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Dom, Feb

Foro fugaz | Enrique Atonal

Ya lo había comentado en este espacio, pero regreso ahora que ya van más de 40 días de huelga en los transportes, metro, autobuses, trenes de cercanías y de  trayectos largos: El teatro en París agoniza por falta de público, y no hablamos sólo de las obras teatrales, el fenómeno alcanza a la danza, al circo y a todo el espectáculo vivo. En el caos social, el teatro agoniza…

 

Aunque la situación de los transportes haya mejorado ligeramente, —ya hay más líneas de metro abiertas y cierta fluidez de los autobuses—, los teatros resienten profundamente los efectos de la huelga, pues por las noches la situación es confusa, y el público en general no tiene ganas de volver a enfrentar el desafío de regresar a casa. 

El teatro es un arte vivo ligado directamente a la vida de la urbe. Esta es una evidencia que se comprueba ahora que las salas de espectáculo entran en recesión aguda. Ya no se trata aquí de las dos compañías nacionales de danza, ópera y teatro, (Ópera de París y Comedia Francesa) que defienden un statu quo otorgado por Luis XIV; esas compañías estables pueden permitirse el lujo de irse a la huelga. Se trata de las pequeñas y medianas compañías que defiende su presupuesto noche a noche y que han visto cómo se derrumba su producción por falta de público. Para salvar la situación los teatros rebajan los precios de las entradas para tratar de recuperar un poco de público, aunque muchos suspenden definitivamente sus espectáculos porque las salas están vacías.

No ocurre lo mismo en los cines. Para las salas de proyección quizá haya una baja en la asistencia, pero por sus horarios múltiples y los modos de exhibición es más fácil que sigan funcionando. Nada hay más triste que un teatro semivacío, mientras que en un cine podemos ser tres espectadores y la película causará el mismo impacto. De hecho ahora la tendencia es ver las obras fílmicas en la intimidad. Mientras que el teatro necesita comunidad, seres alerta, personas que se presentan en la taquilla; el espectáculo viviente tiene horarios fijos, principalmente nocturnos, y cuando se va al teatro para ver una buena obra plena de energía es una fiesta. El público es el espectáculo, sin público el espectáculo muere. ¡Viva Pero Grullo! 

Así comprobamos cuán frágil es el teatro. En estos momentos de crisis sabemos que el teatro, como otras actividades comerciales, funciona mejor con promoción, con compañías bien establecidas, con salas de renombre, con actores conocidos de cine y tv. Obras que han obtenido premios Molière en los últimos años son las que más público convocan en París a pesar de la huelga. También las salas que consiguen salir adelante es porque tienen alguna estación cercana a los metros automáticos que funcionan normalmente a pesar de la huelga. Otro de los problemas con la huelga es que la publicidad teatral en las estaciones y en los pasillos del metro no funciona, son afiches inútiles, publicidad sin respuesta.  

Compañías internacionales han renunciado a su temporada en París, como Los Hermanos Taloche de Bélgica que anularon sus presentaciones en el teatro Le Européen, a pesar de tener reservada la sala con anterioridad, y como ellos muchos otros. Las producciones medianas tienen que cerrar antes de tiempo, la temporada de circo fue un desastre, el espectáculo viviente vive mal esta temporada de protestas. 

Lo sabíamos y lo comprobamos ahora: el teatro necesita de la sociedad en que se produce. Ir al teatro, además de ser una diversión, es apoyar al espectáculo viviente, alentar un oficio arcaico, acercarse a otra forma de conocimiento. Ir al teatro es un acto militante. Será también una manera de liberarse de los caprichos de políticos que ven al teatro como un grupo de saltimbanquis muertos de hambre que viven de las limosnas de sus presupuestos. El teatro es nuestro, no dejemos que muera su poesía y su forma de conocimiento activo.