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‘El dios del pop’ y la creación. Diego Anido

¿Quién es Dios? ¿Quién es el dios del pop? En nuestra cultura pop politeísta, uno de los más conocidos es Michael Jackson, arquetipo del genio extravagante e inconformista, caprichoso y obsesivo, vulnerable y poderoso, inmortal y desgraciado. Y como personaje arquetipo, empeñado en crear un mundo paralelo extraordinario, protagonista de una historia trágica, elevada a mito.

 

El creador gallego Diego Anido lleva más de un año preparando una pieza titulada El dios del pop. En el Teatro Ensalle de Vigo es la segunda vez que presenta el work in progress. Pero no se trata de mostrarnos algo inacabado en crudo o mal cocinado. Todo lo contrario, lo que se nos ofrece está en proceso, está inacabado, pero está bien calibrado, ritmado, contrastado y cocinado. El work in progress de El dios del pop, que tiene previsto su estreno para enero de 2022, es, en sí mismo, un espectáculo eficaz, una dramaturgia que nos formula un juego que nos permite jugar y disfrutar y que, además, se presta a emociones y lecturas con diversos niveles de profundidad.

Sin duda, todo el tiempo de cría en el que Diego está invirtiendo, a través de diversas residencias en diferentes espacios y de la exhibición del proceso, como espectáculo ofrecido al feedback del público, va a darle una maduración y una riqueza a la pieza que la va a convertir en un vino reserva.

Anido es un artista singular, sin igual, no me cabe la menor duda. No interpreta personajes. Actúa o performativiza criaturas desde un lugar único. Su performance y él, como performer de estas criaturas, nunca nos las presenta como personajes realistas que produzcan una identificación afectiva o psicológica o como personajes identificables que pudiésemos encontrarnos por la calle. Tampoco de personajes teatrales impostados o que subrayen su teatralidad, tipo Arlequino, Colombina, Pantalone, etc. No. Se trata de criaturas que rozan lo fantástico, criaturas creíbles y veraces por la organicidad coreográfica y vocal, por la realidad lúdica de la actuación, por la propia presencia del actor, afirmada en una especie de improvisación que, en el fondo, no es tal, porque está todo, más o menos, partiturizado y previsto, pero el efecto es, por momentos, de que estamos ante una improvisación.

En este show, la criatura nos revela el lado freak, hipersensible, vulnerable y disparatado de un creador (dios, demiurgo, dramaturgo), en el trance entre la vida común que le rodea (lo popular, el pop, la tele, la fama, la música, el cine, la literatura de éxito) y su mirada e imaginación sublimadoras.

El dios del pop es la alegoría de la soledad del artista, por su mirada lúdica y fantasiosa sobre el mundo y sus miserias. La infancia y la juventud de la persona diferente y, por tanto, sola y, en muchos aspectos incomprendida. La alegoría del patito feo que ya se sueña cisne. La diferencia y lo anormal como debilidad, pero también como potencia.

Por ejemplo, su capacidad para hacer música con el ruido que hace una silla escolar (la infancia, el juego) al ser arrastrada por el suelo, o con los dedos húmedos deslizándose por el borde de un racimo de copas de cristal. La capacidad para inventar o crear momentos bizarros y mágicos o para recrear lo mundano y volverlo asombroso y bonito.

El cisne aparece, pero no como Walt Disney y el imperio económico nos los suelen presentar. Anido y su criatura alegórica comparten con nosotras/os un ser que triunfa en sus anhelos cuando baila, cuando actúa, cuando crea, pero sin erradicar ese poso de dolor y ese asomo de tristeza. Me da por pensar que Diego tiene en su mirada, incluso en la alegría o cuando se ríe, el reflejo pálido y difuso entre la morriña y la saudade que matizan el carácter galaico-portugués. No sé si es la melancolía respecto a un mundo diferente al habitual, que solo puede transitarse en la imaginación y en el arte, en el escenario también, o el rastro inconsciente de la finitud y la soledad que imprime criarse en el eje atlántico peninsular, el poniente.

El dios del pop, más allá de la evocación, por asociación y por algunos elementos narrativos paralelos, del mito trágico de Michael Jackson, como arquetipo de las rarezas y las extravagancias del genio artístico, me pareció un reconocimiento, tierno y cómico, al mostruito que toda/o creador/a lleva dentro. Y también un reconocimiento a cómo la infancia y lo biográfico marcan y afectan en la vida y la vida en el arte. Porque, al fin y al cabo, el arte es vida.

¿Y Dios?

Dios es otra creación. Un dilema monstruoso o maravilloso, según se mire, igual que la ternura y el poderío de la criatura de Diego Anido en El dios del pop.

P.S. – Otros artículos relacionados:

Lo paranormal y el teatro. Diego Anido”, publicado el 19 de octubre de 2020.

Colectivo Marciano Balboa desvela lo inevitable con humor”, publicado el 3 de febrero de 2019.

Danza y poéticas posdramáticas”, publicado el 5 de abril de 2013 (Symon Pédícrí de Diego Anido).

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