Trazas de lo desconocido

Crear con miedo es crear sin libertad

Estamos llenos de inseguridades y de excusas, llenos de temores y prejuicios. De patrones y estructuras que nos limitan el oficio y el hacer, que nos limitan las ganas de proponer y hasta quizás, la oportunidad de descubrir los propios caminos que recorrer.
Estamos llenos de miedo.

Hablo por mí y quizás también por aquellxs que en algún momento hemos tenido la sensación de estar haciendo algo mal, esa sensación que nos hace “mentir” respecto a lo que estamos queriendo decir o hacer.

Pienso primero en el país y territorio que habito y sin ir tan lejos en la historia, traigo a la memoria los constantes y continuos actos violentos, desapariciones, represión y persecución en estos últimos días, estos últimos años. Lo pienso porque es desde ahí donde se gesta gran parte del miedo que hoy nos abraza asfixiante e inmóvil. Ese gran miedo a decir lo que se piensa, a tener una opinión distinta, a ser distinto, a no seguir las normas establecidas, a estar en desacuerdo o no tener el mismo interés.

Y entonces pienso también en lo difícil que es para la creación, porque, crear es decir-hacer-ser algo, con palabras, con el cuerpo, con la voz, con lo que se construye en totalidad. Y en ese acto creativo, el miedo se convierte en resistencias, en bloqueos y en nudos difíciles de desatar. En obstáculos que no permite avanzar.

Por nombrar algunos: El miedo a decir algo políticamente incorrecto; el miedo a que te vulneren el cuerpo bajo el pretexto de la “formación”; el miedo a que no sea una idea suficientemente “buena”; el miedo a no compartir las mismas formas de trabajo; el miedo a decir que no; incluso, el miedo a unx mismx dentro del teatro.

Si de niñxs hubiésemos tomado el miedo como hoy de adultos, seguiríamos sin poder caminar, sin haber disfrutado la vida aunque sea un corto periodo de tiempo, sin poder articular palabras. Pero crecemos y hay otros ya más crecidos con todos los miedos del mundo dispuestos a transmitirlos e instalarlos como algo normal, como parte del “aprender” porque: “Si yo aprendí así, todxs deben aprender así”.

Y me pregunto ¿en dónde cabe la ruptura del miedo, en dónde del cuerpo? En donde para poder accionar, para poder romper esa transmisión del horror, en dónde para poder transgredirlo, para poder ocupar los espacios sin temor.

¿Será en la cabeza con las ideas, en los ojos con lo que se ve y cómo se ve, o en la boca con las palabras y discursos? ¿Será en el corazón con los ideales y sueños, o con todo el cuerpo en acción y en movimiento?

Pienso en el oficio creador del actor-actriz y todos estos miedos que nos han dejado atados al cuerpo y a la memoria, incluso a la memoria del cuerpo. Miedos que se transforman en nuevas formas de transmitirlos y que sin darnos cuenta, seguimos replicando por miedo a no ser igual o a no seguir al “Maestrx”, sin darnos cuenta de la oportunidad que existe de transgredir y modificar esas formas de compartir, para no replicar ese miedo a crear-ser-decir.

Si hablamos de generaciones, hay una, la más antigua a la que pertenecen muchos y muchas maestrxs que indiscutiblemente tuvieron un camino muy difícil y muy duro para la formación teatral, una dureza que fue transformada en disciplina, rigurosidad y parte de una metodología con la que empezaron a formar a las nuevas generaciones, hasta la más joven que incluso hoy, sigue recibiendo formas no tolerantes y bastante violentas hacia sí mismxs y hacia lxs otrxs, por ejemplo, podríamos hablar de diversidad y género respecto a las formas de formar desde donde se vulneran los cuerpos, pero ese es otro tema.

Todas estas generaciones habitamos una estructura que otorga el permiso y derecho a esas generaciones más antiguas, para opinar y juzgar el trabajo de lxs otrxs, para menospreciar el esfuerzo y las otras prácticas que no son iguales a las suyas, para decidir según sus criterios qué es teatro y qué no lo es, provocando ese miedo a sentirse ajenos y lejanos al movimiento, mientras que si algún joven estudiante, o alguien fuera de estas generaciones pone en duda una práctica o simplemente se interesa por otras formas de creación, inmediatamente existe un rechazo que por consecuencia se hace bidireccional, porque no se busca un dialogo al respecto de las contradicciones o desacuerdos, simplemente “Si no piensas u oficias como yo(nosotrxs), no sos parte de”. Pero no se trata de hacer lo correcto para un grupo de personas o lo incorrecto para otrxs, no se trata de quedar bien con nadie.

Y sí, quizás el miedo puede ser un impulso, pero ¿cuándo lo es? ¿cómo transitar del temor a la oportunidad? ¿qué es lo que permite hacerlo? Quizás es cuando ese miedo no representa un legado histórico de terror y traumas, que no replica formas y prácticas violentas y dolorosas, que no pretende usar el miedo como acto de superación a esos mismos miedos, sino que al contrario, se permite escuchar.

Tampoco se trata de buscar una equidad e igualdad para poder juzgar y opinar sobre lxs otrxs, no es esa la reflexión. Es más bien cuestionarnos esa aparente cuota de poder que existe sobre lxs otrxs, y re-pensar de qué forma se hace posible una convivencia sana y compartida de los conocimientos, una forma amable de verse en el otro o la otra sin títulos, sin egos y sin poder. Es poder identificar los miedos que heredamos y cómo es posible transmutarlos para no replicarlos cada año, cada generación. Quizás así el movimiento avance y evolucione, porque procura limpiar los caminos y no llenarlos de más obstáculos. Un camino donde sea posible el hacer-decir-ser sin el temor de sentirse inferior a los maestrxs; poder dar una opinión sin que se tome como una certeza a la cual se le juzgue como bien o mal según los principios del ego o motivaciones personales; quitarse el miedo a crear y compartir, porque crear con miedo es crear para satisfacer necesidades que no son las propias ni responden a los ideales personales o colectivos. Crear con miedo es quitarse la voz y obligarse a salir de espacios que también nos pertenecen porque los trabajamos. Crear con miedo es aceptar esa cuota de poder de quienes creen tenerlo. Crear con miedo es crear para ellxs y su forma de ver-vivir-oficiar el teatro, que no es la única y que sigue cambiando cada día.

Quizás es hora de crear con libertad, de hacernos preguntas para trazar caminos hacia más preguntas y quizás algunas momentáneas respuestas, porque todo cambia cuando hay libertad, aunque sea en el acto creativo cuando se hace difícil tenerla como sociedad.

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