecido Fernando Urdiales, y muchos de sus compañeros de Teatro Corsario, médicos, algunos todavía en activo. Borja Ruiz, compañero de estas columnas, es doctor en farmacología genética, además de actor, director y docente teatral. Es decir, no existe incompatibilidad alguna, y en muchas ocasiones echamos en falta la sistematización de los métodos científicos para asuntos relacionados con las artes escénicas, especialmente en territorios tan objetivables como la formación.

Quizás los que más han profundizado en estas materias, acaban encontrándose con demasiadas "materias oscuras", esos lugares de la interpretación en donde por mucha incidencia en su metodología, existe un punto de difícil explicación, que se sabe o se intuye que funcionan de una cierta manera, al amparo de la filosofía, de las escuelas clásicas, pero que la neurología está ahora misma dando pistas de sus procesos, de su funcionamiento, en ocasiones para confirmar y en otras para crear más dudas razonables sobre la misma esencia del hecho teatral, en el que, no se olvide, interviene otro elemento imprescindible, el espectador, que tiene toda su complejidad física, química y social.

Porque quizás sea factible estructura una metodología para la composición del personaje, una tabla de ejercicios para convertir un cuerpo en una herramienta apropiada para la expresión corporal; está claro dónde se forma la voz, y cómo es posible codificar una gestualidad, nadie duda de que existen varias teorías de la dramaturgia, pero a ello se le tiene que apuntar que se tiene que convertir en un todo, en un acto, espectáculo, coreografía, manifestación artística que debe ser asumida, entendida, regurgitada por unos espectadores que no tienen ninguna necesidad de tener ninguna formación específica para entender lo que se le ofrece.

Lo grande, a mi entender, del Teatro en general, es que un individuo con el don, con una formación mínima o inexistente, puede crear grandes instantes, momentos únicos, disfrutados por otros individuos que tienen una formación general, como ciudadanos, no como espectadores, que lo disfrutan, y que aunque sean lenguajes aparentemente muy avanzados o poco convencionales, pueden ser comprendido por muchos que ni siquiera saben de sus antecedentes históricos, corrientes o fundamentos teóricos.

Cuanto mayor es l conocimiento, más posibilidades existen de mejorar, de avanzar, de profundizar. Es una proclamación universal. Pero el conocimiento, por sí mismo, no asegura una creación actoral superior, ni una puesta en escena innovadora. Existen percepciones diferentes, probablemente cercanas a la patología, que hace a unos individuos singulares, dotados con un plus para la creación que si se alimenta y se controla puede dar mucho de sí. Pero, ¿es necesario espectadores singulares, superdotados, muy formados? No; hace falta ciudadanos con ganas de experimentar, de descubrir, de dejarse llevar por esas torrenteras, que hayan tenido la oportunidad a lo largo de toda su vida académica de conocer esas artes, practicándolas en estadios primarios a ser posible. Y para que todo ello sea factible es necesario un dispositivo social, político, económico y cultural que lo alimente y lo propicie. Justo lo que se está desmantelando, en muchas cuestiones, antes de instaurarse. Esto no es materia oscura, esto es oscuridad.