Y no es co√Īa | Carlos Gil

De cantidades y equilibrios

Atentos al pajarito: la foto de estos momentos es la de una suerte de caos por el n√ļmero de infectados que cada uno de nosotros va teniendo conocimiento, en unos c√≠rculos que se van acercando hasta paralizar casi toda actividad realizada con una normalidad suficiente. La sensaci√≥n es que se trata de unas infecciones menos agresivas, con unos procesos m√°s cortos de rehabilitaci√≥n, especialmente para los vacunados, pero no hay manera de centrarse en cualquier actividad debido a la sucesi√≥n de bajas que se producen y que interrumpen procesos de ensayos, giras, estrenos, programaciones y as√≠ hasta que dentro de unas semanas o meses se instale en el ambiente el paso a otra fase de esta pesadilla.

Perdonen esta introducci√≥n, pero es lo que sufro desde hace unas semanas, aunque se ha acelerado la sensaci√≥n de cerco en el este pasado fin de semana. Pero hemos podido ir a ver espect√°culos, cumplir con nuestra misi√≥n, poder entablar conversaciones silenciosas con los espect√°culos presenciados, para abrirnos dudas m√°s amplias sobre el propio proceso creativo y sobre los ingredientes que conforman un espect√°culo y la sensaci√≥n de que como espectador interesado, resabiado, aprendido, tosido y sectario que uno es, recibe de algunas propuestas que considero est√°n planteadas m√°s all√° de lo habitual, de lo com√ļn, de lo correcto, de lo que m√°s abunda, para entrar en la categor√≠a de importantes.

Vi en la siempre amada Sala Cuarta Pared, ‘H√Ęma√Įk√†‘, de la compa√Ī√≠a de danza Cielo RasO, que dirige Igor Calonge, que tiene un trayectoria de once a√Īos¬†llena de encuentros, indagaciones, cambios de lenguajes, incursiones en territorios de una dif√≠cil asimilaci√≥n en un primer contacto con sus b√ļsquedas convertidas en espect√°culos que siempre interesan, inquietan, abren y cierras ventanas, ventanucos, puertas, portones, llegando a colocarse en una manera muy exclusiva de redactar sus propuestas esc√©nicas, con unas caligraf√≠as cada vez diferentes, pero a la vez que beben en la profundidad de unas convicciones y unas t√©cnicas que se aplican libremente en cada ocasi√≥n. Es un proyecto realmente en progreso constante, aunque sea a base de acercarse a una negaci√≥n de lo anterior, como si lo ya conseguido fuera solamente un recuerdo, un paso, un territorio conquistado al que hay que renombrar y reconstruir a base de otras intuiciones, otros objetivos est√©ticos, art√≠sticos, lo que les lleva a provocar en cada nueva entrega una suerte de desconcierto que al final se convierte en una celebraci√≥n en cuanto todas las claves se manifiestan y todas las piezas que concurren en el espect√°culo encajan y alivian la inquietud para convertirse en disfrute de otro tipo de belleza.

Colocados en este punto, relato lo que esta obra me fue produciendo a lo largo de toda su visualizaci√≥n y que se alarg√≥ durante d√≠as: la conjugaci√≥n de todos los elementos concurrentes, la cantidad de cada parte significativa en el resultado final, el c√≥mo algo que sea de una rotunda capacidad comunicativa, puede provocar la ocultaci√≥n involuntaria de otros elementos igualmente significativos. En este caso lo que me provocaba una sensaci√≥n de ocupaci√≥n de demasiado espacio mental era la m√ļsica. Una bella m√ļsica, muy seriada, concreta, y si en un principio pude considerar, err√≥neamente, que lo que suced√≠a es que estaba a un volumen excesivo, despu√©s comprend√≠ que era muy potente, en sus contenido, en sus formas, me abr√≠a unas expectativas espectaculares tan magnificentes, que despu√©s no se correspond√≠a con los que suced√≠a en los otros planos, la interpretaci√≥n, los movimientos, las coreograf√≠as, la iluminaci√≥n. Y esto que ahora mismo no soy capaz de considerarlo ni un error, ni una equivocaci√≥n, sino una opci√≥n, que consciente o inconscientemente Igor y todo el equipo han ido construyendo en su sala de ensayos y han llevado a los escenarios para que la otra parte imprescindible, los p√ļblicos, la sientan de una manera total o fragmentada, se queden con ese volumen de comunicaci√≥n musical, otros con la reiteraci√≥n casi obsesiva de ciertos movimientos en escena, de las rutinas que se convierten en mensajes subliminales de la desesperaci√≥n, todo eso que cada espectadora recibe, transforma y culmina en su cerebro, en su alma, en su cuerpo.

No existen fórmulas, combinaciones, porcentajes, mediciones científicas, matemáticas de la cantidad de ingredientes que deben concurrir en una puesta en escena. Hay formularios y manuales que intentan codificar de alguna manera las gotas de suspense, los grados de humor, la cantidad de gags que deben concurrir en una obra de arte. No estamos en eso, queremos indicar que a veces se producen en algunos receptores, en este caso, un servidor, estas sensaciones. Y al igual que sostengo que existe el problema de la diglosia interpretativa, es decir la calidad de los intérpretes puede condicionar el mensaje final de una obra, es decir, siempre será más creíble lo que diga un personaje interpretado por una actriz de gran calidad interpretativa, también sucede lo mismo con otros elementos concurrentes e imprescindibles, que, al ser preponderantes por cantidad o calidad, se apoderan del Todo.

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