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16
Lun, Dic

Y no es coña | Carlos Gil

Unos pocos centenares de creadores, artistas, intelectuales han lanzado un manifiesto reclamando al gobierno español medidas más combativas para salir de esta crisis económica que atravesamos. Lo dicen con muy poca contundencia, solicitan cosas tan lógicas que da un poco de risa recalcarlas: que la crisis no la paguen los de siempre, que se tomen medidas fiscales para que los que más tiene más paguen, que se controle las ganancias de las empresas. Cosas que hace unos pocos años formaban parte del ideario de cualquier socialdemócrata moderado y que ahora formuladas así parecen hasta revolucionarias.

En las fotos de los promotores de esta acción aparecen algunos de los artistas más queridos, aparentemente, por el actual gobierno. Muchos de ellos pidieron directamente el voto en las elecciones generales, y algunos aparecieron en la sede del PSOE celebrando con espíritu de militante el triunfo relativo de Rodríguez Zapatero. Por lo tanto estamos ante unos reformistas, como mucho. Críticas de bajo nivel que intentan empujar un poco al actual gobierno español para que no se quede en medidas simplemente mediáticas y que actúe intentando ir las raíces de los problemas. Quizás en cuanto a la macro-economía la misión sea muy difícil, porque a lo mejor tiene razón el siempre lúcido “El Roto” que asegura en una de sus gloriosas viñetas: “El sistema es insostenible pero eterno”.

Cantantes, poetas, editores, productores, directores de cine, dramaturgos, novelistas dan un toque de atención, asunto que me parece loable, aunque probablemente insuficiente. Pero esta manifestación de alerta es recibida por algunos medios de comunicación de la extrema derecha española con descalificaciones realmente esperpénticas. No les perdonan que su No a la guerra de Irak calase del tal forma y que se colocaran al frente de las manifestaciones de protesta. Desde entonces hay una ola de desprestigio y descalificaciones que afectan de manera muy directa al cine español y que tiene, claro está, sus ramificaciones en el teatro.

La última gracieta es la de llamar a los abajofirmantes “payasos amamantados”. Es una descalificación grosera pero que viene a incidir en una corriente de opinión que se camufla en ciertos foros, pero que se trasluce de las opiniones y las acciones de los neo-liberales, los que propugnan el mercado libre y que intentan instaurar una cultura sin ayudas ni subvenciones. La excepcionalidad cultural no tiene que ser un acto caritativo, una concesión, sino que debe ser un concepto que se transforme en medidas estructurales que afecten a la educación y a la sociedad en su conjunto, no solamente a los profesionales de la Cultura.

No es fácil. Pero es imprescindible hablar de estas cuestiones de manera seria, profunda, con toda la información existente sobre la mesa para que no se convierta una ayuda a la producción en un capricho, una concesión graciosa, sino un concurso de méritos, donde se está dibujando el futuro general de la Cultura y de la que se hace en vivo y en directo concretamente. Pero claro, hay que tomar decisiones. Y hay que poner límites. Ahora mismo se está subvencionando al teatro más comercial de manera escandalosa y solamente hay que mirar las programaciones de los teatros de titularidad pública para comprobarlo, para convencerse del oligopolio imperante y que se corresponde casi como un calco con las empresas y productoras que más ayudas y subvenciones reciben.

Los artistas, intelectuales, creadores en general son ciudadanos con todos sus derechos para manifestarse, hacer manifiestos, reclamar, denunciar. Y es saludable que se muevan. Lo mismo que está bien que las empresas catalanas de producción teatral, reclamen un reparto más equitativo del dinero destinado al teatro público y el que reciben las iniciativas privadas. Todos los movimientos son buenos, siempre que sea para pensar de nuevo dónde estamos y hacia dónde vamos. En el complejo mundo de las Artes Escénicas, en sus distintos niveles de incidencia hemos creado un sistema que como dice El Roto, parece insostenible a la vez que eterno. ¿No estaríamos ante la oportunidad de pensar en posibles cambios para mejorarlo?

Este payaso amamantado lo intentará para la próxima entrega.