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Jue, Oct

Sud Aca Opina | Patricio Sancha

Bajo ningún punto de vista mi intención es ahondar en una definición científica, filosófica, esotérica o religiosa de lo que significa el término vida, simplemente reflexionar sobre lo que el vivir puede ser desde la simple honestidad del sentir.

Lo primero a considerar es que supuestamente somos seres pensantes aunque a veces y no pocas, actuemos de manera irracional, incluso en contra de nuestros propios intereses. Razonar parecería ser entonces uno de los factores fundamentales de nuestra vida. Pero no solo la intelectualización de ciertas situaciones nos diferencia de una planta, un insecto o una medusa que indudablemente son seres vivos.

Así como somos una exquisita mezcla de materia y espíritu, también somos una compleja combinación de sentimiento y razón.

Desde mi punto de vista, en este inestable equilibrio entre 2 alternativas del actuar es donde podría radicar la principal definición de la vida humana.

Todos los seres vivos tienen un intercambio de energía con el medio que los alberga, se reproducen desarrollan y mueren pero son contados, eso sí existe otro ser vivo similar, en el que su vida esté condicionada por este devaneo entre lo que se debe, lo que se puede y lo que se hace, llevándolo muchas veces de manera irracional al actuar alejado de todo sentimiento o a racionalizar en exceso desconociendo su sentir.

Todos los extremos son negativos considerando que entre el blanco y el negro existe una infinita gama de grises.

No cabe duda que gracias al razonamiento hemos llegado a desarrollar las herramientas y tecnología que nos tienen en el actual nivel de desarrollo.

Si bien es cierto un cultivo hidropónico en vertical podría alimentar el cuerpo de cientos, la música, la poesía y las artes en general pueden alimentar el espíritu de millones.

Al vivir una puesta de sol a orilla del mar, se podría especular y hasta calcular científicamente con un alto grado de precisión el por qué de esos tonos anaranjados tiñendo el cielo o simplemente dejarse llevar por el sentimiento de paz del sol hundiéndose en el mar hasta hacer hervir nuestra imaginación.

Leí que se comienza a morir cuando los sueños son reemplazados por los lamentos y es innegable que estamos viviendo tiempos de una sociedad quejumbrosa.

Un simple experimento capaz de dar cuenta de esto es sentarse a ver uno de los noticieros televisivos lápiz en mano para anotar la cantidad de noticias negativas versus las positivas. Es muy probable que la columna de las positivas quede vacía mientras se necesiten más hojas para seguir anotando todo lo malo que los medios de comunicación no solo nos transmiten sino que nos inoculan.

Creo en el efecto mariposa pero en el fondo que me importan a mí los desastres naturales ocurridos a miles de kilómetros de mi diario vivir. No se trata de ser insensible con otros seres humanos pero por favor, un poco de optimismo para salir de este círculo vicioso de negativismo en el cual estamos atrapados.

No cabe duda que llorar de vez en cuando ayuda a desahogarse pero llorar todo el tiempo termina por ahogarnos.

Dejemos la descomposición de la luz, difracción, refracción y reflexión para quienes trabajan en óptica. Nosotros debemos disfrutar de las puestas de sol y mejor aún, compartirlas.

Vida no es, muerte no es, simplemente es y seguirá siéndolo.