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Mar, Nov

Sangrado semanal | Juana Lor

Frederick es un ratón de ojos ensoñados. Se ha pasado todo el verano sentado en una roca enorme, haciendo, aparentemente, nada. Sus compañeros de raza alucinaban mirándolo, mientras transportaban el grano al refugio donde pasarían este invierno que, por cierto, no ha tardado en llegar. Ya llevan meses en la gruta y hace frío, a pesar de estar resguardados. Las existencias merman, porque este ha sido un año duro y no ha habido tanto que recolectar. Cada vez están más juntos, más hambrientos y más aburridos. Cierto es, además, que no hay muchas distracciones en la cueva y que ya se han cansado de verse las caras y de contarse historias tontas.

Es en ese preciso momento, al ver los ojos de sus compañeros agotados por el frío y la oscuridad, cuando Frederick decide entregar los frutos que estuvo recolectando durante el verano, sentado en aquella piedra gigante haciendo "aparentemente" nada: Y allí, en medio de aquella gruta helada y dura, el ratón de los ojos soñantes se encarama con viveza a una de las roca salientes para traer a sus compañeros los dorados rayos del sol del verano y los colores de los atardeceres de estío, que van emergiendo de su boca en forma de palabras que manchan las paredes de la cueva gris y que hacen que el resto de ratones vea los colores tan claros como si los tuviesen pintados en su imaginación.

Cuentan que cuando Unamuno estuvo en Fuerteventura, salió un día al terreno que rodeaba la casa donde vivía. Allí estaba el escritor, haciendo aparentemente nada, cuando un vecino le preguntó, azada en mano: ¿Qué, Don Miguel, descansando? Y Unamuno le contestó: "No señor, trabajando". Días después estaba el filósofo de nuevo en el jardín realizando, esta vez, alguna labor con la tierra cuando el vecino le preguntó: ¿Qué, Don Miguel, trabajando? A lo que el pensador replicó, "No, señor, no, descansando."

Anne Bogart directora norteamericana de la compañía teatral Siti Company y gran pensadora sonreiría probablemente al oír esta anécdota. Ella tiene claro que para el artista, todo es trabajo y que no hay tiempo perdido. Incluso cuando creemos estar evadiéndonos de la tarea creativa que tenemos entre manos porque, en vez de ponernos a ello, decidimos salir al jardín y sentarnos en una piedra a contemplar el atardecer o dar un paseo de asfalto aderezado con luces de ciudad. Desde las páginas de su libro La preparación del Director, Anne Bogart transmite esta idea: Tranquilo, no creas que no estas trabajando en la labor creativa que tienes pendiente por el hecho de no estar directamente con ello y por haber decido, por ejemplo, contemplar el paisaje urbano, porque esto que estás haciendo ahora, también te está llenando, también te está cargando para cuando llegue el momento de la creación directa.

Hace escasos días emitieron un reportaje en la 2 perteneciente a la serie Los oficios de la cultura, donde un experto comparte los secretos de la profesión con un joven. En este caso, las confidencias vinieron de la mano de la actriz Vicky Peña. En un momento dado, la consagrada actriz no duda en decirle a la joven lo siguiente: que aproveche los tiempos muertos que siempre hay en la carrera de un actor o actriz para mirar, para observar a la gente de la calle, para leer y para vivir la vida real. Porque después llega la vorágine de la creación, de la preparación de un espectáculo: Llega la hora de contar y de traer los rayos de sol en las manos para calentar los corazones de la gente. Y es entonces cuando uno asume que el tiempo aparentemente muerto no ha sido tal, sino que ha servido para cargar la mochila creativa de matices, andares y reacciones, frutos todos que habrán de ayudarnos a pintar de colores el largo y crudo invierno.