Y no es coña | Carlos Gil

Algunas lecciones aplicables

Escribo desde Cluj, una ciudad rumana de cerca de cuatrocientos mil habitantes, con unos cien mil más flotantes pues existe una actividad universitaria con estudiantes de otras poblaciones rumanas y del programa Erasmus. La semana pasada reunieron a unas docenas de críticos, investigadores, periodistas y programadores de diferentes lugares europeos para asistir a la edición número once de su Encuentro Internacional que consiste en la revisión de una decena de espectáculos creados por la propia compañía estable del Teatro Nacional que nos acogía en sus dos salas. Además de la exhibición de las obras se produjeron otras actividades complementarias, lo que se puede considerar que se trata de un festival, aunque con una única fuente de producción.
De las obras que hemos visto, nos quedamos con tres de ellas, por su consistencia estructural, estética, coherencia, trabajo muy elaborado en todos los segmentos que concurren en una producción. Me impresionó la opción tomada por el director y versionista de “Tres hermanas” de Chejov, acercando la acción en su puesta en escena a nuestros días, utilizando de manera profusa los teléfonos inteligentes, con escenario, vestuario actual, y una aliteración dramatúrgica realmente importante, hecha con decisión para poder realizar su propuesta de manea clara. Se trata de una intervención consecuente, aprovechando personajes, situaciones de la trama primigenia, pero evolucionando de otra forma más asequible para los públicos actuales. Me pareció un trabajo muy serio, inteligente, aunque tengamos que formarnos una idea desde una incapacidad suplementaria, la sobretitulación al inglés, debido al ritmo de dicción, era muy difícil de seguir. Asunto que nos ha ido restando capacidad de disfrutar de manea integral otras obras de las presenciadas.
Una obra escrita hace 170 años, “O scrisoare Perduta in Concert”, es la inspiración de un espectáculo singular, una suerte de fiesta teatral vinculada con la realidad social y crítica con el hacer político, que tuvimos la suerte de disfrutar junto a cientos de jóvenes que llenaban el teatro y que desde el inicio la hicieron suya debido a que se presentaba en formato concierto, es decir, un musical bastante corrosivo, música en directo, canciones, coreografías paródicas, un carrusel de personajes característicos que tenían una carga simbólica que nos perdíamos los extranjeros, pero que venía a depositar sobre el escenario algo que vimos al llegar al magnífico teatro, las obras externas, que hacían difícil el acceso y que la puesta en escena convirtió con unos tablones por todo el escena rio es una suerte de guiño crítico. Muy divertida, la conexión con los públicos eficaz, lo que ayudaba a trasladar de manera más directa los mensajes corrosivos, debido a una excelente actuación de todos los intérpretes.
El domingo vimos la Gran Obra, de esta edición, una magnífica versión de “Las amargas lágrimas de Petra von Kant” que sitúa la puesta en escena, la dramaturgia, en un claro mensaje de libertad sexual, LGTB, sin ambigüedades, con unas interpretaciones de todo el elenco de alto voltaje de matices, de insinuaciones, del deseo y del respeto, hasta la desesperación y los signos de destrucción y regeneración de los sentimientos. La coherencia que destila todo, el espacio escénico, el vestuario, los elementos de atrezo, la música incidental que no cesa desde el minuto cero al final, la forma de moverse de las intérpretes, su propio prosodia, el ritmo interno, le convierte en un gran espectáculo, excelente. No estamos para analizar los detalles, ni a quitar ni poner, es un espectáculo que podría – y debería¬ estar en cualquier escenario europeo por su calidad.
Vimos otras obras, alguna que firmaban dramaturga y directora jóvenes, a partir de dos casos reales de violencia de género de resultados graves. La intención era buena, pero quizás existía demasiadas ganas de decir demasiadas cosas. Por momentos encontraban el tono, la estética escénica recurrente precisa, la fuerza, per volvían al relato naturalista más neutro, menos profundo en sus formas, aunque estructuran el relato. Otro espectáculo con muchas más fugas hacia lo grotesco, pero con un sustrato de denuncia similar, un casting para un supuesto productor japonés que esconde una trata de blancas. Bastante más consistente en su estructura dramática, pero con un enfrentamiento entre hombres y mujeres que acaba de una manera realista muy poco optimista.
Desde mi palco, quisiera señalar algún apunte tangencial: el equipo actoral estable, especialmente las actrices, en esta muestra demostraron su versatilidad y calidad. Es obvio que dependiendo de la dirección y de la bondad del texto, se logran cotas mucho más eficaces de calidad. La actriz Sânziana Tarta nos pareció superlativa tras verla en cuatro personajes diferentes, en todos los casos resueltos con un bondad escénica remarcable.
La presencia de varios directores y directoras, tanto de la plantilla como externos, dan una amplia paleta de colores, de estilos, de estéticas, aunque se sustenten en el equipo actoral propio, que le da un plus de calidad evidente. Estas diferentes miradas dan a lo presenciado un sensación de avance, de apertura, de asistir a una evolución de una puesta al día que favorece todos los avances técnicos y estéticos.
Nos sorprendió que en todos los montajes presenciados se bebía, mucho, de manea excesiva, en ocasiones parecía perfectamente incardinado en la trama, en la propuesta y en otra nos pareció que formaba parte de una decisión que desconocemos su significado. También aparecían la cocaína, las pistolas, la violencia. En su conjunto, ha sido una idea clara de un teatro de mujeres, con muchos puntos de feminismo explícito, tanto en la denuncia de la situaciones de violencia de género, como en sus resoluciones de identidad sexual evidente.
Espero que esta crónica de urgencia, un poco amontonada, deje claro para mis lectores habituales la cantidad de lecciones que se desprenden de una institución teatral con plantilla artística fija, con uso del Teatro de manera exhaustiva con todo tipo de géneros, la bondad de este sistema para evolucionar, crecer con la práctica, la necesidad de aportar un contexto intelectual, filosófico, teatral, social y político en donde enmarcar la programación, no solamente a base del oportunismo, lo circunstancial, las modas, los nombres propios en boga, sino que existe una dramaturgia de la propia institución para emprender las acciones programáticas eligiendo las obras y propuestas que se instauran en lo que se pretende comunicar en su conjunto en cada temporada.
Y podría seguir, pero serían cosas subjetivas, pero en esta ciudad de Cluj, existe otro Teatro Nacional Magiar, es decir en húngaro. Y no digo más.
Bueno sí, dar las gracias a todo el equipo del Teatro Nacional de Cluj-Napoca por su invitación y su amabilidad y capacidad para hacernos comprender todo lo que nos ofrecían, que ha sido mucho.

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