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Mié, Oct

Y no es coña | Carlos Gil

La coyuntura me ha sumergido en una de mis realidades cotidianas. Hago de editor, por lo tanto debo asumir que soy un editor y desde ese lugar voy a intentar reflexionar unos instantes. Las circunstancia son propicias. Acabamos de presentar en Ciutadella de Menorca las traducciones al español y euskera de la obra ganadora del Premi Born de 2013; la obra premiada en 2011, El principio de Arquímedes se estaba representando en español en Madrid y Bilbao y también en euskera, gracias a la traducción editada por Artezblai. Otra obra, El diccionario, de Manuel Calzada, ha recibido el Premio Nacional de Literatura Dramática, cosa que nos honra y ayer domingo día 2 de noviembre se clausuró la décima quinta edición del salón del Libro Teatral de Madrid.

Es en este contexto en el que me siento impelido a reconocerme como editor, entre otras cosas porque nuestro sello ya tiene cerca de cien libros con textos dramáticos de autores contemporáneos de todo el estado español, Iberoamérica y Europa, porque nuestra colección de Teoría y Práctica con más de veinte títulos tiene algunos libros que se han convertido en referenciales, que nuestra Colección Biblioteca Teatro Laboratorio, crece con nuevos títulos y porque todo esto se redondea con una Librería, Yorick, especializada, que nos sitúa todavía mejor en la realidad de la edición y distribución de libros única y exclusivamente de Artes Escénicas, y algo e las Visuales.

Confieso que nuestro sello editorial surgió como acompañamiento a nuestra revista ARTEZ, que tuvo una vocación "redentora", que fue creciendo de manera casual y espontánea y que debido a los disgustos, a los sinsabores, a las amistades creadas y rotas, se ha ido transformando en una actividad que no produce un movimiento económico suficiente para vivir de ello, pero sí ayuda para mantener una actividad, absolutamente puesta en peligro constantemente, tanto por la desatención de las instituciones, como por la desafección de los profesionales del medio, como por la poca mirada panorámica de algunos autores o autoras. Y, especialmente, porque la inmensa mayoría de las editoriales que conozco no tiene un objetivo mercantil prioritario, lo que a veces, nos coloca en un terreno ambiguo que no ayuda a fortalecer el sector.

Cuando miro nuestro catálogo no puedo hacer otra cosas que sentir orgullo. Lo hemos hecho desde una independencia moderada. Quiero decir que no hay imposiciones de ningún tipo, los hemos elegido nosotros, pero los criterios para esa elección son, en ocasiones contradictorios. Por ejemplo, es un honor editar algunos premios teatrales, el Premi Born, por excelencia, pero eso nos subordina a la elección, nítida, limpia, sin asomo de sospecha, de un jurado ajeno. En otras ocasiones hemos publicado por cercanía, por amistad, por apuesta de futuro. Hasta la fecha, es decir hasta el día 2 de noviembre de 2014, ningún autor ha pagado su edición. No lo permitimos. Es algo muy habitual en otras editoriales, que lo comprendemos, pero en nuestra casa, no ha sucedido y no esperamos que suceda. Otra cosa es que el autor venga con un ayuda institucional para la edición y entonces sirva para decantar la elección.

El mercado del libro teatral no existe. Es un mercado volátil, con auténticas competencias desleales, yo diría incluso que rozando lo penal, que se complica cada día más porque los autores y autoras, libremente, se sienten generosos y cuelgan en sus blogs o en lugares adecuados sus textos para que se los bajen todos los usuarios que así lo deseen. Eso merma, obviamente, la posibilidad de que una editorial recupere algo de su inversión. No quiero hablar del cuento chino de la edición digital, ni de las plataformas u otras monsergas. Nosotros desde hace siete años tenemos los instrumentos técnicos para hacerlo y hemos decidido suspenderlo hasta nueva era tecnológica o social. O cambio generacional.

Si a veces hablo mucho en primera persona es porque en un porcentaje muy elevado de los casos, la relación con los autores publicados se ha hecho de manera personal. Nosotros sabemos por experiencia que vale mucho más un acuerdo, un apretón de manos, un abrazo que un contrato con doscientas cláusulas. Y firmamos contratos, obviamente. Pero este asunto de las artes escénicas y su vida editorial tiene que plantearse en el terreno de la relaciones personales, artísticas, culturales, generosas, de admiración y acompañamiento más que desde una perspectiva mesiánica o patológicamente comercial.

Con el noventa y ocho por ciento de los autores y autoras que han sido publicados por Artezblai, mantenemos relaciones personales buenas, afectivas, intactas en sus consecuencias. Hay confianza mutua. Los que han editado una vez con nosotros, son considerados como nuestros autores y siempre que tienen obra se les procura, en la medida de nuestras mermadas posibilidades económicas, editarles. Otros nos ha utilizado para existir, y después, si te he visto no me acuerdo. No pasa nada. Si son buenos autores o autoras y alguna vez se dirigen a nosotros, se les atenderá como se merecen. Por suerte o por desgracia, existen muchos dramaturgos y ¡dramaturgas con obras interesantes.

Por una decantación lógica, en los próximos meses se verá nuestra reafirmada orientación. Autoras y autores no conocidos en el Estado español pero con obra importante, de América, o Europa. Debemos irnos significando. Por suerte para todos han aparecido nuevas editoriales que publican todo lo que pueden. Bienvenidos. Nosotros seguiremos nuestro camino pequeño, al margen de las modas. Estamos a punto de que sea un libro real, palpable, nuestra fusión fría con Paso de Gato, a los que consideramos nuestros hermanos editoriales, con los que manteneos una relación constante y casi orgánica. Todo es posible siempre que haya generosidad, franqueza y objetivos claros. Es lo que nos pasa. México es casi nuestra segunda casa. Allí tenemos más actividad casi aquí. Gracias a todos, a las editoriales, especialmente a Escenología y Edgar Ceballos del que tanto hemos aprendido y con el que tanto soñamos y seguiremos soñando, a las personas de todos los gremios y a las instituciones mexicanas.

Como editor me siento aturdido cuando no podemos abarcar más libros, más autores. Nos enriquece esta labor editorial porque conocemos a personas realmente importantes. Pero somos una pequeña empresa, que vive de sus propios recursos y pequeñas ayudas coyunturales y aleatorias. Seguiremos buscando un lugar en la vida y las estanterías de estudiantes, aficionados y profesionales de las artes escénicas. Y mientras podamos continuaremos con nuestra línea, que no es tan difusa como parece, sino que se basa en criterios previos que a veces se pueden mantener y otras es más difícil, pero que pasa por un fundamental: Amar al Teatro. Dar a conocer el Teatro, acompañar a los creadores, propiciar el intercambio. No necesitamos mucho, con algunas sonrisas o esas conversaciones hasta el amanecer con artistas comprometidos nos vale. Desde luego que hay idiotas, pesados, egos confundidos, pero esos son simplemente anécdotas. Lo fundamental es que se escribe teatro, se edita teatro, quizás se lee teatro y se hace teatro. Y ahí estamos colaborando.