Y no es coña | Carlos Gil

Los síntomas y el diagnóstico

Debería empezar la semana en positivo, pero las circunstancias me empujan hacia la realidad más inmediata que no es otra que la imposibilidad de realizar una gestión de cambio de domicilio sin entrar en crisis, angustia e hiperventilación. Ni decir tiene que si recibes por enésima vez comunicados de justificación de una escueta subvención dada hace más de cuatro año y que ya habías justificado, o eso creías, por lo que pelear con tu desastrosa administración, la barbaridad de trato con alguna entidad bancaria te coloca, otra vez, ante la desesperación, el no comprender nada, la acumulación de frustraciones y rabia que te llevan al borde del abandono, el desistimiento, la cancelación. Aguantamos con los marcadores vitales al límite.

La semana pasada en Cáceres en su MAE me volví a incardinar con otras realidades que se mantienen con una buena salud, quizás algo asistida por las instituciones, pero que proporcionan espectáculos y propuestas que han elevado de manera notable su capacidad de incidencia en las programaciones no solamente extremeñas, sino que pueden competir en igualdad de condiciones con otras propuestas de otras comunidades limítrofes.

El párrafo anterior está cargado de subjetivismo, buena voluntad, ganas de colaborar, pero es reflejo de lo presenciado y de una comparación en perspectiva con las primeras ediciones de esta Muestra de la que formamos parte de una manera muy activa. Todo ha mejorado. Desde los espacios donde se realizan los espectáculos, hasta la presencia de alumnos de la ESAD, que en aquellos años se estaba desplazando a su sede actual en Cáceres. La presencia de un número significativo de programadores del resto del Estado español viene a señalar esta situación positiva. La propia organización ha mejorado, aunque se sigue apretando demasiado la programación. Es una maratón que no ayuda a disfrutar ni a seleccionar con calma los trabajos presenciados. Son circunstancias, son decisiones que se entiende para aprovechar los días y para dar más oportunidades a las compañías.

Siempre que llego a este punto me quedo pensativo ya que Extremadura tiene una Ley del Teatro propia, asunto que es de suma importancia y sería interesante saber qué consecuencias en la práctica diaria ha provocado. Porque las leyes se deben aplicar y en esa aplicación es donde se puede calibrar mejor su eficacia, bondad y capacidad de transformar, o al menos, de consolidar unos mínimos comunes de ejecución presupuestaria y dotaciones entre otros muchos objetivos. Pediremos informes.

De vuelta a casa, nos hemos sumido en varios montajes del Festival de Otoño. La incidencia de su programación debe considerarse adecuada a su calidad. No soluciona deficiencias estructurales, ni debe entenderse como un placebo, pero se ve en los teatros y salas a muchos profesionales que están sumergiéndose en montajes fuera de serie. Comparar con las programaciones de los teatros institucionales madrileños es mal asunto. Mejor pasamos página.

Y es que sigo impactado por el silencio profesional ante los más que rumores sobre los tétricos movimientos de privatización de las unidades de producción del INAEM. De las quejas de muchos profesionales técnicos por su situación precaria, tanto en lo privado como en lo público o semi-público, la huelga de acomodadores en el Teatro Nacional de Catalunya. Es obvio, que lo imprescindible son los intérpretes y el público, pero iluminadores, maquinistas, sonidistas y una larga lista de profesionales de servicio a los espectáculos son necesarios, no se puede hacer sin ellas, inciden en la calidad de los productos finales y se han de tratar con sensibilidad artística y cultural, no solamente sindical ni como personal intercambiable.

Por eso veo todos estos síntomas que no creo que estén ni diagnosticados, ni tengan tratamiento eficaz, sino algo superficial para que no se colapse, pero que como todo forma parte del mismo problema, como es no asumir que todo el mundo de las artes escénicas, en su totalidad, desde los servicios de taquilla, hasta acomodadores o limpieza, deben ser tratados con una idea cultural, no solamente empresarial. Esto significa que, de no tratarse de manera quirúrgica, irá creciendo el problema y se irá desmontando desde dentro, con privatizaciones que me parecen en estos momentos dolosas, y con acciones empresariales neoliberales que van a ir deteriorando lo que se ofrece.

Una ley de Teatro o de Artes Escénicas, no sé si serviría para mucho debido al entramado institucional que ampara la Constitución y los Estatutos, pero a lo mejor señalaría unos principios básicos para desarrollar en todo el Estado español estas actividades. Está todo por hacer. Pero va en camino de deshacerse lo poco que hay.

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