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Vie, Jul

Y no es coña | Carlos Gil

Por penitencia auto impuesta, no por promesa, voy a intentar escribir fijándome exclusivamente en las cosas buenas o muy buenas que detecto en la vida teatral común en estos momentos en los que puedo considerar que mi vida personal y afectiva vive en un estado espumante que se acerca bastante a lo que se considera en los manuales de sicología recreativa felicidad. Sí, confieso que como a todos los seres vivos, los estados emocionales propios me infieren matices a los comportamientos en la labor cotidiana y si se trata de analizar alguna realidad, la mirada más cargada de amor o más crispada ayuda a que las defensas argumentativas que son las que guardan la compostura y cercenan los impulsos primarios, sean más propensas a ver los vasos medio llenos que vacíos.

 

Intento esbozar un mundo teatral feliz que se base en lo que existe y lo que se puede lograr, para ello tengo que apartarme de todos las instituciones tóxicas, de los cargos nominativos que asienten y de todo aquello que existiendo se puede neutralizar con decisiones políticas básicas. Es decir, esta homilía de este lunes veintisiete de enero de 2020 va dedicada a todas las María (empezando por la Sánchez), Carmen, Juan Pablo, Carlos, Juan, Norberto, Andoni, Isabel, Inés que en el mundo de la programación y la gestión son y que considero han propiciado con su trabajo y dedicación una nueva sensibilidad, una profesionalización bien entendida, basada en el entendimiento de que se está haciendo una gestión cultural pública que debe basarse en criterios democráticos y éticos, pero que a su vez deben tener un carácter “político”, en el sentido de propiciar sin sectarismos la presencia de los nuevos lenguajes, junto a los más conservadores ya establecidos pero que tienen la suficiente calidad y entidad artística y que debe hacerse todo pensando en la ciudadanía a la que sirven, para que tengan la oportunidad de acompañar y formar parte de esa comunión social con la Cultura al alcance de todos.

Quisiera introducir una reflexión hermanos en Talía, todos los gestores públicos que he mencionado de refilón y los que me callo por vergüenza teatral y que están en las antípodas en su nefasta gestión dependen de decisiones políticas previas. No se puede hacer nada en Móstoles, es un suponer, si el equipo de gobierno decide cortar toda la inversión en bienestar social y salud cultural que hace y que se canalizan en parte por sus teatros. Partimos de esta tozuda realidad, pero ¿cómo bajo consistorios de diferentes partidos, de tendencias políticas opuestas, cuando existe una gestora o gestor con criterio, que tenga bien formulada y argumentada su función, siempre se logra mantener un alto nivel en la programación y en su diversidad?

Esta reflexión en forma de pregunta ha sido parte durante muchos años de mi argumentación para enfrentarme a una manera funcionarial, indolente, de amiguetes y mayoristas que predomina o predominaba en un número excesivo de los miembros de las redes. Con ellos hoy tengo una cierta conmiseración, porque otra de las vivencias de esta semana pasada, al acudir a MADFeria, fue la de comprobar la cantidad de personas vinculadas a esta gestión que ya no conozco, que son mucho más jóvenes, que, se supone, vienen con mayor preparación curricular y que esperemos se dejen influenciar por los buenos ejemplos, que los hay y son importantes y que si crecen de manera efectiva y con convencimientos basados en su propia función de servidores públicos se logrará paliar algo la tendencia al encefalograma plano de las programaciones generalistas, que no hacen otra cosa que mantener a la ciudadanía en una consideración de clientes, que consumen productos de entretenimiento, lo que les hace cómplices del deterioro general.

Desde la más absoluta humildad, con la vocación de seguir observando la realidad de las Artes Escénicas desde la más irreductible misión de aportar sentido crítico basado en la experiencia y en los principios adquiridos desde la práctica y la teórica, la comparación y la ideología transformadora, no puedo expresar nada más que admiración, solidaridad, apoyo a todas las que van a favor de la Historia de la Humanidad y desprecio o compasión para los que se acomodan al que les paga. 

Entre todas haremos más sostenible, importante y fundamental en la vida de nuestra sociedad la Cultura y las Artes Escénicas. 

No os preocupéis, tengo cita con mi terapeuta para finales de semana.