Y no es coña

El núcleo central

Sigo en un proceso de laminación lenta: la mudanza de la sede de Artezblai que se inauguró hace dos décadas en Bilbao, cuando éramos siete personas ilusionadas por consolidar un proyecto de difusión de las artes escénicas a partir de una información pegada a la realidad de los espacios que programaban, primero en Euskadi, después en el resto del Estado español y poco a poco fuimos abarcando una relación muy fluida con algunas realidades del teatro iberoamericano. Los años pasan volando, pero en un editorial quedan revistas, libros, documentos que ocupan estanterías, que pesan mucho, que tras doscientos cincuenta números de ARTEZ dejan un remanente de revistas que son un legado pesado. Muy pesado.

Así que espero entiendan que ahora que por circunstancias diversas ya no somos siete, que la decisión es de una sola persona, hay momentos que se mezcla el pragmatismo con la melancolía, lo que lleva, irremediablemente, a la desesperación, al colapso. La primera acción fue ver cómo se cargaba un camión del ayuntamiento con papeles diversos, remanentes de otros productos, archivo de varias décadas que nunca se quiso hacer cargo ninguna institución. Lo guardábamos con reticencia, por si acaso. Ese por si acaso ya se ha convertido en olvido, ya no están.

Pero quedan otros camiones que llenar con libros vivos, libros que estaban esquinados, libros que nunca despegaron. Nuestra historia. Y en un campo específico, la edición en euskera, donde la realidad es bastante poco complaciente con la idea de país, de cultura, de posibilidad de engendrar una dramaturgia propia. Pero esto es otro problema que no vamos a plantear ahora. Lo único que hay pilas de libros magníficos, con traducciones espectaculares, con originales de primer orden, que nunca fueron motivo de estudio, curiosidad o necesidad del mundo teatral en euskera.

Por lo tanto, al ver que hay una historia que se va desmoronando, que va a quedar en residuos de las ilusiones, sabiendo que guardaremos un archivo de revistas ARTEZ, por si acaso, que los libros los iremos almacenando en otros lugares y sacando poco a poco, nos vamos con la redacción a otro local, más acorde con nuestras necesidades actuales y aprovechando todos los recursos tecnológicos que nos permiten la movilidad.

Mi paso después de años por Bilbao, además de remover mis entrañas, me ha servido para reflexionar sobre las motivaciones que tienen las personas para hacer teatro, para montar una obra, para hacer una revista de teatro, un periódico digital dedicado a las Artes Escénicas, unas colecciones de libros, una productora, un premio de dramaturgia o de investigación, por qué se abren escuelas, para qué sirve una Escuela Superior de Arte Dramático, sea donde sea, qué les impulsa a estudiar ,a querer dedicarse a este oficio tan arbitrario, lindo, magnífico, fantástico, pero que se debe ir reflexionado sobre él y su profesionalización de manera exhaustiva, para intentar acomodarse a los nuevos tiempos, o a los tiempos, a las circunstancias que condicionan de manera irremediable la creación, producción y exhibición.

Me espoleo gracias a unos residuos de resiliencia crónica, a un carácter rebelde que ante todos los inconvenientes se crece y busca contradecir a la realidad y al entorno, al coste que sea, pero cada día es más costoso entender este mundo, y cuando se entra en una edad en donde ya no se puede sembrar, sino que o se recoge lo sembrado o se queda todo yermo, los empujones de colaboradores, amigos, entorno sirven para poder mantenerse si no en pie, al menos no arrodillarse ante la puta realidad.

Es el núcleo central de la vida. Hacer algo para satisfacer inquietudes, para cumplir con un compromiso, para mantenerse con la sensación de utilidad. Siempre me ha parecido un milagro sacar los números de la revista ARTEZ de los últimos cinco años, con pandemia mediante. Cada lunes es para mí un reconocimiento íntimo, un saber que existen cerca de veinte mil personas del ámbito de las artes escénicas iberoamericanas que reciben este boletín resumen que quisiéramos mejorar, que alguna de las voces que me acompañan, pensadoras y críticas, ensayistas, puede ayudar a otras almas a encontrar un motivo para seguir, una pista para tomar un. camino, unas dosis de argumentos éticos para mantenerse en una postura u otra.

Esto debe ser la vida. Y a veces, pesa, pero siempre es Bella. Como el Teatro, que en demasiadas ocasiones es muy poco agradable con sus amantes, pero siempre es algo que reafirma la capacidad del ser humano para relacionarse entre ellos y los dioses.

Seguimos. Refunfuñando. Pero seguimos.

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