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Mié, May

Sud Aca Opina | Patricio Sancha

Ante la sola palabra mercado muchos de los auto erigidos como supremos puristas del arte, se escandalizan de sobre manera porque según su palabra irrefutable, el verdadero arte no debe jamás someterse por ningún motivo a las reglas del mercado para conservar su independencia absoluta en el éter idílico de la nula relación con el dinero capaz de enturbiarlo todo.

Quizás habría que preguntarle a Andrew Warhola más conocido como Andy Warhol, sobre su opinión al respecto, ya que siendo para muchos el mayor referente del pop art de los años sesentas, no dudó en bautizar a sus estudios Factory (fabrica) como si se tratase de una fábrica de salchichas de la cual saldrían obras de arte a granel. Algo así como si su método de creación artística fuese una línea de montaje al estilo Ford T. De su fábrica de arte con una línea de montaje en extremo eficiente, "La serie de sopas Campbell" del año 1962 es quizás el más reconocido de sus trabajos.

No es difícil encontrar historias de artistas denominados alternativos, cuyas obras producto de su pensamiento anti sistémico renegaban del esquema social en el cual estaban insertos y terminaron ellos mismos, no solo formando parte de el sino que de algún modo fomentándolo.

Quizás Van Gogh fue uno de los que nunca se alineo con las leyes del mercado de su época, pero muy tarde para su tranquilidad al menos económica, su obra terminó siendo un referente de la especulación artística en pos del enriquecimiento de algunos mercaderes del arte, pocas veces del propio creador.

El "Autorretrato sin barba" de su autoría pintado en el año 1889 alcanzó la exorbitante suma de 71,5 millones de dólares en una subasta del año 1998. El verdadero arte es un trabajo de tiempo completo, no uno de oficina con horario de 9 a 6 sino de total dedicación, incluso cuando se duerme. ¿Entonces por qué habría de ser negativo el exigir un pago justo por un trabajo bien hecho?

Como en toda actividad económica, el aspecto especulativo estará siempre presente. Son pocas las veces en que el propio artista además de crear vende, por lo que se debe valer de intermediarios. Así como el menor valor de una manzana se lo lleva la producción en relación a todos los costos intermedios, algo similar sucede con la obra artística en que el autor muchas veces no es el mayor beneficiado.

Sin llegar a extremos en que al momento del encargo prime la tonalidad de los muebles del salón donde se colgará la pieza por sobre la libertad del acto creativo mismo, todos los artistas no solo tienen el derecho a sostenerse económicamente gracias a su arte sino que a vivir bien. Sin lujos capaces de nublarle los sentidos al hacerlo vivir en una burbuja de irrealidad humana pero sin la angustia permanente de tener que llegar a fin de mes o producir solo para producir.

El apoyo que los ciudadanos de a pie le demos a los artistas es fundamental para preservar la expresión del inconsciente colectivo producto de una época plasmado en creaciones.

Sin que suene materialista, como muchos pueden interpretarlo, la libertad creativa necesita de la paz económica, por lo que los cuadros no son dibujitos, las melodías no son ruiditos ni la danza simples movimientos.

El arte vale su peso en oro, aunque algunos puristas demonicen esta posibilidad.