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Mar, Nov

Sangrado semanal | Juana Lor
Quedarse en blanco es asomarse al abismo. Y una de las cosas más terribles del asunto es, precisamente, el no reconocer que lo que a una le está sucediendo es, de hecho, un blanco. Porque, cuando una se queda en blanco, el cerebro no funciona siguiendo los cauces habituales, correspondientes a una pérdida de memoria al uso, que es, justamente, lo que primero intenta hacer el cerebro para recuperar el control de la situación. De hecho, pasa un tiempo hasta que la mente entiende que no va a ser capaz de reconducir la situación por los cauces habituales.

Porque el blanco es otra historia. Es desorientación pura. Creo que podría describirse como una desconexión absoluta. Lo que se produce, a mi entender, es una especie de salto de plano. Tiene lugar una salida brusca del mundo en el que te encontrabas sumergido: Estás sobre el escenario. Estás inmerso en el trabajo que tienes que hacer. Ejecutas y vives tu texto, la partitura, el personaje o la canción. Y entonces, sin saber cómo ni por qué, te conviertes en un ser absolutamente desorientado, con los pies clavados al suelo. Una parte de tu cerebro intenta que reacciones, pero no puedes, porque no sabes. De repente, no sabes nada. ¿Cómo vas a seguir bailando si no sabes dónde tienes la derecha y la izquierda?

Creo que es como si te hubieran sacado de una realidad que se rige por ciertas leyes y te hubieran colocado en otra absolutamente distinta. Como pasar de un mundo líquido a uno gaseoso. Sólo que todo eso ocurre sobre un escenario o en una situación en la que la persona está expuesta, está bajo presión y frente a un público. Un público que, en un principio, no advierte la tragedia que está sobreviniendo. Normalmente, esta especie de hechizo dura unos segundos (si hay suerte) o minutos (si no hay tanta suerte), un tiempo que al interesado le parecen horas, o incluso una eternidad. La sensación es la de estar absolutamente vendido. Suspendido.

Ante una situación así, aquí nos quedamos en blanco. La desconexión se produce en ese color que es la suma de todos los colores. En cambio, los alemanes sufren esta situación en negro. Ellos hablan de blackout, que en inglés significa apagón o bloqueo.

¿Se imaginan que pasaría si toda la humanidad se quedara en blanco a la vez? TOTAL BLACKOUT podría ser el título de la nueva súper-producción americana basada en paisajes apocalípticos. Sería como el Ensayo sobre la Ceguera de Saramago, pero a lo bestia. ¿Que no? Me voy corriendo a registrar la idea a la SGAE, no vaya ser que algún listo se la apropie. Ríanse, ríanse... que nunca se sabe.