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Lun, Jun

Sud Aca Opina

Más que un deporte, mi pasión absoluta es el vuelo en parapente y los fines de semana tengo el privilegio de compartirlo llevando pasajeros.

Eso me ha dado la oportunidad de experimentar diferentes aspectos del miedo, tanto del propio como el de algunos de mis pasajeros.

Para no ahondar en matices tales como temor, miedo y pánico, simplemente hablaré de una etapa intermedia; el miedo.

Miedo suele identificarse con cobardía pero no es así.

Cobarde es quien tiene miedo y no hace nada por superarlo mientras que los verdaderos valientes son aquellos que sintiendo miedo, respiran, se concentran, hacen un esfuerzo y lo superan.

Al contrario de lo que se piensa, el miedo es positivo, es un estado de alerta máximo ante un posible riesgo. Aparece la adrenalina, el ritmo de la respiración y los latidos del corazón aumentan para llevar más sangre oxigenada a los órganos, se agudizan los sentidos, entramos en un estado de alerta para reaccionar rápidamente.

Yo no utilizo la palabra miedo para no generar rechazo en mis pasajeros pero si les digo que el día en que yo no esté nervioso antes de despegar, mejor sería no hacerlo. Ese nerviosismo es el que me mantiene alerta para reaccionar rápidamente evitando así una situación compleja.

Alguna vez, por exceso de confianza tuve un grave accidente que me mandó al hospital. 2 meses de cama y casi un año de rehabilitación. Pero las pasiones no comprenden razones y aún con muletas volví a despegar para, como decimos en chile, matar el chuncho.

Ese primer vuelo después de, fue de terror.

Aunque podríamos más, solemos volar alrededor de hora y media.

Ese vuelo para matar el chuncho fue de 5 minutos en pánico pero logré espantar los fantasmas del accidente.

De eso ya han pasado 20 años.

En los pasajeros he visto de todo.

Los sin miedo: suelen no asimilar las instrucciones, no cooperan, hacen difícil el pilotaje y en el aterrizaje se caen. Sufrimiento para el piloto, el pasajero no lo disfruta a plenitud y termina siendo chistoso para todos.

El que tiene miedo pero lo supera es el pasajero ideal: asimila instrucciones, coopera, está alerta, reacciona y hace del vuelo un agrado desde el despegue hasta el aterrizaje tanto para el como para el piloto.

Aquellos que tienen un miedo incontrolable que termina en pánico y por supuesto no despegan.

Quien tuvo miedo y lo superó experimenta una sensación de logro indescriptible que lo tendrá en un estado de plenitud por varios días. Mientras más grande sea el temor superado, mayor satisfacción.

Quien tuvo pánico y no logró superar sus miedos se va frustrado, recriminándose, triste, apocado, en un hoyo negro del cual le costará mucho salir.

La conclusión es obvia; se deben superar los miedos y no dejarse superar por ellos.

No es necesario despegar los pies del suelo, la vida contemporánea da muchos miedos con la maravillosa oportunidad de superarlos.

Crear nos es innato pero solemos tener miedo a la crítica negativa que pueda tener nuestra creación.

A superar los miedos se ha dicho y vivir la plenitud de haberlo logrado.

Artez - La revista de las Artes Escénicas

 
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