Velaí! Voici! | Afonso Becerra

Francisco Pillado Mayor

Siempre escribo sobre artes escénicas y espectáculos y muy pocas veces sobre personas. Lo importante es la poesía y no el poeta, pienso. Pero la vida te da un buen golpe cuando, así, sin quererlo, aparece la muerte y se lleva a personas excepcionales. Morir es natural, no tiene nada de artístico y quizás es por eso por lo que me fastidia tener que escribir sobre la muerte. Así que no lo voy a hacer. Voy a escribir sobre la vida, sobre la mejor vida que seres excepcionales, como Francisco Pillado Mayor (1941-2021), nos han propiciado.

 

Él fue uno de los artífices principales para que esto de las artes escénicas en Galicia pudiese darse, pese al contexto político mayoritariamente adverso o poco facilitador. No olvidemos que la cultura gallega subsiste bajo la presión de la cultura española en castellano y la globalización homogeneizadora. El apoyo económico, la difusión mediática, etc. son tan desiguales que la literatura y el teatro gallegos, la danza y otras manifestaciones artísticas, siempre quedan relegadas a un segundo plano frente a la literatura y el teatro español en castellano, o a la danza que se produce y difunde en lugares con una mayor apuesta y prestigio de las escénicas.

Ya en tiempos de prohibiciones y dificultades más extremas, el joven Pillado fue impulsor de iniciativas fundamentales para la renovación estética y política del teatro gallego, como la Agrupación Cultural O Facho (1965), la Escola Dramática Galega (1978), la sala Luís Seoane (1980) o Elsinor Teatro (1990), al lado de su colega el dramaturgo Manuel Lourenzo (1943).

Lourenzo y Pillado son los autores de la primera historia del teatro gallego, publicada en 1979 en complicidad con Isaac Díaz Pardo, en la editorial Ediciós do Castro, de la prestigiosa empresa de cerámicas de Sargadelos. En 1982 también publican Antoloxía do teatro galego, en Ediciós do Castro, abarcando desde la pieza fundacional de la literatura dramática gallega, Entremés famoso sobre a pesca do río miño (1671) de Gabriel Feixoo de Araúxo, hasta piezas de principios de los 80 de Euloxio Ruibal, Roberto Vidal Bolaño, Camilo Valdeorras, Millán Picouto y el propio Manuel Lourenzo.

En la presentación, Pillado y Lourenzo, explicaban:

“La carencia hasta hoy de una obra de estas características denota claramente la situación de anormalidad en que se desarrolla una de las más importantes parcelas de nuestra vida cultural. Y esta carencia, que tiene múltiples explicaciones y promueve no pocas coartadas, se ve agravada por el hecho de un progreso innegable del teatro gallego en la última década. En efecto, parece que no se corresponde esa creciente actividad teatral manifestada por la profesionalización de varios colectivos o grupos independientes y su constante presencia dentro y fuera de Galicia con la apatía editorial y la consideración marginalizada que sufren desde esas esferas ‘cultas’ o más directamente responsabilizadas en el hecho cultural […].

La carencia de publicaciones, más grave en el caso del teatro que no en el de la novela, ensayo o poesía, tiene motivos históricos y psicológicos, ambos interrelacionados. Se juzga desde siempre que la aparición del teatro en Galicia es tardía, cuando lo que es tardío – anto que aún no se ha producido enteramente– es el hecho de su reclamación social como tribuna inevitable de invenciones e ideas; y se piensa –ahora sí, con mucha razón– que toda empresa teatral es peligrosa, tanto social como económicamente”.

Y es ahí, en esa casi utópica y colosal tarea en la que Pillado se embarcó durante toda su vida. Desde una sensibilidad y una cultura muy amplias, fue uno de los primeros y principales editores relacionados con las artes escénicas, siempre atento y generoso.

Desde finales de los 70 hasta mediados de los 90 fue director de los Cadernos da Escola Dramática Galega, al lado, también, de Manuel Lourenzo, como coordinador. En ellos vieron la luz obras teatrales históricas que estaban inéditas o eran inaccesibles, así como piezas originales del momento, pequeños ensayos sobre diversos aspectos (marionetas, ópera china, el teatro gallego en Argentina, fiestas parateatrales en Galicia, escenografía, teatro catalán, etc.), traducciones o versiones de obras de Anton Chejov, Bertolt Brecht, etc.

Cuando yo comencé a hacer teatro en Becerreá (Lugo), fue en los Cadernos da Escola Dramática Galega, que habían llegado a la biblioteca de mi colegio, donde encontré las primeras obras que me sirvieron para jugar en escena. Petición de mano de Anton Chejov, en la versión de Pillado Mayor y As aventuras e desventuras dunha espiña de toxo chamada Berenguela del poeta Manuel María. Aún puedo decir de memoria algunas réplicas de ambas.

A principios de los 2000, Pillado dirige Cadernos de Teatro, con la coordinación de Lourenzo, en los que siguen publicando en la misma línea que los de la Escola Dramática Galega y facilitando la incorporación de nueva autoría de textos teatrales. Igual que acontece con la revista anual Casahamlet, cuyo número 1 aparece en 1999 y que se publica hasta el 2012, cada número alrededor de un tema monográfico, con un apartado teórico y otro de creación de piezas breves, con una factura editorial muy atractiva, debido al diseño y a las ilustraciones.

Otro libro imprescindible de Francisco Pillado Mayor y Manuel Lourenzo es Dicionário do teatro galego. 1671 – 1985, publicado por Sotelo Blanco en 1985. En este volumen se guardan las referencias principales de una época fundamental. Echando un ojo a sus páginas me doy cuenta de que, sin este volumen, algunos nombres y algunos eventos, que forman parte de la historia del teatro gallego, probablemente hoy habrían desaparecido.

La pareja Manuel Lourenzo, dramaturgo, director y actor, y Francisco Pillado, estudioso, editor y promotor, hacía un tándem que fue y es muy importante para el teatro gallego, por su complementariedad y complicidad, por su visión global y completa del fenómeno artístico. La erudición, los ensayos teóricos, la edición de textos se hacía desde una perspectiva absolutamente implicada con la práctica escénica. Cada vez que leo algún escrito de Pillado Mayor observo esa perspectiva, en la que lo estético y lo político, lo humano y lo artístico, resultan indisolubles.

Pillado fue un estudioso del teatro de Luís Seoane, sobre el que publicó un ensayo en 1985. También el trabajo Contribución de Luís Seoane ao teatro galego, análise da súa obra gráfica, literaria e teórica, por el que recibió un reconocimiento en el III Premio de Investigación Teatral, organizado por el Aula de Teatro de la Universidad de Compostela.

Su faceta como traductor también es muy relevante. Yo he leído Á espera de Godot de Samuel Beckett en gallego a través de su traducción. También tradujo o versionó piezas de Molière, Michel Ghelderode, Jean Genet, Eugène Ionesco, Anton Chejov, Osvaldo Dragún, Luís Seoane.

En el mundo de la edición ha sido y aún continúa siendo central el papel de la Editorial Laiovento, en cuya fundación en 1990 participó Francisco Pillado Mayor, junto a Xosé Manuel Beiras, Pepe Carreiro, Xesús Couceiro, Manolo González Millares y Afonso Ribas, actual director, desde que Pillado dejó la dirección en el 2014.

Pillado Mayor era un hombre atento a todo lo que se movía en el ámbito del teatro. Desde la publicación de mi primera obra, Agnus patris (Edicións Xerais, 2002) y de mi primer libro de ensayo, O ritmo na dramaturxia. Teoría e práctica da análise rítmica (a partir da primeira dramaturxia galega en verso), publicada en la colección Biblioteca-Arquivo Teatral Francisco Pillado Mayor de la Universidad de A Coruña, en 2005, una colección que recibe el nombre de la valiosa biblioteca que Pillado cedió a la Universidad. Desde entonces, siempre estuvo atento a todo lo que yo escribía y me invitó, en reiteradas ocasiones, a publicar en Laiovento. Puedo dar fe de su altruismo y sensibilidad especial, porque el primer texto que me publicó en Laiovento, la obra titulada Crio-Xénese, en 2007, es una pieza posdramática totalmente inhabitual, que salía con un hermoso prólogo de Manuel Lourenzo, titulado “A cor do silencio”.

Laiovento fue mi casa editorial mientras Pillado Mayor la dirigía y aún hoy la considero casa. En ella vieron la luz, además de Crio-Xénese (2007), Dramatículas (2010), Textículos dramáticos e posdramáticos (2013) y el ensayo Roberto Vidal Bolaño e o xogo do teatro (2012), que hace el número 300 de la editora.

En Laiovento podemos encontrar libros fundamentales, como Teatro ignorado de Ramón Otero Pedrayo, en edición y estudio de Aurora Marcos. Una joya de la dramaturgia gallega compuesta por piezas breves donde lo arcaico y la vanguardia, lo real y lo fantástico, se tocan.

También en Laiovento está el volumen colectivo titulado Banqueiros (2012), coordinado por Pillado Mayor, en el que publicamos piezas breves un amplio grupo de dramaturgas/os, poniendo en solfa la denominada “crisis económica”, de la que aún no hemos acabado de levantar cabeza.

Pillado escribía en la contraportada de Banqueiros:

“Parece evidente que, cuando hablamos de ‘crisis’, estamos utilizando un vulgar eufemismo tras el que se esconde un calculado y programado saqueo de la mafia financiera internacional para acabar de una vez con los logros alcanzados por la clase trabajadora en el transcurso de los siglos: Seguridad Social, educación y sanidad públicas, derecho a un trabajo digno, vacaciones remuneradas, etc. […].

El Teatro – junto con los púlpitos – ha sido secularmente, por causa del elevado índice de analfabetismo, el principal medio de comunicación de masas… Por esa razón, consideramos que, en las actuales circunstancias, el género dramático debe recuperar ese necesario protagonismo, denunciando lo que otros silencian, ocultan o manipulan”.

Recuerdo la pasión contenida y el brillo en los ojos de Pillado con este y con otros proyectos. Recuerdo cómo Pillado veía en el teatro un posible lugar de libertad de expresión, al margen de los intereses de las grandes corporaciones.

Recuerdo los momentos compartidos en las presentaciones de los libros, siempre tan afable y sonriente, con un aire de sabio despistado al que, contradictoriamente, no se le escapaba nada de lo realmente importante.

Pillado Mayor leía cada semana mis artículos en Artezblai. Lo sé porque me lo decía y porque, en muchas ocasiones, me escribía para comentar algunos y para pedirme que los juntase en un libro. Yo se lo agradecía, porque no es fácil encontrar a alguien que te lea y que, de manera desinteresada, tenga el detalle de comunicarse contigo para expresar su gratitud y para animarte.

Hoy, de manera un poco desordenada e incompleta, he intentado escribir sobre la vida mejor que Francisco Pillado Mayor nos ha dejado. Creo que merece que comparta contigo mi testimonio sobre su persona y su quehacer. Creo que la muerte no se lo lleva todo. Este artículo no es más que una pequeña contribución a eso: a lo que la muerte no se puede llevar.

P.S. – Artículos relacionados:

Banqueros”, publicado el 18 de abril de 2013.

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