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Mié, Jun

Sud Aca Opina | Patricio Sancha

Nunca me tragué mucho eso de los zombis, unos muertos vivientes provenientes del inframundo deambulando por el mundo de los vivos vivos. Para mí, esos entes pálidos, vestidos con ropas raídas, de caminar errático con los brazos extendidos y miradas perdidas, solo eran el producto de unos pésimos guiones cinematográficos para películas de bajo presupuesto, las más de las veces, no muy bien logradas. Algunas de ellas, sin embargo, transformadas en películas de culto, por lo malas que son.

Lo de su inexistencia fue hasta que puse atención y los vi por primera vez.

Seguramente en más de una ocasión se habían cruzado en mi camino, pero inmerso en mi propio mundo, creo que el de los vivos, fui incapaz de reconocerlos como tales.

Lo bueno, o lo malo, eso depende del punto de vista, es que, al notarlos una vez, después se hace muy fácil reconocerlos, o lo que de cierta manera es equivalente, se hace muy difícil ignorarlos.

Suelen viajar en el transporte público tipo 19:00 horas, al final de una jornada de trabajo agotador. Quizás también lo hagan temprano por las mañanas, pero confieso no ser tan madrugador como para haberlo verificado.

Siempre se ha dicho que la realidad supera ampliamente a la ficción, y esto es una prueba fehaciente de su veracidad.

¿Zombis? ¿Y por qué no?

Media hora de caminata entre el hogar y la parada del transporte público, una hora y media en el transporte público y el trabajo, nueve o más horas de trabajo. Al final de la jornada laboral, una hora y media de regreso al hogar en el transporte público y media hora más de caminata. Son trece horas a las que se les deben sumar al menos media hora en el ritual de levantarse y otra media hora antes de acostarse y ojalá ocho horas de sueño.

En total 22 horas de 24 diarias solo para subsistir.

¿Y cuándo se vive? ¿En las 2 horas que quedan?

¿En los fines de semana a los cuales se llega a duras penas, agotados para solo tratar de descansar o evadirse de una realidad indeseada haciendo nada?

¿Alguien tiene alguna duda del por qué existen estos zombis urbanos?

No son producto de algún ritual vudú o hechizo de magia negra, son el resultado de una vida alienante donde se es más por lo que se tiene y no por lo que se es verdaderamente... y para obtener bienes materiales se necesita dinero, ese dinero que siempre es escaso a pesar del trabajo extenuante, al menos para la mayoría de nosotros.

¿Cómo no transformarse uno mismo en uno de esos zombis?

No creo en la existencia de recetas mágicas, y de vez en cuando, aun sin saberlo, me parece haber formado parte de ellos.

Cada uno podrá tener su propuesta de escape del inframundo, pero la mía, y aquí quiero advertir que no siempre me funciona, es la de crear.

¿Qué?

Cualquier cosa, desde escribir un cuento a fabricarles juguetes a mis hijos, pasando por algunos dibujos mal hechos y algo de poesía no muy buena.

Al menos para mí, más importante que el resultado, es el proceso. Ese ejercicio mezcla de sentimiento y razón capaz de convertirnos en el creador que somos todos y cada uno de nosotros.

Con perseverancia en el ejercicio constante de crear, sin duda iremos mejorando el resultado, y quien sabe, posiblemente, algún día, lleguemos a sentirnos satisfechos con nuestra creación.

Para espantar los malos espíritus voy a tratar de dibujar un zombi.

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NOVEDADES EDITORIALES

Los cinco continentes del Teratro

Querido lector, quisiera contarte aquí cómo nació la idea de este libro porque el origen, como sabes, es al mismo tiempo, el inicio y el fundamento. A fines del siglo pasado, estábamos sorprendidos de que nuestro libro El arte secreto del actor. Diccionario de antropología teatral –publicado por primera vez en 1983– continuara siendo editado y traducido en diferentes idiomas. Probablemente resultó eficaz su fórmula simple en la que textos e imágenes tienen la misma importancia, y uno constantemente remite al otro; las ilustraciones se volvían protagonistas para sostener un nuevo campo de estudios, la antropología teatral ideada por Eugenio. Si como estudioso del teatro yo había colaborado con la antropología teatral, ahora le pedía a Eugenio su participación en la vertiente de la Historia, con un libro que imaginábamos como un complemento del precedente. Aun teniendo que decidir toda la organización del libro, me respondió que era una buena idea y me propuso que los argumentos giraran en torno a las técnicas, nunca lo suficientemente estudiadas, de los actores.
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Puntos de vista

Es un privilegio el poder dar a conocer el trabajo que desde finales de los años 60 Suzanne Osten ha desarrollado tanto en Suecia como en el resto del mundo, a través de presentaciones, giras, conferencias y workshops. El alcance de la obra de Suzanne se se debiera condensar en unas pocas palabras toda su obra hablaría de: riesgo, compromiso, comunicación, lucha y una inalterable apuesta por los olvidados dentro de los olvidados: los niños. Y junto a ellos los jóvenes. Es a ellos a los que Suzanne ha dedicado una enorme parte de su actividad creadora.
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Poética del drama moderno

El objeto de esta obra es el de definir el nuevo paradigma de la forma dramática que aparece hacia 1880 y que continúa hasta hoy en las dramaturgias contemporáneas. Se tiende así un puente entre las primeras obras de la modernidad en el teatro como las de Ibsen, Strindberg o Chejov, y las más recientes, ya se trate de las obras de Heiner Müller, Bernard-Marie Koltès o Jon Fosse. Jean-Pierre Sarrazac desvela la dimensión rapsódica del drama moderna: una forma abierta, profundamente heterogénea, en la que los modos dramático, épico y lírico, e incluso argumentativo (el diálogo filosófico que contamina al diálogo dramático), no dejan de ensamblarse o de solaparse. Lejos de compartir las ideas de “decadencia” (Luckàcs), de obsolescencia (Lehmann) o de la muerte del drama (Adorno), Poética del drama moderno dibuja contornos, siempre en movimiento, de una forma la más libre posible, pero que no es la ausencia de forma.
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La zanja

¿En qué momento compartimos el viaje que nos hizo ser tan iguales? ¿Cómo reprocharnos y atraernos tanto? La respuesta está en el tiempo pasado, en nuestros ancestros, en el recuerdo común que permaneció oculto. Porque en definitiva, hemos heredado las acciones de unos hombres sobre otros y las influencias sobre el colectivo. La Zanja refleja el encuentro entre dos mundos, ese ciclo infinito que se repetirá una y otra vez. Es un trabajo exhaustivo de creación, surgido de la documentación de las crónicas de la época y nuestros viajes al Perú actual.
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Pasarela Senegal

En enero de 2007 el diseñador Antonio Miró presentó en la Pasarela de Barcelona un desfile no exento de polémica con ocho inmigrantes sin papeles y una escenografía con una patera y cajas. De tal acontecimiento le surge la idea de la obra a López Llera, quien, a raíz del suceso siente la necesidad de reflexionar sobre el papel del artista en la sociedad del espectáculo2, sobre la validez y efectividad de las denuncias sociales a través del arte y sobre el sentido de su propia escritura. La pieza constituye una magnífica denuncia dramática de la banalización de la cultura y del espectáculo.
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Hacia una poética del arte como vehículo de Jerzy Grotowski

La reinvención de Pere Sais ondea en el título de la obra: Hacia una poética del arte como vehículo. Grotowski, como se sabe, imaginaba que la “cadena” de las performing arts podía mantenerse tensa entre dos extremos: el arte como presentación por una parte y el arte como vehículo en el extremo opuesto. Al hablar de poética del arte como vehículo se realiza un salto epistemológico.
Precio : 24€