Y no es coña | Carlos Gil

Conclusiones provisionales

Estoy en Alicante, en la primera semana de la trigésima edición de la Muestra de Teatro Español de Autores Contemporáneos, que estrena dirección artística y alguna parte de su estructura de funcionamiento. Lo primero y más importante es que siga para adelante, que al menos se reconozca la continuidad tanto numérica, como de fundamentos, que esté presente el anterior director y fundador, Guillermo Heras, que estuviera el subdirector de Teatro del INAEM, en las jornadas sobre autoría, que apareciera también el director general de esta institución, lo que debe interpretarse como un apoyo para su continuidad aunque, lo más importante es que debe oficializarse de manera efectiva con la creación de un Patronato que se viene reclamando desde tiempo inmemorial.

Pese a ciertas cuestiones obvias, contables, como es que se han programado la mitad de espectáculos con el mismo presupuesto, que hayamos asistido a ciertas ceremonias o espectáculos de dudosa entidad artística, lo que se debe entender que la nueva directora que no viene de la parte teatral de manera estricta, que fue nombrada de manera precipitada y tras alguna renuncia previa en Abril, debe dársele el tiempo necesario para que se asiente, se conecte de manera directa con lo que se produce con autoría teatral contemporánea en todo el Estado español, cosa que sí se ha iniciado en la parte textual porque en las jornadas hay asociaciones diversas de diversas comunidades, y que como el año próximo es electoral, sospecho que tendrá la continuidad asegurada, aunque el sistema de contratación sea demencial ya que debe rescindir el contrato al acabar la edición y volverse a contratar dentro de unos meses, si así lo deciden en el INAEM. Bueno, síntomas crónicos de una dejadez, y no diría que desprecio por la Muestra.

La autoría teatral es un buen asunto para debatir, y la Muestra es un espacio adecuado, siempre que se haga de manera planificada, porque decir y decir, hablar y hablar, es bueno, se hacen amistades, pero lo importante es que exista una interlocución potente, con amplia representatividad y que se busque con quién o quiénes sentarse para avanzar, porque, perdonen la insistencia, existe una Constitución y unos Estatutos de Autonomía y es dentro de ese entramado donde se deben encontrar los caminos para llegar a la piedra filosofal o a las leyes, reglamentos, compromisos que de manera homologada sirva par que la autoría forme parte del presupuesto de producción, exista una obligación de una cuota de autores y autoras contemporáneas en las unidades de producción, y se premie de manera e vidente lo mismo en las ayudas y subvenciones; se visibilice de manera positiva y se entienda que Juan Mayorga, premio Princesa de Asturias es uno de los nuestros, un autor de teatro, no una figura extraña como parece que se siente.

Por cierto, está por aquí Paco Bezerra, muy prudente, lo han dejado solo, hablamos de la autocensura, del miedo. Su caso desvela lo que tanto hemos escrito aquí, esa censura contagiosa, preventiva, lo que puede ser que nadie se atreva a estrenar una obra suya por si acaso la censura lanzada por el PP y sus adláteres es eterna, extensiva, obligatoria. Es muy grave, Gravísimo. Es un retroceso. Vamos a ser tan prudentes como Paco que lo he notado entero, lúcido, pero sabiendo que su situación es bastante complicada.

Para celebrar estos treinta años se preparó un espectáculo, no sé cómo llamarlo, que tenía algo positivo, no fue una sucesión de personas diciendo lo mismo, que propició una ovación muy grande para Guillermo Heras, pero que seguramente con muy buena intención, la de buscar ese público joven que da la espalda al teatro, se convirtió en algo muy flojo, muy inconsistente, muy aficionado, como si la vía para recuperar a esos públicos fuera la infantilización de lo que se hace en los escenarios. Era tan naíf la propuesta que no pude desarrolla mi actitud crítica sin una distancia preventiva. Si es por ahí por donde las nuevas generaciones entienden el acercamiento a esos públicos, tengo la impresión de que ya hemos perdido.

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