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Dom, Sep

Foro fugaz | Enrique Atonal

Desde siempre la política utiliza recursos teatrales, aunque en los años recientes esta tendencia se ha agudizado, lo que convierte a las elecciones en el gran espectáculo de nuestras democracias. Pero ahora son los actores y cómicos —los antiguos bufones—, los que han tomado el poder en muchos lados del mundo, como ocurría con algunos eunucos en oriente que se convertían en sultanes por los azares de la fortuna y habilidad del esclavo. Así vemos desfilar en la esfera política personajes de comedia, farsa y hasta de tragedia, que asumen la responsabilidad de dirigir un país, como si se tratara de una empresa teatral, en donde lo importante es divertir al público. Se gobierna para la galería y la pantalla, rara vez en beneficio de un país. 

 

Los USA son pioneros, como en muchas otras maldades contemporáneas; recordemos al gris actor Ronald Reagan que gracias a la maquinaria republicana se convirtió en presidente durante 8 largos años. En aquel tiempo siempre tuvimos tentación de investigar quién le escribía el libreto durante su mandato. Y pues el mandatario actual, Donald Trump, sin ninguna experiencia política, pero con un excelente dominio de la televisión y el show en las redes sociales, se ha convertido en el peligroso rey de la ignorancia con capacidad para destruir al mundo. 

Pero en los últimos años, y con el auxilio de la máquina manipuladora que son las redes sociales, se ha disparado la tendencia. La última graciosada de este tipo ocurrió en las elecciones presidenciales de Ucrania, en donde el actor cómico Volodímir Zelenski ganó por aplastante mayoría. Ya desde antes este personaje era conocido como ‘El Señor Presidente’ debido a una serie de televisión en el que interpretaba a un mandatario. A esta experiencia de ficción debe su fortuna electoral y su abultado triunfo. Ya vemos que en estos tiempos la realidad alcanza a la ficción, o por mejor decir la ficción intensifica su imperio sobre lo que llamamos realidad. Como decía una bloguera en el Huffpost lo que vivimos no es una serie de tv, pero cómo se parece. 

En Italia el bufón Beppe Grillo (no es peyorativo, él se llama a sí mismo ‘cómico’) creador del movimiento Cinque Stelle, se ha convertido en la figura política más importante de la península. Ahora comparte el gobierno con el jefe de la Lega Nord, Matteo Salvini, ambos personajes dignos de una película de Ettore Scola: Sucios, feos, malvados. Pero así avanza el desprestigio de los políticos profesionales.  

En Francia durante las elecciones de 2016 varios candidatos dieron verdaderos espectáculos en sus mítines: los más distinguidos fueron los del actual presidente Emmanuel Macron, con unas puestas en escena dignas del imperio romano, y los de su feroz adversario Jean-Luc Mélenchon, quien tuvo la audacia de presentarse simultáneamente en dos reuniones diferentes, en una de ellas como holograma. Recordemos que el actor cómico Coluche también quiso lanzarse a la presidencia en las elecciones francesas en 1980, pero fue disuadido por amenazas directas de muerte.

Los ejemplos llegan también de otros lados del mundo: en Guatemala el actor Jimmy Morales gobierna desde 2016. Y en México la senadora del partido en el poder MORENA, Jesusa Rodríguez (actriz y directora) realiza verdaderos happenings en el senado, mientras que justifica el recorte extremo de los apoyos a los programas culturales del nuevo gobierno. 

En general la apariencia, la forma, el look ha substituido a los programas, a los objetivos, a las propuestas. El público (pueblo, pueblo, gritan los nacionalistas) quiere espectáculo, se le manipula ahora con mayor facilidad gracias a su libre albedrío en las redes sociales, se le incita a sus más bajos impulsos, se le da un pan y circo en arenas virtuales que lo entretienen y lo dominan. 

Mientras tanto el teatro en los escenarios desfallece por falta de recursos y de temáticas fecundas, pero encuentra una peligrosa vertiente en la política. Porque reconozcamos que lo mejor es que el teatro siga siendo teatro, y la política en democracia un debate de ideas. Los políticos a la política, y los teatreros al teatro.