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Lun, Sep

Sud Aca Opina | Patricio Sancha

Nunca me tragué mucho eso de los zombis, unos muertos vivientes provenientes del inframundo deambulando por el mundo de los vivos vivos. Para mí, esos entes pálidos, vestidos con ropas raídas, de caminar errático con los brazos extendidos y miradas perdidas, solo eran el producto de unos pésimos guiones cinematográficos para películas de bajo presupuesto, las más de las veces, no muy bien logradas. Algunas de ellas, sin embargo, transformadas en películas de culto, por lo malas que son.

Lo de su inexistencia fue hasta que puse atención y los vi por primera vez.

Seguramente en más de una ocasión se habían cruzado en mi camino, pero inmerso en mi propio mundo, creo que el de los vivos, fui incapaz de reconocerlos como tales.

Lo bueno, o lo malo, eso depende del punto de vista, es que, al notarlos una vez, después se hace muy fácil reconocerlos, o lo que de cierta manera es equivalente, se hace muy difícil ignorarlos.

Suelen viajar en el transporte público tipo 19:00 horas, al final de una jornada de trabajo agotador. Quizás también lo hagan temprano por las mañanas, pero confieso no ser tan madrugador como para haberlo verificado.

Siempre se ha dicho que la realidad supera ampliamente a la ficción, y esto es una prueba fehaciente de su veracidad.

¿Zombis? ¿Y por qué no?

Media hora de caminata entre el hogar y la parada del transporte público, una hora y media en el transporte público y el trabajo, nueve o más horas de trabajo. Al final de la jornada laboral, una hora y media de regreso al hogar en el transporte público y media hora más de caminata. Son trece horas a las que se les deben sumar al menos media hora en el ritual de levantarse y otra media hora antes de acostarse y ojalá ocho horas de sueño.

En total 22 horas de 24 diarias solo para subsistir.

¿Y cuándo se vive? ¿En las 2 horas que quedan?

¿En los fines de semana a los cuales se llega a duras penas, agotados para solo tratar de descansar o evadirse de una realidad indeseada haciendo nada?

¿Alguien tiene alguna duda del por qué existen estos zombis urbanos?

No son producto de algún ritual vudú o hechizo de magia negra, son el resultado de una vida alienante donde se es más por lo que se tiene y no por lo que se es verdaderamente... y para obtener bienes materiales se necesita dinero, ese dinero que siempre es escaso a pesar del trabajo extenuante, al menos para la mayoría de nosotros.

¿Cómo no transformarse uno mismo en uno de esos zombis?

No creo en la existencia de recetas mágicas, y de vez en cuando, aun sin saberlo, me parece haber formado parte de ellos.

Cada uno podrá tener su propuesta de escape del inframundo, pero la mía, y aquí quiero advertir que no siempre me funciona, es la de crear.

¿Qué?

Cualquier cosa, desde escribir un cuento a fabricarles juguetes a mis hijos, pasando por algunos dibujos mal hechos y algo de poesía no muy buena.

Al menos para mí, más importante que el resultado, es el proceso. Ese ejercicio mezcla de sentimiento y razón capaz de convertirnos en el creador que somos todos y cada uno de nosotros.

Con perseverancia en el ejercicio constante de crear, sin duda iremos mejorando el resultado, y quien sabe, posiblemente, algún día, lleguemos a sentirnos satisfechos con nuestra creación.

Para espantar los malos espíritus voy a tratar de dibujar un zombi.