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Mié, Oct

Foro fugaz | Enrique Atonal

En su ensayo, La muerte de la tragedia, Georges Steiner deplora que nuestro tiempo esté huérfano de ese género que infunde terror ante el caos, y un alivio final parecido a la armonía, un género que dejó de escribirse después del teatro isabelino. Para Aristóteles en su Poética, la tragedia es como una purga para el espectador, la pasión y el desorden son sus verdaderos motores y su representación un descanso para el espíritu. 

Nuestro tiempo podría ser rico en temática trágica: nunca como ahora la sinrazón y el caos dominan, pero en el teatro esta realidad genera farsas o melodramas, o espectáculos visuales dominados por el desorden y la desesperanza. Para encontrar la tragedia hay que recurrir al repertorio. Tal vez por eso resurgen con fuerza las puestas en escena de las tragedias antiguas, con un realizador muy en boga actualmente en Francia: el belga Ivo Van Hove. 

Conocí su trabajo en el Festival de Aviñón 2008 con las tragedias romanas de Shakespeare: Coriolano, Julio Cesar y Antonio y Cleopatra, tres obras en una misma función con el Toneelgroep de Ámsterdam. Seis horas de espectáculo que pasaron como un torrente de imágenes y de sensaciones contemporáneas. Ese parece ser el sello del trabajo de Van Hove: hacer que las tragedias clásicas sean punzantes en el presente absoluto del teatro.  

Ahora Van Hove ofrece otras dos tragedias con los actores de la Comedia Francesa: Electra y Orestes, de Eurípides, en continuidad con su estupenda puesta en escena de Los Malditos de Visconti con la misma compañía. Para presentar estos ejemplos de la tragedia griega, Van Hove va con todo: percusiones en vivo, lodo fundamental en la escena, rudeza rayana en lo grotesco, actuaciones extremas. La seria compañía de Molière convertida en una sucursal del Living Theatre o en una réplica de otro autor-director belga extremo, Jan Fabre. Lodo fundamental, danzas rituales, pasión desatada, emasculación, crimen, todo aparece en esta cantata de la venganza defendida por estupendos actores. 

Al parece el director quiere denunciar con este trabajo el proceso de radicalización que lleva al crimen, aunque en Electra y Orestes de Eurípides la razones son más familiares, de clan, más que un proceso de radicalización. Pero con la tragedia antigua se pueden hacer interpretaciones que sacudan nuestro presente, en especial cuando se desentrañan los resortes internos de la obra. 

Y ahí está el interés. El instrumento teatro que fue creado hace 2 500 años, en la forma que lo conocemos actualmente, aún tiene vigencia y eficacia. Y para dar cuenta de esta fuerza las obras de Eurípides pueden catalogarse entre las más contemporáneas de los trágicos. Terrible maquinaria en las manos de Van Hove que nos lleva a los terrores de la venganza, al anhelo de la aniquilación, al horror del caos y del crimen. El instrumento teatro en todo su esplendor, con sus cantos, sus percusiones, su escenografía, su iluminación, su coro; alcanza para eso y más, y ahora lo comprobamos en este trabajo de la Comedia Francesa. 

Se anuncia que esta obra con la Comedia Francesa participará en el Festival de Teatro de Epidauros que tiene lugar en Grecia durante el verano, ¡Qué magnífica idea! El teatro de Epidauros es tal vez el mejor conservado de la antigüedad griega. Un sitio fantástico con un ciclorama de mar y unas tribunas de piedra, con una acústica fuera de toda norma y el esplendor de los escenarios de la Grecia antigua. ¡Qué privilegio para los espectadores de este siglo XXI poder viajar en el tiempo hasta los inicios del teatro con una obra griega, pero presentada con un  sabor contemporáneo! Sin traición, pero sin la retórica del clasicismo. Eurípides audaz en su tiempo, 2500 años más tarde sigue vigente. 

¡Qué espléndida máquina del tiempo, el Teatro!